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Publicado en Confidencial

Desde joven, Emilio Álvarez Montalbán era “aficionado a los toros” (el mundo de la política), lo que cual resultaba muy natural, siendo que nació en el seno de una familia de ideología conservadora y políticamente activa.

Su padre, Emilio Álvarez Lejarza, ministro y magistrado de la Corte de Justicia en tiempo de los conservadores, y autor del libro “Ensayo histórico sobre las Constituciones en Nicaragua”, lo alentaba a incursionar en el mundo de la política, pero el joven Emilio nunca quiso “torear”. Prefirió romper con el esquema familiar y estudiar Medicina en Chile, y después una especialidad en Oftalmología en Argentina.

De regreso en Nicaragua (1948), rondaba ya los treinta años, siguió impregnado del ambiente político. En su casa estaban al tanto de todos los movimientos, pero prefirió dedicarse a su profesión. Antes tuvo que recorrer medio país para explicarle a la gente “para qué carajo sirve un oftalmólogo”. Para la época había nada más que cinco especialistas.

“Mis amigos me decían: ¿y qué es eso? Si necesito medirme la vista, me voy a la óptica y sólo me cobran los anteojos. Y vos me vas a cobrar cinco dólares sólo por examinarme”.

Logró hacerse de una buena clientela siguiendo el consejo de sus profesores: “Váyase al hospital y dé consulta gratis en la mañana para que lo conozcan”.

Así pasó, cada mañana durante años sin cobrar “un centavo” en el Hospital General de Managua, que se cayó con el terremoto de 1972, y por las tardes atendía en su clínica privada.

Años después, cuando se retiró de la profesión, y saboreando los vericuetos del análisis político, sucumbió “a la curiosidad de conocer al animal por dentro”. En 1997, aceptó ser Canciller en el gobierno de Arnoldo Alemán, pero por un tiempo limitado: un año y medio.

“Es el único puesto que he tenido, pero lo hice cuando estaba retirado y cuando tenía una renta, era independiente (económicamente)”.

¿Y cómo lo contactó Alemán?

Eso es interesante, yo nunca fui liberal, era conservador, fue una idea que él tuvo. Yo era aficionado a los toros (política) nada más.

Aunque ya antes había roto “ese esquema” de mantenerse alejado de la política. Participó en el fallido complot e l4 de abril de 1954 contra el dictador Somoza García, lo que le costó año y medio de cárcel.

Voz crítica y balanceada

A sus casi noventa años --nació en Managua el 31 de julio de 1919-- el doctor Álvarez, goza del reconocimiento como una voz crítica y balanceada de la clase política nicaragüense.

Ya no suele hacer comparecencias públicas, pero mantiene activa su pluma como columnista de temas políticos.

En casi un siglo de vivencias e historia, el doctor Álvarez se siente “en paz conmigo mismo”, “en paz con mis valores tradicionales”.

“Vivo una vida tranquila con mi señora”, doña Carmen Guerra Molina. Con ella procreó seis hijos --uno de ellos fue asesinado por la Guardia somocista--, y es con quien comparte la quietud de las tardes en su casa, a la altura del kilómetro 12 y ½ de la Carretera Sur.

Se casó a los 31 años, recién llegado de Argentina: “¡Pregúntele!” --me induce el doctor Álvarez--. Y él mismo le lanza la pregunta a su esposa: “¿Cómo se siente usted de estar casada con el doctor Emilio?”

“No hay otro como él, ni otra (como yo)”, se adelanta a responder doña Carmen.

“Me capturó apenas vine: ¡Pas! Porque las mujeres son las que escogen al hombre. El hombre es fantasioso y cree que es uno el que escoge a la mujer. Como dice el dicho: la mujer provoca y el hombre ataca”.

Disertación sobre la clase política
El doctor Álvarez piensa que en política “hay poca gente preparada. No conocen nada de los fundamentos reales de la democracia”.

“Es que se meten a (ser) políticos antes de ser independientes. En política hay que meterse cuando uno es económicamente independiente, para poder decir no y decir sí al margen de lo que le estén pagando a uno”.

Recientemente, Álvarez fue condecorado por el canciller Samuel Santos con la Orden José Torcuato de Marcoleta, y estremeció a la audiencia con un discurso franco, directo, sobre las causas históricas que arrastraron a Nicaragua al subdesarrollo. Fue duro con el presidente Daniel Ortega, quien gobierna por segundo período (el primero fue en la década de los 80), y de igual forma inflexible con la oposición política, incapaz de coordinar acciones armónicas. Éstas son algunas de sus reflexiones.

Usted dijo que el presidente Ortega no reacciona bien a las críticas de la sociedad civil, que considera a este gobierno como una dictadura militar. ¿Es así?
El problema de este gobierno es que el Presidente tiene un talante autoritario y además es centralista, y califica de delito el derecho que tienen los medios independientes a disentir del gobierno.

A las ONG independientes, a la sociedad civil, las cataloga como conspiradoras del orden público, cuando ellas desempeñan una función social de educación cívica.

Digamos que no se puede hablar todavía de una dictadura clásica, porque aquí hay libertad de prensa, aunque acosada, y existe libertad de organización política, la prueba es que hay como cinco partidos liberales.

¿Hay señales de abuso obsesivo del poder? ¿En qué se observa?
Por ejemplo, un típico caso de abuso de poder fue cuando se metieron a la oficina de Carlos Fernando (el allanamiento a Cinco) y le robaron todas sus computadoras y rompieron el candado. Es verdad que usaron a la Policía, pero eso fue una máscara. En el fondo es un atropello, es una conducta autoritaria.

Otro caso fue cuando le quitaron a Alejandro Bolaños su investidura de diputado, inventándole un tecnicismo en su declaración ante el Consejo Supremo Electoral, del lugar dónde había nacido. Es un abuso de poder.

En una ocasión usted señaló que las mieles del poder ensordecen. ¿Es esto lo que lleva a resistirse a la sucesión?
Claro, las mieles del poder embelesan, que significa que lo fascina, lo subyuga. Pero la oposición tiene igual responsabilidad en lo que está pasando, porque si estuviera unida, este hombre no se comporta como tal. Pero entonces, él se aprovecha de la debilidad de la oposición para abusar del poder. Si vos no tenés un contrapeso, la tendencia es hacer lo que te da la gana.

Cuando menciona que los partidos deben llegar a un entendimiento nacional, el FSLN y el PLC dicen que si pactan, si llegan a acuerdos, los critican. ¿En qué se diferencian ambos conceptos?
Lo que no existe es un balance. Es normal que la oposición se oponga al gobierno, pero es normal que encuentren un área azul y blanco en la que puedan cooperar para que el país se beneficie.

Por ejemplo, lo que hicieron los empresarios de acompañar al gobierno al FMI, apartando cualquier otra cosa, es un área azul y blanco, ahí no tiene que haber lucha por el poder.

La educación y la democracia son dos ejes para el desarrollo, ¿cuáles son las expectativas para Nicaragua?
Muy inseguras, porque mientras no haya educación no vamos a cambiar los valores de nuestra cultura, vamos a seguir repitiendo esquemas; que toda la lucha es por el poder.

Montesquiau dice que el poder debe rendirle cuenta a otro poder, igual a él en derecho, que se llama la oposición.

¿Y este proyecto del presidente Ortega de rendirle cuentas al poder ciudadano?
No es así. Lo que está pasando ahora en América Latina, es que el hombre, por lo general, es muy hábil para descubrir rendijas donde meterse para abusar, porque por ejemplo, esa creación de los CPC (Consejos del Poder Ciudadano) es completamente fuera del sistema democrático, para eso existen los partidos.

Pero ellos dicen que es la democracia directa del pueblo, que el pueblo decide.
Pero hay una cosa que hace la diferencia, que esa fuerza tiene que ser independiente para que tenga valor, considerarse una oposición, pero ¿si está a sueldo del gobierno?, entonces pierde su calidad.

El presidente Ortega promueve unas reformas constitucionales para cambiar el sistema político: presidencialismo por parlamentarismo y asegurarse la reelección continua. ¿A qué conduce esto?
En Nicaragua tuvimos un régimen parlamentario desde 1821 hasta 1838, seguimos con el sistema parlamentario hasta 1856, la guerra contra William Walker. Cuando se restableció la paz empezó el presidencialismo, hasta 1893, cuando vino la dictadura de Zelaya que duró 17 años. Bajo el presidencialismo, Somoza estuvo 50 años, el FSLN diez años en los 80, el problema del presidencialismo es que conduce a una dictadura cuando se abusa de él.

El FSLN propone el parlamentarismo.

Pero el parlamentarismo produce otro defecto que es la anarquía.

¿Qué va a pasar? La Asamblea va a estar dividida como en cinco pedazos y nadie va a tener una mayoría. Entonces, va a pasar como en Alemania después de la primera guerra, en que no había gobiernos porque se formaban coaliciones hoy y se deshacían mañana. Se formaba otra coalición, separaban al primer ministro y venía otro y era un verdadero caos.

¿Qué intereses mueven a la oposición en este tema? El PLC dice que no apoya estas reformas, pero negocian por debajo de la mesa.
Lo que te puedo decir es que el parlamentarismo no resuelve nada, porque nuestro problema es la cultura política.

Si un hombre mujeriego se casa, sus valores de comportamiento siguen siendo iguales: el hábito no hace al monje, el cambio constitucional no va a resolver el problema.

Por ejemplo, esta señora (la primera dama Rosario Murillo) habla de reconciliación, ¿con esos abusos de poder va a haber reconciliación? ¿Cómo hablar de convivencia, que la necesitamos para trabajar juntos ciertas áreas? Abusan del poder, ¿qué confianza hay entonces en el gobierno?

El fraude electoral de noviembre 2008, ¿se asemeja a los conteos de las elecciones de Somoza?
Te voy a contar algo anecdótico… cuando se produce la elección del doctor Leonardo Argüello, el candidato de Somoza, contra el doctor Enoc Aguado de la oposición, al haber libertad había seis votos para Aguado y uno para Somoza.

Entonces, cuando llega el jefe electoral de Somoza le dice:
-- General, tenemos un problema.
-- ¿Cuál es?
-- Aguado tiene cinco veces más que Argüello.
-- ¿Cuál es el problema? Póngalo al revés y ya está
Entonces, a Argüello le dieron los votos de Aguado. Ese manipuleo es lo que hubo ahí en las municipales.

De cara a las próximas elecciones, muchos sectores consideran que sólo la unión de la oposición puede hacer el cambio. ¿Hay oportunidades?
Fue la unidad lo que permitió ganar las elecciones del 90. Aquí la mayoría no quiere a este gobierno, pero tiene miedo, no sale a las calles, no se manifiesta, o el gobierno los atemoriza mandándolos a apalear, entonces no se expresa la opinión pública.