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En una inusual invocación a Dios que antecedió a la comparecencia del presidente Daniel Ortega en la Asamblea Nacional, el cardenal Miguel Obando y Bravo expresó que “pueden haber diferencias, pero jamás pugnas irreconciliables”, un mensaje subliminal a los políticos opositores.

“En los momentos (políticos) difíciles es cuando se conocen a los hijos”, dijo el Cardenal, quien luego le pidió al Altísimo que nos hiciera comprender “que mutuamente nos necesitamos, que nos dé sabiduría para comprendernos y sensatez para reconocer que uno puede estar equivocado”.

Obando y Bravo, reconocido por sus mensajes subliminales, bendijo la sesión parlamentaria a la que no asistieron los legisladores opositores, pidiéndoles hacer “lo que está en sus manos para priorizar el diálogo”.


A mil años de la víbora
La oración de Obando y Bravo hizo recordar la famosa parábola de la víbora que el prelado narró en una misa efectuada un día antes de las elecciones nacionales de 1996, cuando Ortega participaba como candidato a presidente.

“Puede pasar lo que dice una leyenda: dos hombres iban caminando por el campo, vieron en el camino que estaba una víbora; la víbora parecía que se estaba muriendo a causa del frío. Uno de aquellos hombres dijo: ‘Se está muriendo esta víbora por causa del frío, creo que si le damos un poco de calor no morirá’”, dijo aquel día de octubre de 1996.

Luego prosiguió: “El compañero le dijo: ‘Ten cuidado, porque yo creo que esta víbora ya mató a alguien, porque salía de ese hueco y mató a fulanito de tal’. Aquel dijo: ‘Las circunstancias han cambiado, esta víbora no me hará nada, yo le voy a dar calor’. Se agachó, tomó en las manos la víbora, la metió en su pecho para darle calor, y cuando le había dado calor, la víbora lo mordió y lo mató”.

Pero el que dijo eso, ahora parece ser otro. Se sienta a la par de la víbora, como llamó en sentido figurado a Ortega, y además, insta a los opositores de éste a dialogar: “A la patria sólo se la salva pensando en grande”. Y te lo pedimos Señor.