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Se integró a la lucha contra la dinastía de la familia Somoza desde temprana edad, primero desde la perspectiva de civil, sirviendo como correo, o trasladando armas y alimentos para los guerrilleros que estaban en los frentes de combates contra la Guardia Nacional. Luego se integró a la guerrilla.

Participó en una lucha desigual contra la dictadura somocista, que contaba con enormes recursos financieros, armamento pesado de todo tipo y hasta con la aviación que bombardeó de forma criminal ciudades, bastiones sandinistas, como León y Estelí.

Hoy asegura que los actuales dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, y los funcionarios del gobierno, no se han preocupado por conseguirle un trabajo.

Se trata de Freddy Alberto Úbeda, quien fue conocido en la lucha guerrillera como “El Rey”. Estuvo en diferentes frentes de guerra, a pesar de que era un inexperto joven en la lucha armada, pero, según dice, por milagro de Dios no resultó con afectaciones mayores que lamentar, excepto pequeñas heridas.

Seguramente, afirma, el padre Odorico D’Andrea --un sacerdote originario de Italia y que estuvo hasta los últimos días de su muerte frente a la parroquia de San Rafael del Norte-- lo protegió.

“El padre Odorico fue quien me bautizó, y nunca lo olvido, era un hombre santo, humilde, y vivía en la concreta con lo que predicaba”, sentenció.

Úbeda, descendiente de una familia de viejos luchadores antisomocistas, recuerda que en la vida ha hecho de todo, inclusive de maestro allá por 1975, cuando estuvo en la Mina El Limón.

Preparado, pero sin trabajo

Es técnico superior en agronomía agropecuaria y contador público, pero a sus 58 años, lo han olvidado sus ex compañeros de lucha, que hoy tienen altos cargos en el gobierno, en el Ejército y en la Policía.

Dijo que a pesar de su preparación académica hasta de guarda de seguridad ha hecho en estos últimos 16 años.

Pero en 2007, “cuando yo pensaba en que mi situación se mejoraría con la llegada del FSLN al poder, todo me surgió al revés, porque es hasta la fecha y ni un trabajo me han conseguido”, acotó con cierta frustración.

Destacó que no exige más al gobierno que un empleo. “Nunca me ha gustado que me den algo regalado, o tomar lo que no es mío”, señaló, y agrega que la humilde casita donde vive se la dejó su mamá como herencia.

Varios personajes con altos cargos en entidades, y que incluso necesitaron de una carta de recomendación o un aval de su persona, ni se acuerdan de él.

Dijo que luego del triunfo revolucionario, en 1979, participó en varias tareas, “porque no soy oportunista ni traidor”, y que a pesar del olvido en que lo mantiene su partido, se considera un sandinista de corazón.

Clamó la atención del presidente Daniel Ortega, y le pidió ayuda públicamente para que le consiga un puesto de trabajo, porque ya no soporta estar en el desempleo, máxime con la crisis económica que golpea sobre todo a las familias de escasos recursos.