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Compañero --le dijo frente a las cámaras de televisión-- “no sé qué decirle” y enseguida sacó una lista de calificativos: “Cobardes, traidores, incapaces”. Era Roberto González, Secretario General de la Central Sandinista de Trabajadores, CST, “José Benito Escobar”, una de las caras más visibles del lado aguerrido del Frente Sandinista, dirigiéndose a Gustavo Porras y a Roberto López.

Porras es también dirigente del Frente Nacional de los Trabajadores, CST, y López está a la cabeza del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS, y todos están cobijados con la manta del partido de gobierno.

Antes, los pleitos internos de los principales dirigentes sandinistas ocurrían en casa, pero en los últimos meses los sindicalistas sandinistas están enfrentados por espacios de poder en las entidades públicas, causando problemas institucionales e inestabilidad.

El diputado Víctor Hugo Tinoco fue expulsado del Frente Sandinista durante un congreso de ese partido realizado en Matagalpa en el año 2005, cuando el fallecido ex alcalde de Managua, Herty Lewites, pretendía competir por la candidatura presidencial del FSLN con el actual mandatario Daniel Ortega.

Tinoco, ahora miembro del Movimiento Renovador Sandinista, MRS, tiene una explicación para los enfrentamientos públicos entre los líderes sindicales que en el pasado, al menos públicamente, solían aparecer como disciplinados y seguidores de una misma causa.

“El problema es que en los últimos cinco o seis años han practicado falta de tolerancia y de debate. No se debate, no se discute, y el que opina diferente es excluido o agredido”, sostiene Tinoco.

Según él, el Frente Sandinista ha experimentado varias etapas que explican por qué la situación está así actualmente. “En los 70 éramos la única fuerza política con debate en privado y en público, incluso se formaron tres Frentes Sandinistas. En los 80 se entró en un período de menos debate por la guerra civil. La defensa de la revolución frente a la Contra impuso el silencio”, señala Tinoco.

La gran metamorfosis, a criterio del diputado, se da luego de 2002. “Pero del 90 al 96 se inicia el debate. Hubo planteamientos, congresos, se iniciaron las primeras primarias Hubo una especie de proceso de apertura. A partir del 98, con el pacto con (Arnoldo) Alemán se inicia un proceso de cierre por el rechazo natural al pacto y se terminan de cerrar los espacios”, explica.

En esa época entra a jugar un factor preponderante: la esposa del Secretario General del FSLN, Rosario Murillo, ahora convertida en coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía y en un personaje omnipresente en el gobierno.

“Como en el 2002 comienza Rosario a entrar en el espacio político”, recuerda Tinoco. La presencia y poder de Murillo dentro del Frente Sandinista es parte del “modelo caudillista” que promueve Daniel Ortega, considera Dora María Téllez, también disidente y miembro del MRS.

A Murillo responden todos los funcionarios del gobierno y también algunos dirigentes sindicales, como Gustavo Porras.

Es normal: rivalidades de poder
La respuesta ante tanto discurso encendido de parte de los sindicalistas es que las rivalidades por poder están llegando a niveles extremos.

“Hay rivalidades de poder, como es normal en todos los partidos, pero ahora las rivalidades no se abordan de una forma clandestina”, dice Tinoco.

En julio de este año, Roberto González atacó a más de un funcionario gubernamental, pues dijo que estos tenían una campaña en su contra, a pesar de que aún no se habían alzado contra los agremiados de la central que dirige.

“Tienen una campaña contra Roberto González, que es traidor. Cobardes, eso es lo que son, porque no tienen argumentos para su base, eso es un acto de cobardía, impotencia e incapacidad. Si no los pone en orden Daniel, nosotros los vamos a poner en orden, nosotros nos ganamos la autoridad moral en la lucha, no de tapas, o nos respetan o nos hacemos respetar”, dijo González en relación al diputado Gustavo Porras.

Entonces, también en alusión a Porras, dijo que algunos sindicalistas hablan de los trabajadores mientras tienen grandes negocios por debajo. “Vergüenza me dan porque mientras hablan de izquierda tienen negocios por debajo”, expresó.

Pero no sólo Porras fue atacado. El presidente Daniel Ortega también, por no enfrentar verdaderamente los problemas y porque el sistema aún no se ha cambiado.

Al respecto, González así lo expresó: “Nos hemos ganado nuestra calidad moral y la tenemos para decirla a los políticos, a los empresarios, a nuestro gobierno y a nuestro partido. Aquí estamos y vamos a seguir... cuando hablamos de cambio de sistema quisiera entender si no hay cambio de personas, ese cambio de sistema no es compatible con actitudes de soberbia. Existen problemas y hay que decirlos para hacerse escuchar”, continúo.

Tres meses después, González, quien ahora sí defiende las iniciativas “de su gobierno y de su partido”, fue consultado por las agrias disputas que lo llevaron a expresar sus incomodidades públicamente.

“Ése es un tema cerrado para nosotros. Ése es un tema que lo discutimos con el Presidente (Ortega), cada quien en su lugar y punto. La Central Sandinista lo único que está reclamando es el respeto al espacio que le corresponde a cada quien”, señaló.

“El compañero Porras tiene su nivel de participación sindical a nivel de salud, y a nivel de Educación, perfecto pues. La Central Sandinista también tiene sus espacios y lo único que exige y pide es respeto, nada más”, dijo.

Otros frentes de conflicto

Cerrado ese capítulo, se abrió otro. Recientemente, Luis Barbosa, dirigente de la Confederación Sindical de Trabajadores “José Benito Escobar”, CST-JBE, se quejó por los despidos en el Ministerio Agropecuario y Forestal, Magfor, en la Dirección General de Protección y Sanidad Agropecuaria, Dgpsa, y más recientemente en el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS.

“El problema es que en este gobierno, por lo que luchamos 16 años de manera continua, hay funcionarios que están violando el derecho a la organización y al fuero sindical, así como los convenios colectivos”, dijo.

Porras no se explaya dando explicaciones en público sobre estos enfrentamientos. “Yo soy militante del Frente Sandinista, pero no nos echés a pelear, hombré. No hay que hacerles caso, los medios de la derecha mienten, mienten, mienten”, expresó Porras.

Y también agregó: “No identificamos ningún otro contrincante, enemigo, con la derecha oligárquica somos implacables, con el ‘ratón’ Montealegre, que se ha robado en los últimos 17 años los 17 mil millones de córdobas de los Cenis”, dijo Porras a los medios de comunicación cuando fue consultado.

Porras es uno de los que está más alto en la escala de lealtades. Tiene, incluso, un sindicato en Rivas que lleva su nombre.

Ortega: el árbitro

Esas disputas, considera Dora María Téllez, tienen una “vieja explicación”: “Poder político y económico”.

“El orteguismo tiene esa característica: grupos de poder que pelean para acumular prebendas. Toda la disputa gira en torno a poder político y económico”.

Según la disidente, “Ortega disfruta con esos conflictos internos porque él gana poder, él es el árbitro”.

“En la medida que todos estén divididos y haya conflicto a lo interno, tiene más poder.

Aparece como único factor que los aglutina. Es él al que no se le rebelan, allí no hay represión contra él porque en la medida que estén divididos, se fortalece”, explica.

Un factor determinando que agrega Téllez a su análisis es el papel que juega la familia de Ortega.

“Ortega es el árbitro allí y su familia está en la cúpula de ese modelo. La familia es exactamente la cumbre del modelo. A ver si alguien compite con el hijo de Daniel que lo nombraron directivo de Telesur. Los hijos además están en áreas claves, y allí nadie se mete al debate de poder por definición”, expresa la ex Comandante Dos.

Téllez va más allá: “No hay que andar creyendo que a Daniel lo hace sufrir esa conflictividad, excepto cuando atente contra los intereses de él o de su familia. El juego de los sindicalistas buenos y malos le encanta y con los empresarios le queda bien”

A criterio del diputado Víctor Hugo Tinoco, de fondo en todo este conflicto está el tema de la sucesión de Ortega. “Está planteada la competencia por liderazgo y candidatura por sucesión, impulsando aspiraciones naturales de otros sectores”, explica.