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Ciudadanos extranjeros --sobre todo nicaragüenses, salvadoreños y guatemaltecos-- son apresados y torturados por los militares y miembros de los aparatos de seguridad del gobierno de facto de Honduras, que los llevan a locales particulares, donde los mantienen días sin alimentación y en condiciones infrahumanas.

Lo anterior se desprende de denuncias de varios nicaragüenses como Nery Paiz López, un joven de 27 años, quien laboraba --según dijo-- en un hotel y restaurante en Choluteca, y a quien los militares armados de fusiles M-16, hombres de civil y con pasamontañas, lo sacaron a empellones del local donde alquilaba para vivir.

Según el joven, originario de Puerto Cabezas, hace más de dos años decidió viajar a Honduras, porque en Nicaragua no encontraba trabajo, y por su condición de ser chef (cocinero profesional) el salario que devengaba en Honduras era bueno.

Indicó que, pese al caos en Tegucigalpa y en otros lugares como San Pedro Sula, personalmente vivía en una relativa calma.

Fue el 23 de julio cuando varios agentes lo llegaron a buscar a su trabajo, porque alguien dijo a los militares que él era nicaragüense, lo que actualmente es un delito en Honduras, aunque los compatriotas no se involucren en nada.

Paiz denunció que los guardias se ensañan con las personas si saben que son nicas, salvadoreños, guatemaltecos y hasta costarricenses, pero si les dicen que son venezolanos, la cosa es peor.

Sacado junto a su hijo

Nery Paiz López, un mulato que habla bien el español, asegura que fue sacado de su casa, junto a su hijito de tres años. Los militares lo golpearon, lo esposaron y lo maltrataron, por lo que pidió que a no hicieran eso frente a su hijo, pero sus súplicas poco valieron.

Los miembros de los aparatos militares y de investigación de Honduras, dijo, se ensañan con los nicas, por el hecho de que el presidente Daniel Ortega apoya al depuesto mandatario Manuel Zelaya, y por condenar el golpe militar.

Paiz dijo que lo llevaron a una casa solitaria, abandonada, donde pudo observar a no menos de 26 nicas, que eran torturados y estaban esposados. Señaló que pudo ver a otras personas de países centro y sudamericanos mientras eran vejados.

Dijo que pudo observar a ciudadanos de otras nacionalidades, mientras los militares los pateaban y les infligían otro tipo de daños físicos.

Según Paiz López, tenía dos meses de salario que sus patrones no le pagaron, y que estuvo seis días detenido por los militares, tiempo durante el cual no le permitieron ver a su hijo.

El 29 de julio lo despojaron de todo lo que andaba, incluyendo su cédula de identificación de Nicaragua, y lo despacharon a pie. El caso ya está en conocimiento de la Procuraduría de Derechos Humanos.