•  |
  •  |
  • END

¿Cuál es la principal misión del nuevo embajador de los Estados Unidos, Robert Callahan, un miembro de la línea dura republicana, discípulo de John Negroponte, conocedor de la realidad nicaragüense y ex colaborador de la contrarrevolución, quien vendrá meses antes de las elecciones municipales donde se aprobará o reprobará al gobierno de Daniel Ortega?
Las respuestas son múltiples. El general retirado y diputado suplente, Hugo Torres, considera que un embajador con el perfil de Callahan, sin duda viene a “imprimirle un nuevo impulso a la unidad de los liberales”.

“Robert Cahallan estuvo a principios de los años ochenta en la embajada estadounidense en Honduras, cuando (John) Negroponte era embajador, y también estuvo en Irak, lo cual nos dice el valor que se le da como funcionario para estar en lugares delicados en términos políticos, militares y de inteligencia”, expresa Torres, también miembro del Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

Callahan fue agregado de prensa de la embajada de Estados Unidos en Honduras durante la década de los ochenta, desde donde se alimentaba a la contrarrevolución.

“Sirvió como vocero y redactor de los discursos del embajador John Negroponte, y cuando Negroponte fungió como Director Nacional de Inteligencia, colocó a Callahan como su director de asuntos públicos. Fue Negroponte, ahora Secretario de Estado Adjunto, quien armó la reciente nominación de Callahan”, escribió Stephen Kinzer, corresponsal del New York Times en Nicaragua entre 1983 y 1987.

Desgastar
Kinzer va más allá y pregunta: “¿Por qué Estados Unidos querría echar sal en la herida de Nicaragua al nombrar como embajador a alguien que colaboró en uno de los conflictos más sangrientos de su historia?”

Para Torres, el nombramiento de Callahan debe verse como “un seguimiento o vigilancia de las posiciones o actuaciones que pudieran ser consideradas para Estados Unidos como lesivas para sus intereses”.

El analista Óscar René Vargas asegura en un artículo de opinión publicado en EL NUEVO DIARIO que para los Estados Unidos “una victoria electoral de la oposición en las elecciones municipales significaría un alivio enorme, porque representaría un freno al poder de Daniel Ortega y Rosario Murillo”.

Un elemento aditivo
Algo que podría preocupar al gobierno estadounidense es la relación del presidente Daniel Ortega con su homólogo Hugo Chávez. “Sobre todo por las declaraciones de hace unos días, que son más estridentes, más retórica que otra cosa, pero que podrían justificar la cercanía del gobierno estadounidense”, expresa Torres.

A juicio de Torres, Cahallan puede influir en las relaciones entre Nicaragua y Estados Unidos. “Él puede contribuir a tensar o a mejorar las relaciones”, asegura, y basa su afirmación en que el próximo embajador puede venir “con el prejuicio de la guerra fría”.

“Si la sombra de Negroponte le acompaña, no sería beneficioso para Nicaragua, pues podría endurecer posiciones respecto al gobierno y las correspondientes respuestas de éste contribuirían a la polarización”, continúa Torres.

Línea dura
Callahan, también ex director de Diplomacia Pública en la Oficina del Director Nacional de Inteligencia, puede representar una movida del gobierno republicano, que tiene muchas posibilidades de dejar el gobierno en las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

“Todos los movimientos hacen creer que los republicanos quieren dejar las fichas más afines a sus intereses”, pues, asegura Torres, la diplomacia de ese país es profesional.