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Más que mostrarse interesado en una candidatura presidencial o en liderar alguna organización política en particular, el otrora poderoso ministro de la Presidencia durante el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, Antonio Lacayo Oyanguren, hace en esta entrevista una advertencia fatalista: “La oposición debe unirse o nos hundimos, con otro gobierno de Daniel Ortega”.

En general, Lacayo no ve ningún inconveniente en la persona que encabece una gran coalición y menos quién sea el candidato presidencial en las elecciones de 2011, sin embargo, prefiere que ese candidato no sea Arnoldo Alemán Lacayo, pues a su juicio, generaría mucha desconfianza en el electorado nicaragüense y aún entre los mismos liberales.

Nadie se lo ha propuesto hasta el momento, pero Lacayo no descartaría convertirse en un candidato, siempre y cuando sea de consenso y dentro de la unidad de las fuerzas opositoras al actual gobierno, pues considera que los partidos políticos en particular están desacreditados.

¿Estaría usted interesado en encabezar una agrupación política de cara a las elecciones de 2011?
Una agrupación política no. Quizás me interesaría encabezar un gobierno, pero no una agrupación política; yo creo que los políticos están bastante demeritados en América Latina, están demeritados en Nicaragua, porque la población los ve como elementos que llegan a dividir, a ver cómo benefician a su grupo en contra de otros grupos y de esa manera no se desarrolla un país.

Deberíamos aprender de los países desarrollados donde vemos que van a las campañas electorales, pero luego, gana el que gana esa persona pasa a ser presidente de todo ese país, es decir, se busca cómo unir a la nación en aras de un proyecto, entonces encabezar una fuerza política no me interesa.

¿Cómo encabezaría un gobierno si no es a través de un partido político para llegar a la presidencia?
Creo que un partido político va a buscar cómo llevar gente de sus propias filas, pero yo creo que en Nicaragua, hoy día, ningún partido político puede sacar al país adelante, tiene que ser una alianza bastante amplia y ojalá nacional. Una alianza que involucre gente de distintos pensamientos e ideologías, para conformar eventualmente y una vez que se ganen las elecciones, un gobierno de amplia representación nacional donde tanto se sienta representado un cafetalero de Jinotega, como un ganadero de Chontales o un productor de soya, de maní o de caña de Chinandega, o el que está en la pesca en la costa Caribe.

Un gobierno en el que se sienta representado el ciudadano del campo y de la ciudad y que se sienta representado el que se considera de derecha o de izquierda.

¿Usted está apuntando a que una alianza lo tome en cuenta para ser el candidato presidencial en el 2011?
Yo estoy más interesado en este momento en que exista esa alianza; que si me toman en cuenta a mí o no, yo lo veo secundario, porque pienso que si se conforma esa alianza se le vuelve a ganar al Frente Sandinista y lo del candidato es, hasta cierto punto, secundario.

Sin embargo, si no se conforma esa alianza, no hay nada qué hacer, porque la división es la única que ha permitido a Daniel Ortega regresar al poder por la vía del voto. Si se conforma esa alianza, si hay unidad, el candidato es secundario y yo apoyaría a cualquiera que esa alianza escoja como candidato, porque lo importante es que exista esa alianza, que exista esa unidad. Ahora si esa alianza decide, ve que vaya Toño Lacayo, yo no le voy a tener temor a Daniel Ortega.

¿Si no fuese usted el candidato de esa alianza, apoyaría a un Eduardo Montealegre o a un Arnoldo Alemán?
Si la alianza se los traga a cualquiera de los dos; si la alianza los soporta, si la alianza cree que son candidatos potables, vamos adelante. A mí me cuesta creer, en el caso del doctor Alemán, que él sea un candidato potable para una alianza, porque tiene demasiados problemas con la justicia a nivel internacional.

¿El pacto político con el Frente Sandinista, por ejemplo, sería un obstáculo para Alemán?
Tiene ese desprestigio también y son 10 años de matrimonio con el Frente Sandinista.

¿Es difícil de disolver ese matrimonio?
A lo mejor no, pero la percepción de la gente lo va a seguir viendo así. Vos sabés que en política, dicen los entendidos, pesa más la percepción que la realidad; y entonces a lo mejor el matrimonio se rompe, pero qué es lo que va a creer la gente; la gente va a decir ‘eh, está difícil’ y esa percepción va a pesar más que la realidad, en caso de que se rompa ese matrimonio que al día de hoy nadie sabe si está roto o no.

¿Cuál es su percepción? ¿Usted percibe que está roto o que no se va a romper nunca?
Ni lo uno, ni lo otro. Yo no creo que esté roto. Creo que se va a ver con más claridad de conformidad en cómo vote el PLC sobre temas como la reforma constitucional y lo vamos a ver en el nombramiento de los nuevos magistrados ante la Corte Suprema Electoral, el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría y los demás cargos de elección en la Asamblea Nacional.

Si ahí vemos a un PLC votando de la misma manera que lo ha hecho desde el año 97 para acá ‘te apoyo a vos para que vos escojás los tuyos y vos apoyame a mí para yo poner los míos’, va a ser bien difícil creer que ya no existe ese matrimonio, nadie lo va a creer. Ahí hay un reto, tienen que encontrar una forma distinta de elegir a esos magistrados. Si se van por el camino tradicional, están pegados.

¿Qué percepción tiene de Eduardo Montealegre como candidato de una posible alianza electoral? ¿Es distinta a la de Alemán?
Es distinta a la de Alemán, porque Eduardo no ha tenido esa relación con el Frente Sandinista; diríamos, ilegítima, porque una cosa es colaborar para que salga una ley adelante, pero otra cosa es matrimoniarse para dividirse el poder, como se matrimonió el PLC con Alemán y el Frente Sandinista para anular la personalidad jurídica a un montón de partidos políticos en 1996; para anular, como lo hicieron en la reforma constitucional, la suscripción popular en el año 2000, suscripción que le permitió a muchos llegar a las alcaldías, porque el acuerdo fue ‘dividámonos el pastel entre vos y yo’.

A propósito de percepciones. ¿Existe una oposición realmente en Nicaragua?
Creo que sí, pero está en la gente, no en los partidos políticos y por eso te decía que los partidos están bien desprestigiados, pero la gente está en la oposición y cuando hablás con ellos todos piden la unidad, pero no saben cómo.

¿Por qué la gente no sabe cómo debe darse esa unidad?
Porque están decepcionados de lo que ven en sus actuales líderes, Alemán por un lado, Montealegre por el otro, principalmente esos dos en el liberalismo. Ven que se juntan, pero que se juntan de mentiras…

Anoche (el martes 6 de octubre) se reunieron por ejemplo…
Se reunieron, pero no sabemos si de ahí las cosas van a mejorar o si es nada más para quitarse de encima a monseñor Abelardo Mata, porque estoy seguro que ésta es una dinámica de la reunión con monseñor Mata. ¿Pero fue genuina esa reunión, fue porque entienden ambos que se tienen que unir? Ojalá y yo creo que la presión de las bases del PLC y del PLI y Vamos con Eduardo y de los que no somos de ninguno de esos partidos, va a ir creciendo día a día, sobre todo, en la medida en que la economía se vaya hundiendo.

En este sentido, la economía es el mejor aliado de la unidad, porque si en este país las cosas estuvieran caminando hacia arriba, si todo mundo encontrara un empleo y la gente tuviera logrando sus aumentos de salarios normales, si la luz no estuviera subiendo tanto, la gente no se preocuparía tanto por un cambio en el 2011.

Panorama nada alentador
Para Antonio Lacayo, el panorama económico y político para 2010 no pinta nada bien, máxime aún con el interés del presidente Ortega en reelegirse en el cargo y llevar a fondo su proyecto personal y, sobre todo, la confusión del Estado-partido-negocios familiares.

Para Lacayo, política y economía van inevitablemente de la mano. La crisis del país se puede convertir en el peor enemigo electoral del presidente Ortega y el mejor aliado para la oposición.

¿Cuál es el panorama para 2010?
Como va la cosa, como marca la sequía, esta falta de ayuda internacional, la merma en el presupuesto nacional, esta amenaza de más impuestos a la gente a través de la Reforma Tributaria, todo apunta a que la economía va a seguir retrocediendo, va a seguir hundiéndose.

¿La crisis económica se ha convertido en un aliado para la oposición?
Totalmente. Y yo veo un gobierno que hace más grande la crisis y es ahí donde uno se confunde, porque si yo estuviera en el gobierno, busco cómo salir de esta crisis por conveniencia propia, porque además es una obligación del gobierno.

¿Ha hecho mal las cosas el presidente Ortega en materia económica?
¡Fatal! ¡Fatal! Ha hecho algunas cosas buenas, es decir, ha mantenido la estabilidad macroeconómica, teniendo a Antenor Rosales en el Banco Central, eso ha sido bueno; tiene conciencia Ortega de que tampoco se puede pelear con el sector privado, son lecciones que aprendió en los 80.

¿Cree que hay una armonía real entre el Cosep y el gobierno, o es simplemente en apariencia, o por intereses mutuos?
Intereses mutuos, que coinciden en que este país no se hunda.

¿Cómo podría resolver el problema económico el gobierno? Sin ánimos de sacar fórmulas mágicas. Lo primero es generar entusiasmo y aquí Daniel (Ortega) genera pesimismo, genera derrotismo; la gente no siente que este país va para adelante, porque no siente a un Presidente que está trabajando; no siente a un Presidente que ande viendo la producción. Yo no he visto a Daniel en un cañal, en una finca de ganado, no he visto a Daniel Ortega platicando con los cafetaleros en una finca de café, no lo he visto conversando con los empresarios del turismo, ni con los de la minería, ni de la pesca, con nadie.

Me pregunto dónde está ese gobierno. Un ministro de agricultura que ya no sabemos si es ministro o no; una propuesta de reforma presupuestaria para reducir 265 millones de córdobas al sector productivo, al Magfor, al IDR y al Banco Produzcamos. No se recorta él los gastos de la Presidencia, no se recorta los gastos en pendejeras de anuncios por todas partes y flores por todas partes.

Por otra parte, pretende endeudar más al país con 30 millones de dólares, es decir, comprometer el futuro y al gobierno que viene más adelante. Entonces vos me preguntás si Daniel Ortega está haciendo bien las cosas…las está haciendo con las patas.

En términos políticos y económicos ¿estamos llegando a los niveles de los años 80?
No, no. Eso sería exagerar las cosas. Aquí tenemos una moneda estable, no tenemos los billetes chancheros, por una parte; tenemos una deuda externa no desbordada, y yo creo que más importante aún, tenemos la democracia. Aquí estamos vos y yo hablando y esto sale en EL NUEVO DIARIO el domingo, antes no se podía hacer eso.

Aquí podemos salir a las calles, con riesgo de que te tiren algunas pedradas pues, pero podemos salir y antes no podíamos salir a las calles; hoy día los caricaturistas se burlan de Daniel Ortega a lo descosido, antes no se podía, era como tocar a Dios con las manos sucias.

Esta libertad que tenemos conquistada a partir de 1990, es algo diferente a los 80. Ahora tenemos un Ejército que no es de Ortega; la Policía la han debilitado, pero tampoco la Policía se va a entregar en las manos de Ortega porque no son brutos y saben que después viene un gobierno diferente. En los años 80 la gente creía que Nicaragua iba por el camino de Cuba, 50 años con el mismo anciano, pero salimos de Daniel, ahora la gente tiene confianza de que volvemos a salir de él.

Hablando de nuevo gobierno, ¿tiene confianza de que cambiemos de gobierno considerando el fraude de 2008?
Creo que sí, porque si ellos hubieran reservado ese fraude para el 2011, ahí nos hubieran enredado.

¿No cree que puede haber fraude en el 2011?
Ya no puede haber, si es que enseñaron el juego. Hasta tontos fueron en ese sentido, porque hubieran guardado esa trampa para 2011, pero la desesperación y el afán de poder y de tener alcaldías que sabían que las tenían perdidas, los llevó a enseñar el juego sucio en las elecciones de 2008, ahora todos estamos alertados.