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De los cerros empinados y de las comunidades más alejadas llegó la población electora a los centros de votación en Las Minas; hubo una relativa afluencia de votantes, que ejercieron su derecho al sufragio para escoger a 21 de 45 consejeros en el Atlántico Norte.

Diez y hasta 25 kilómetros de distancia separan una o más comunidades indígenas y mestizas de los centros de votación, pero eso no limitó a la ciudadanía electora, pues su traslado lo resolvieron por medio de bicicletas, mulas y otros a pie.

En los recintos electorales una persona tardó entre tres y cinco minutos para votar, aunque no existe limitante al respecto. Esa es la razón por la que no se observaron filas en las Juntas Receptoras de Votos, JRV, en Bonanza, Rosita, Siuna, Prinzapolka y Mulukukú, municipios que en su conjunto suman siete circunscripciones.

Algunos incidentes fueron registrados por los Consejos Electorales Municipales, pero son menores y fueron solucionados por las autoridades electorales. Por ejemplo, en las siete circunscripciones, algunas JRV no dejaban votar a las personas que no se encontraban en los padrones electorales de mesa, aunque la dirección de sus cédulas señalaba que residen en el área de cobertura de la JRV.

El artículo 41 de la Ley Electoral establece que solamente podrán votar en una JRV los registrados en los respectivos padrones electorales definitivos, con las excepciones establecidas en la Ley.

Una de esas excepciones es que si un ciudadano hábil para votar no apareciere en el padrón electoral de la JRV del lugar de su residencia habitual, pero posee su cédula de identidad o documento supletorio de votación legalmente expedido, que pruebe que reside en la circunscripción territorial de la respectiva JRV, ésta autorizará el ejercicio del sufragio y hará constar este hecho en el acta respectiva.

Por otro lado, el CEM de Rosita registró hechos atribuidos a partidarios de la Alianza Liberal Nicaragüense, ALN, y del Partido Liberal Constitucionalista, PLC, que trataron de empañar el proceso de votación en lugares rurales como El Empalme y Banacruz, centros de votación, ubicados sobre la vía Rosita-Siuna.

Se conoció que dirigentes de estas agrupaciones políticas se dedicaron a ofender a los funcionarios electorales contrarios a sus partidos, y constituidos en las JRV. De igual manera, a través de radioemisoras afines orientaban a sus seguidores a esperar, en los Centros de Votación y con armas blancas, los resultados finales.

Alentaban a que si las votaciones no les son favorables a estas alianzas políticas, sus partidarios emprenderían una jornada vandálica y no permitirán la salida de los miembros de las JRV, argumentando que se cometió un fraude electoral.

La Policía y el Ejército estuvieron al tanto de la situación, y tomaron medidas para evitar un probable desorden en la zona.