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La orden era no dejar salir a ni un solo grupo adversario o crítico del Gobierno del Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, porque los orteguistas no se iban a “dejar quitar las calles que son del pueblo”, dijo en una ocasión el diputado y dirigente del Frente Nacional de los Trabajadores, FNT, y diputado por el Frente Sandinista, Gustavo Porras quien en 2009 se caracterizó por ser la voz pública de las acciones callejeras del oficialismo.

Las bases del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, tenían que estar preparadas, porque después de las elecciones municipales del nueve de noviembre de 2008, la oposición había anunciado una jornada de protestas y manifestaciones, en demanda de la anulación de esos comicios que estuvieron plagados de irregularidades y de los que hasta la fecha no se han publicado los resultados totales oficialmente.

Marcha frustrada en Nindirí

Una de las primeras manifestaciones “contra el fraude” la intentó realizar el ex candidato a alcalde de Managua, por el Partido Liberal Constitucionalista, PLC, y diputado Eduardo Montealegre, quien junto al ex candidato a alcalde en Nindirí, Lucas Reyes, realizarían una marcha en se municipio de Masaya, programada para enero de 2009.

Los dos ex candidatos a alcaldes denunciaron en 2008 que les habían robado las elecciones municipales. Reyes afirma, hasta la fecha, que el nueve de noviembre se acostó siendo alcalde y cuando se levantó, la mañana del 10 de noviembre, 2008, el Presidente del Consejo Supremo Electoral, CSE, Roberto Rivas anunciaba en la televisión que el ganador de Nindirí era el candidato del Frente Sandinista.

La marcha “contra el fraude” se intentó concretar la tarde del 11 de enero de 2009. Los simpatizantes eduardistas iniciaron su “marcha” custodiados con un aparato de seguridad antimotín de al menos 200 hombres, sin embargo, ni eso contuvo las pedradas, morterazos y botellazos que recibieron de los orteguistas.

Debido a la omnipresencia de los rojinegros, ubicados en todos los bordes del parque central de Nindirí, los eduardistas decidieron hacer un recorrido interno por las calles de la pequeña ciudad.

Pero ni eso pudieron hacer. Los simpatizantes del partido gobernante trancaron todas las esquinas del parque central, reprimieron la marcha a pedradas, botellazos y morterazos cada vez que los marchistas de Montealegre se asomaban por una esquina.

Cuando los eduardistas intentaron retroceder debido a los ataques, fueron encajonados en una calle junto a los mismos antimotines.

Ese día, Eduardo Montealegre tuvo que rodearse de policías para lograr salir ileso de Nindirí. El ex candidato logró llegar a la salida, pero en el parque se quedó la confrontación entre los pobladores y los orteguistas. Al final, los rojinegros se tomaron las calles y se concentraron en el parque para celebrar que habían expulsado al “ratón Montealegre”, gritaban.

La advertencia del diputado Gustavo Porras se había cumplido: “No permitir marchas opositoras en ninguna parte del país”.

“Porque son nuestra forma natural de lucha, con estas luchas es que hemos podido llegar hasta donde estamos, hay que continuar adelante”, dijo el diputado orteguista y presidente del FNT una semana antes de que se intentara realizar la marcha en Nindirí.

Violencia en Catedral Metropolitana

El 8 de agosto de 2009 simpatizantes orteguistas sorprendieron con su violencia a una manifestación pacífica de los miembros de la Coordinadora Civil, CC, quienes ese día se concentrarían en el predio baldío de la Catedral Metropolitana, para concluir un congreso nacional.

En esta ocasión, los orteguistas demostraron su preparación casi militar para agredir a sus objetivos. Alineados en filas y con radio-comunicadores dispusieron su ataque a pedradas, garrotazos y puñetazos, apoyados por miembros de la Policía Nacional vestidos de civil y hasta protegidos por agentes del orden uniformados. Todo el que anduviera la camisa blanca de la CC fue agredido, e incluso le rasgaron las vestiduras a un par de jóvenes mujeres que estaban participando de la manifestación cívica.

En fracciones de segundos, una lluvia de piedras fue lanzada a una camioneta del movimiento civil. Los dirigentes de la CC, Luisa Molina, Irving Larios y el economista Adolfo Acevedo fueron rodeados, empujados e insultados cara a cara.

Esa tarde la televisión local mostró el momento cuando el vocero de la CC, Mario Sánchez, fue empujado, tirado al suelo y pateado por los orteguistas. La policía también demostró ese 8 de agosto de qué parte estaba, cuando un oficial permitió e incitó la agresión a los miembros del organismo civil.

Al menos 15 heridos y golpeados resultaron de esa operación que fue denominada “paramilitar”, debido a la organización y preparación de los agresores sandinistas.

Días después de ese acontecimiento, el Presidente Daniel Ortega justificó la agresión orteguistas porque, según él, quienes habían atacado primero fueron los de la CC.

Policía reprimida en Nagarote

Un día antes del primer aniversario del fraude electoral, el 8 de noviembre de 2009, una manifestación opositora se intentó concretar en Nagarote, pero corrió igual suerte que todas: represión, piedras y morteros.

Sin embargo, esta vez fueron los policías antimotines quienes resultaron agredidos. Los oficiales se enfrentaron a los manifestantes sandinistas que les contestaban con morteros y ladrillos, mientras los oficiales sólo portaban sus “amansa locos” y sus escudos.

El nueve de noviembre de 2009, día en que se cumplió un año de la realización de las elecciones municipales, Managua amaneció sitiada en todas las rotondas. Ese día hubo “piquetes” oficialistas por toda la capital. Enseñar una bandera azul y blanco era como declarar la guerra a los rojinegros.

Ni la sede central de la Policía en Plaza El Sol se salvó. Cuando 20 jóvenes críticos al gobierno intentaron protestar frente al Consejo Supremo Electoral, fueron obligados a retroceder y refugiarse en Plaza El Sol, sede que fue apedreada y mortereada por los orteguistas.

Por la tarde, Montealegre intentó “tomarse” las rotondas de Managua igualando en acciones a los orteguistas, sin embargo, fue obligado a desistir. Esa noche los simpatizantes del gobierno concluyeron su imposición en Managua con ataques dirigidos a los medios de comunicación escrita, en las instalaciones de EL NUEVO DIARIO y La Prensa.

Agresiones individuales

El 22 de octubre, la joven activista de la CC, Leonor Martínez, fue agredida por cuatro hombres que identificó como miembros de los Consejos del Poder Ciudadano, CPC, de su barrio, ubicado en Managua. La joven de 22 años, líder de la Coalición de Jóvenes Nicaragüenses, resultó con el brazo izquierdo fracturado.

El 28 de octubre, los jóvenes leoneses Eduardo Santos y José Pompilio Miranda, activistas del Movimiento por Nicaragua, MPN, y del organismo político Movimiento Renovador Sandinista, MRS, respectivamente, fueron perseguidos y golpeados hasta perder el conocimiento, por simpatizantes orteguistas en la ciudad de León,.

La "gran" marcha

Debido a todos estos acontecimientos, la sociedad civil organizada, encabezada por el Movimiento por Nicaragua y la Unión Ciudadana por la Democracia, convocaron una “gran marcha” en Managua, el 21 de noviembre para demostrar sus rechazo a las ataques y agresiones del oficialismo.

Veinticuatro horas después, Gustavo Porras también informó de la realización de una marcha el mismo día y en el mismo lugar.

Las expectativas, de acuerdo a las probabilidades, eran que la marcha de la sociedad civil sería reprimida como ya había pasado en todas las ocasiones anteriores.

Los líderes de la Iglesia Católica, la empresa privada y diferentes sectores del ámbito público hicieron llamados al Presidente Ortega para que no se repitieran los acontecimientos de violencia que se producían cada vez que había una marcha contra el Gobierno.

Hubo muchas expectativas sobre cambiar las rutas y evitar la confrontación, cambiar incluso el día de la marcha ciudadana a última hora, pero al final el gobierno prudentemente cambió la hora de su manifestación y la trasladó para horas de la tarde, convirtiéndola en una concentración en la avenida “Miguel Obando y Bravo” y ya no una marcha.

La mañana de ese 21 de noviembre 2009, miles de nicaragüenses se desbordaron contra viento y marea desde todos los rincones del país, para participar en la marcha más esperada de los últimos tiempos, en la que todos compartían tres ideas concretas: No reelección, no al pacto entre el Gobierno y el Partido Liberal Constitucionalista, y no a la dictadura de Daniel Ortega.

Y por la tarde, el Presidente Daniel Ortega realizó su concentración partidaria con miles de sus simpatizantes traídos de todas partes del país.