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El politólogo nicaragüense Andrés Pérez Baltodano considera que la situación de irrespeto a las instituciones y a las leyes del país por parte del presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, es responsabilidad de la sociedad, pero en gran medida de los dirigentes políticos de la llamada oposición.

En un análisis denominado “Cultura y dictadura: Una interpretación de nuestra crisis”, Pérez Baltodano señala lo que para él constituyen “las brutales debilidades culturales de la sociedad nicaragüense que le han permitido el éxito a Ortega”, en alusión, por ejemplo, a la sentencia de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia avalando su reelección presidencial.

Según Pérez Baltodano, “los éxitos logrados por Daniel Ortega en su enloquecida carrera al absolutismo, no pueden atribuirse a un carisma o a una inteligencia que el mandatario no posee. Tampoco pueden atribuirse a su poder coercitivo, porque éste es —-al menos por ahora—- limitado”.

“Los éxitos de Ortega son el producto de las brutales debilidades culturales de la sociedad nicaragüense. Estas debilidades son, al mismo tiempo, causa y reflejo de nuestra pobreza material”, explica el politólogo.

La creación de “héroes”

Pérez Baltodano explica que los nicaragüenses –-como el resto de seres humanos-- se inclinan por crear héroes que “hagan lo que los ciudadanos no pueden hacer”. “Es preciso señalar dos elementos que deben considerarse en cualquier intento de explicación del drama nicaragüense. El primero, es el binomio providencialismo-pragmatismo resignado, que forma parte del marco cultural dentro del que opera el país”, señala.

El segundo elemento, continúa, “es la persistencia en nuestra historia de una cultura heroica que nos empuja a poner nuestras esperanzas en hombres —-casi nunca mujeres—- a los que imaginamos dotados de capacidades extraordinarias, independientemente de la ética o moralidad dentro de la que ellos actúan”.

Para Pérez Baltodano, “la cultura heroica nicaragüense ha sido caldo de cultivo para el caudillismo y la dictadura en la historia de nuestro país”.

Oposición tiene su cuota

El politólogo expresa que la oposición también tiene su cuota de responsabilidad en todo esto y no está desvinculada de la “cultura heroica” del nicaragüense.

La victoria sandinista en julio de 1979, recuerda Pérez Baltodano, “abrió un capítulo histórico dominado por una narrativa que intensificó la cultura heroica de los nicaragüenses”.

“Dentro de una lógica providencialista y determinista, el sentido de la historia de Nicaragua encontró una nueva representación y síntesis en las hazañas de los héroes de la revolución. Así, las acciones extraordinarias de personajes como Diriangén, Andrés Castro, Benjamín Zeledón y sobre todo Sandino, fueron presentadas como los antecedentes naturales de la heroicidad de Carlos Fonseca Amador”, explica el analista.

Agrega que, bajo esta misma lógica, “Fonseca, a su vez, apareció como el Zeus del Olimpo habitado por los comandantes de la Revolución y otros dioses y diosas menores. Frente a ellos, el pueblo solamente podía decir: ‘Ordene. Dirección Nacional, ordene’”.

“El poder de Ortega se deriva de esta narrativa. El poder de (Arnoldo) Alemán no podría existir sin ella porque su fuerza radica en una identidad que lo hace aparecer -—a pesar de compartir cama con Ortega-- como la antítesis del sandinismo en el poder. En este sentido, Ortega y Alemán son los beneficiarios de lo que Max Weber llamó la rutinización del carisma”, explica Pérez Baltodano.

La clase política restante

Añade que “el resto de la clase política se mueve confusamente entre los polos del sandinismo y del antisandinismo representados por Ortega y Alemán”.

El Movimiento de Renovación Sandinista, MRS, y el Movimiento por el Rescate del Sandinismo, hacen uso de la etiqueta que marca la dinámica política nicaragüense, pero no tienen la fuerza que tiene Ortega para producir los milagrosos favores y las portentosas acciones —-legales o ilegales—- que se espera de los héroes y superhombres en el poder, señala.

A juicio de Pérez Baltodano “ninguno de estos movimientos ha sido capaz de articular una narrativa diferente a la que nutre el poder de Ortega y Alemán. Peor aún, la alimentan cuando condenan el reeleccionismo de Ortega por ser incongruente “con el ideario de Sandino y el pensamiento de Carlos Fonseca Amador”, como si no existieran otros referentes éticos, políticos y teóricos más elaborados, más sólidos y, sobre todo, más universales e incluyentes”.

¿Y Montealegre?
Finalmente, Pérez Baltodano expresa que “Eduardo Montealegre, por su parte, compite pobremente en este mundo dominado por gente que, como dice Edén Pastora, para justificar la permanencia de Ortega en el poder, “han volado verga toda su vida”, independientemente de la ética o moralidad dentro de la que han actuado.

Y señala que “frente a los ‘vuela-verga’, Montealegre no tiene posibilidad de competir, porque un banquero es la representación clásica del antihéroe. Por eso es que luce ridículo cuando levanta la voz para amenazar a los pactistas... antes de visitarlos para negociar con ellos”.