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Alejada del discurso de democracia versus dictadura, María López Vigil, Directora de la revista Envío de la Universidad Centroamericana, UCA, es realista y a la vez soñadora.

Para ella, el proyecto político del presidente Daniel Ortega desaparecerá sólo si desaparece el proyecto venezolano. O sólo si los sandinistas inconformes, esos “sandinistas buenos, democráticos” que pertenecen al FSLN, deciden dejar de apoyar al mandatario, pues cree que, a pesar de todo, Ortega sigue fortalecido.

“Este país necesita un serio examen de conciencia. Hay toda una corrupción de las palabras. Este proyecto de Ortega puede durar mucho más de lo que parece”, sostiene López Vigil, quien no ve condiciones para un estallido social y llega a afirmar que ese 62 por ciento del que se ufanan los opositores puede soportar a Ortega con tal de no meterse a una guerra nuevamente.

Aparentemente a Nicaragua se le están cerrando los espacios a nivel internacional por los últimos problemas institucionales. ¿Cuál es su análisis al respecto, hacia dónde vamos?
Yo creo que el gobierno ha entregado su confianza a Venezuela. Es decir, la cooperación europea, más tradicional, la están sustituyendo con la cooperación venezolana. Por otra parte, los organismos financieros multilaterales, FMI, BID, Banco Mundial, no han abandonado Nicaragua. No podemos olvidar eso. Ellos pueden prescindir de la cooperación europea porque tienen cooperación venezolana y tienen todavía el beneplácito de los organismos multilaterales.

Creo que para muchos de estos organismos multilaterales, hay más estabilidad con Daniel Ortega en el gobierno que con Daniel Ortega gobernando desde abajo. Para un país como éste, tan inestable, es posible que piensen como piensa el gran capital, que eso da más seguridad a un país tan inestable.

Si no, recordemos quién fue Daniel Ortega en el gobierno de Enrique Bolaños, un desestabilizador permanente. Nicaragua es fácil, hace falta poco dinero para mantener el país y hace falta poca gente para destruirla.

En ese sentido creo que deberíamos reflexionar sobre la necesidad de construir un sandinismo diferente, ¿por qué?, porque el sandinismo tiene mayor capacidad de organización, organización que ahora está siendo usada equivocadamente y porque el sandinismo tiene una tradición de mayor sensibilidad social.

La falta de sensibilidad social en tiempos de Enrique Bolaños abonó el terreno para lo que hoy estás viviendo. Es muy posible que mucha gente que no es violenta, que no es agresiva, que no es fanática, se sienta recompensada, atendida, por este gobierno. Eso no lo podemos olvidar. Daniel Ortega está destruyendo lo mejor del sandinismo y eso es el danielismo.

Según su análisis entonces, ¿la tesis de que Daniel Ortega está perdido como jefe de un partido y de gobierno es errónea?
Yo creo que él hace cálculos muy eficaces. No me trago eso de que está loco, que es bipolar. No. No. No. Él tiene muy claro su proyecto político, es cierto que el exceso de poder con el que ha sido rodeado por su esposa y su maquinaria lo puede perturbar un poco, pero él está claro.

Su proyecto político tiene como base el proyecto venezolano. Y si éste desapareciera, Daniel Ortega desaparece.

Bajo esa lógica, ¿Ortega seguirá quitando todos los obstáculos hasta lograr el cumplimiento de su proyecto?
Eso parece que va a seguirlo. Naturalmente eso depende de todos, en particular de los sandinistas. Todavía Daniel Ortega tiene un respaldo enorme. Su 38 por ciento, por así decir, todavía está incólume a pesar de todo lo que ha hecho. No está creciendo, lo que está creciendo es un descontento que no tiene cauce, no tiene liderazgo, que todavía no tiene proyecto.

Yo creo que también está creciendo un descontento entre el sandinismo porque lo oyes; gente que te dice “yo soy sandinista, pero no danielista”, (que te dice) “están metiendo las patas”, (que te dice) “están haciendo cosas inconvenientes, este país no necesita esos niveles de violencia”, (que te dice) “no estamos sumando”. O sea, esa gente es la que yo creo que le va a dejar llegar hasta donde quiere.

¿Es la gente que está en el Frente?

Sí, que se siente identificada con el Frente, esa gente es buena gente, esa gente también es democrática, ¿cómo llegar a esa gente? Yo siento que el mensaje de la pura dictadura nos aliena de un sector de la población que está dispuesta a apoyar, que tiene tradición organizativa y que evidentemente está descontenta con Daniel Ortega.

¿No son esas personas quienes han sostenido hasta ahora a Daniel Ortega y que llegan incluso a niveles de fanatismo?
No, no todas son fanáticas. El fanatismo está concentrado en sectores jóvenes, con mucha testosterona, todos ellos hombres necesitados de ejercer violencia, algunos de ellos pandilleros, lamentablemente, organizados para la violencia. Pero yo no creo que ese 38 por ciento es fanático, lo que pasa es que le están vendiendo ideas muy simples.

Por ejemplo ayer, una ministra diciendo que el machismo es fruto del neoliberalismo. ¡El machismo es una enfermedad de la humanidad que lleva miles de años arraigada! La supremacía masculina no nació con el capitalismo. Le venden ideas baratas, simples. La gente repite ideas muy simples. No hay debate, y eso no fanatiza, pero sí crea adherentes a Daniel Ortega.

Los buenos sandinistas que votaron por Daniel Ortega y todavía respaldan a este gobierno están sin una palabra que les oriente en qué medida depende de ellos que lo peor de este gobierno, que es mucho, acabe.

¿La explicación no está en la disciplina por la que se caracteriza el FSLN?
No, creo que depende de que en el mensaje opositor no hay un proyecto claro que contemple algunos de los elementos de justicia y equidad social que este gobierno manipula. El proyecto de la oposición se ha reducido a decir “todos contra Ortega”. ¿Y después de Ortega cualquier cosa? ¿Es Alemán una propuesta democrática? La gente que fue a reunirse con los de Diálogo Interamericano le pidió a Estados Unidos que se incluya a Arnoldo Alemán en el bloque opositor.

Creo que tenemos que tener límites para todas las cosas. Arnoldo Alemán es profundamente responsable de la destrucción de las instituciones de este país. Es profundamente responsable de un modelo de hiper-corrupción en la que participó el Frente Sandinista cuando gobernaba desde abajo.

¿Esa debilidad de la oposición es, precisamente, una fortaleza de Ortega?
Exactamente. Carece de un liderazgo claro, pero, sobre todo, de un proyecto. Cosas que tiene sus ventajas y desventajas. Yo estuve en la marcha y allí nadie seguía a ningún caudillo. Nos seguíamos a nosotros mismos. Eso es una ventaja porque no se logra construir un caudillaje, pero tampoco un liderazgo cautivante que compita con el liderazgo de Ortega que está, para mí, en decadencia.

¿Por qué en decadencia?

Porque el mundo en el que vivimos cuestiona esa forma de liderazgo. Es obsoleto.

Si partimos del hecho que esos que usted denomina sandinistas buenos no hacen nada para cambiar el rumbo del país, ¿lo podrían hacer aquellos que se proclaman el 62 por ciento?
No sé, porque el problema es que aprendimos a cambiar desde el 90 con las elecciones y el fraude electoral ha dañado ese mecanismo. ¿Cuáles son las dos opciones? No veo condiciones para un estallido social. Pudiera ser que mañana haya, pero yo no las veo. No hay ese camino de organización creciente que se toma las calles.

El otro camino son las elecciones y han sido alteradas. Puede haber un cambio si se logra cambiar la estructura del Poder Electoral y se reforma la Ley Electoral.

Ahí entra en juego el papel del PLC, imprescindible para hacer el cambio, pero hay una diferencia abismal entre lo que firma con la oposición y lo que hace con el Frente.
Arnoldo Alemán está sintiendo presión de su base y se fue a arropar en aquella marcha. Ahora, dos años dan para mucho. Yo, te digo, ¿hacia dónde vamos? No sé…

¿Usted ve a Daniel Ortega rechazando el beneficio de la sentencia de la CSJ?
¡Nooo! No, no, no. Su proyecto está claro y además, él no está loco. Sus bases están reclamando eso e incluso dicen que ni cinco años va a estar en el poder, que 25, 30, pero cuando llegó Alemán al poder también era forever. En Nicaragua las cosas son muy efímeras.

Pero Alemán apostó poniendo en su lugar a un monigote, Ortega no busca relevo…
Sí, Ortega está más claro, está rodeado de personas mucho más hábiles, personas mucho más entrenadas en la conspiración. Los liberales sirven para robar, no para ese trabajo interno y clandestino que es la cuna de la cultura política del Frente Sandinista.

Por eso creo que es del sandinismo, una de las raíces políticas más sólidas, que debería venir un cambio y debe enfrentar a Daniel Ortega. En el Rescate hay, en el MRS hay, en el Frente hay, en el gobierno hay y en otros países hay. Ahora, ¿que eso vaya a funcionar en las elecciones?, ¿que eso vaya a crear un estallido social? No creo, porque aquí nadie quiere guerra y ese 62 por ciento prefiere aguantar a Ortega a querer una guerra.

Al nivel que vamos, el presidente Ortega llegará hasta final con su proyecto, ¿eso me dice?
El presidente Ortega no es inmortal y en el Frente Sandinista hay grandes contradicciones hoy en día. El Frente Sandinista tuvo que robarse unas elecciones porque sabe del descontento (…)
Yo creo que hay suficiente descontento, suficiente crisis económica y en la historia reciente, suficientes sorpresas como para no lograr detener el proyecto. Ahora, lo que andan diciendo, que se va a armar una UNO, que aunque esté al frente Arnoldo Alemán, ¡por favor! eso sí no va a funcionar. O cambiamos o cambiamos.

Eso indica que Ortega y Alemán podrían ser rivales electorales, ¿se lo imagina?
Lamentablemente. Como hay Shrek 1, hay Shrek 2, Shrek 3, Shrek 4, podemos volver a ver esa película, pero la intención de ambos es esa.

¿Se puede lograr algo con estos supuestos líderes opositores?
Yo miro a la mayoría, hago excepciones, y digo, no te voy a dar nombres, hay violadores sexuales, maltratadores de mujeres, hay personas que viven una especie de doble vida, de doble moral. Lo privado influye en lo público.

El grado de tolerancia que existe en Nicaragua frente al abuso sexual de las personas con poder, desde sacerdotes, jueces, diputados y el presidente de la República, en pocos países existe.

¿Puedo yo confiar en que va a haber una transformación política en una persona que no ha transformado su vida privada? Yo veo un gran hombrerío con historias escondidas. No me fío de eso. La democracia por la que debemos luchar es una democracia que inicie en la casa.