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La reforma tributaria propuesta por el gobierno es totalmente desigual, al punto que las rentas y dividendos de los socios de una empresa están totalmente exentos de impuestos, mientras que la mayor carga impositiva de la iniciativa recaerá sobre el salario de los trabajadores, señala el economista Adolfo Acevedo.

Acevedo respaldó la intención de gravar con impuestos las rentas, utilidades e intereses, pero deploró la propuesta gubernamental en el sentido de incrementar a 100 mil córdobas anuales el techo salarial para cobrar el Impuesto sobre la Renta, IR, a los trabajadores, pues señala que no es suficiente.

El analista considera que la base salarial exonerada debería ser de 150 mil córdobas anuales para compensar, en parte, los niveles salariales de 1997, que decayeron desde entonces a la fecha, por efecto de la inflación.

“En la actualidad el mínimo exento de C$ 50,000 equivale, en términos reales, a que en 1997 el mínimo exento hubiese sido de C$ 16,595. La elevación del monto mínimo exento a C$ 100,000 contrarresta sólo parcialmente el congelamiento del monto mínimo exento verificado desde 1997, porque un ajuste pleno del mismo, conforme con la inflación, llevaría este mínimo por lo menos a C$ 150,600 (C$ 12,550 o US$ 612.2 al mes)”, explicó.

La disparidad

Durante un taller para periodistas auspiciado por el organismo Intermon Oxfam, Acevedo insistió en la necesidad en gravar las rentas y dividendos para establecer un equilibrio y respetar la equidad fiscal.

“En el caso de la propuesta gubernamental de otorgar un tratamiento preferencial a los ingresos o rentas (ganancias) del capital, se produciría inequidad vertical en tanto una persona que devengue ingresos laborales podría ser gravado con tasas marginales del 15, 20, 25, 30 o el 35 por ciento, dependiendo de su ingreso; mientras que alguien que devengue ingresos o rendimientos del capital, los cuales suelen ser de un monto mucho más considerable que los ingresos salariales, sólo pagaría el diez por ciento”, explicó.

Con la propuesta, agrega Acevedo, “una persona que devengue un salario equivalente a 410 dólares mensuales pagaría un impuesto del 15 por ciento, mientras las muy considerables rentas (ganancias) del capital de algún exponente de los grandes grupos económicos sólo pagarían el diez por ciento”.

Otra desigualdad localizada por Acevedo en la propuesta de reforma tributaria del gobierno radica en el impuesto del uno por ciento que se aplicaría sobre los bienes (azúcar, arroz, etcétera) comercializados a través de la bolsa agropecuaria en detrimento de quienes optan por comercializar sus productos por cuenta propia, pues estos últimos pagarán los impuestos tradicionales.