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Aunque la remuneración del trabajo de la mujer está por debajo que la del hombre, está demostrado que hace más labores, pero además, le queda tiempo para prepararse igual que él, y aun así son tratadas como “ciudadanas de segunda categoría o amas de casa que tienen empleos informales, hacen segundas y terceras jornadas criando a sus hijos y atendiendo los deberes del hogar”, explica Eva María Samqui Chang, enlace nacional de la comisión coordinadora de la Red de Mujeres contra la Violencia.

Un reciente estudio del BID indica que Nicaragua tiene una brecha salarial muy ancha en cuestión de género, y, a nivel latinoamericano, sólo la superan Brasil y Uruguay. Aunque tengan la misma edad y el mismo nivel de educación, las mujeres nicaragüenses ganan hasta 20.3 por ciento menos que los hombres.

Trabajo no remunerado

La socióloga Eva María Samqui, al presentar el estudio, manifestó que a esa labor se le llama trabajo no remunerado, pero, por otra parte, las mujeres que tienen empleos formales, por lo general, aunque tengan iguales puestos y cargos de responsabilidad que los hombres, tienen menos salarios que ellos.

La enlace de la Red de Mujeres contra la Violencia especifica que eso aún es más acentuado en las mujeres afrodescendientes y en las indígenas. En el segundo caso, un 28 por ciento tienen el mismo puesto que un hombre y ganan menos.

“Los hombres trabajan una jornada de ocho horas, nosotras, además de eso, llegamos a la casa y hacemos una segunda jornada que es el cuido a los hijos, lavar ropa, trastes, cocinar, atender a los ancianos, es decir, otros trabajos que nadie te lo paga”, dijo Samqui, para explicar que por razones culturales las mujeres piensan que no trabajan, cuando en realidad laboran el doble que los hombres sin un reconocimiento ni gratificación.

Lo que no le gusta a los empleadores

Además, “¿cuántas tienen el acceso al empleo?, allí entonces se acentúa la brecha de nuevo, porque, supuestamente, las mujeres no podemos trabajar tiempo completo por tener la carga de la casa y por estar pensando siempre en la familia, eso no le gusta a los empleadores”, expresa esta socióloga, especialista en temas sociales de las mujeres.

Samqui menciona que también está el embarazo, porque se le tiene que dar beneficio prenatal y subsidio a una trabajadora que va a dar a luz. En ese sentido, la socióloga manifiesta que no ven cuál es la eficiencia del trabajo que hacen las mujeres.

“Y ahí es donde nosotros queremos ver medidas, en contraste con la capacidad que tienen los hombres”. Samqui considera que esa capacidad de las mujeres no se evalúa ni se toma en cuenta por cuestiones de género. Manifiesta que el Estado tiene que asumir sus responsabilidades creando redes de protección social a las mujeres.

Las afectaciones más destacables que revela el estudio “van desde no pagar el salario básico, seguro, vacaciones y demás prestaciones sociales, hasta negarle la oportunidad del tiempo para estudiar o superarse. Esas son parte de las inequidades que sufren muchas mujeres trabajadoras domesticas remuneradas en Nicaragua, pese a la importante e imprescindible función social que hacen de cuidar el hogar, personas adultas, jóvenes, niños”, indica la investigación.

“Las empleadas domésticas aseguradas llegan al dos por ciento, las demás no son contratadas de manera formal, sino de manera verbal, lo que promueve el incumplimiento de sus derechos, no reciben aguinaldo (décimo tercer mes), no conocen sus derechos laborales, y su trabajo es considerado de baja calificación, aun cuando se les confía el cuido de los seres humanos del hogar”, revela la investigación.

Sólo un caso excepcional

Dicho estudio fue realizado por las investigadoras Martha Cecilia Palacios y Rebeca Centeno. Ambas expresaron que a pesar de la legislación existente que otorga derechos laborales a esta población económica, las interpretaciones de las leyes y la aplicación de las mismas deben ser mejoradas.