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“Los matagalpinos se quedaron llorando y el Obispo Jorge Solórzano se fue suspirando”, decía la canción de una humilde mujer que acompañada de guitarras y acordeones le dedicó al religioso. La picardía de ella y decenas de feligreses que cantaron y declamaron en la despedida y los 25 años de sacerdocio del Obispo dibujó risas. Las del Cardenal Miguel Obando y Bravo, las de el Arzobispo de Managua Leopoldo Brenes y hasta en el rostro severo y reservado del Nuncio Apostólico Henry Jozef Nowacki.

Solórzano parece gigante y con sus más de seis pies de altura saluda a la multitud desde una vista privilegiada. Su caminar pausado, mirada fija y sonrisa tímida despierta expresiones de bondad en la gente que abarrotó la inmensa catedral San Pedro de Matagalpa. Por cierto, el monumento luce como nuevo, una de las obras de construcción por las que Solórzano será recordado.

El 11 de abril, Solórzano llegará al Estadio de Granada para dirigirse hacia Xalteva y luego ser recibido por las comunidades de Rivas, Granada y Boaco. Su expectativa es recorrer hasta el último rincón de estos tres departamentos.

“El obispo debe ser un hombre al lado del pueblo, que va a los lugares donde el pueblo está abandonado, adonde nadie los visita para darles ánimos y esperanza. En Granada voy a visitar comunidades donde ni los alcaldes llegan a pedir el voto, ahí va a estar el Obispo”, expresó.

Su antecedente es más convincente. En su despedida llegó gente de los lugares más ocultos de cualquier mapa; a cantarle, a declamarle o a abrazarle. En Matagalpa según Solórzano, visitó todas las comunidades, más de un mil 600 en cuatro años. Algunas como El Candelar, en Matiguás, significaron cinco horas en vehículo y cuatro en mula.

Desde su llegada, Solórzano no pudo evitar sonreír al mirar los rostros de alegría de los feligreses. Igual popularidad gozaban Brenes, y el Cardenal Obando y Bravo, quienes se mostraron contentos con las personas que se acercaban a ellos a pedirles su bendición.

Un Rosario para la Carmen María
La misa fue muy emotiva, y aun más cuando Carmen María González, declamó un poema de su creación. González no evitó llorar cuando dijo “si yo muero primero que le vayan a avisar, para que aunque sea un rosario me pueda usted rezar”, entre otros que por su originalidad y pintoresco humor hicieron reír a los presentes.

Posterior a los poemas, el coro Sagrada Familia, entonó un canto dedicado a Solórzano, quien emocionado pidió que entonaran el canto de bienvenida que le dedicaron hace cuatro años cuando llegó a Matagalpa.

Le llovieron regalos
Los pobladores y seguidores de Monseñor Solórzano agradecieron en gran manera el trabajo que realizó durante cuatro años y tres meses. Canastos llenos de comida, diplomas, retratos, fueron algunos de los tantos obsequios que le entregaron.

Sin lugar a duda los abrazos, besos y recuerdos de la comunidad católica serán difíciles de olvidar, como difícil será olvidar a quien compartió el evangelio con muchas personas. “Me voy de Matagalpa, pero contento, y claro pueden llegar a visitarme a Granada” dijo sonriente Monseñor Solórzano.

Muchos de los feligreses ofrecieron palabras de agradecimiento, otros solo lo abrasaban, pero todos se mostraron satisfechos con el trabajo que realizó en las comunidades de Matagalpa.

“El pueblo de Matagalpa ha abierto mi corazón. Yo me he entregado a ellos, aunque ha sido poco tiempo, pero ha sido muy fuerte y muy fructífero este tiempo en este departamento”, expresó emocionado Solórzano, quien no cesó de levantarse ante cada ofrecimiento.

El religioso agradeció también a las personas que durante su estancia siguieron de cerca su misión. “Le doy gracias a todos los laicos que todos los días expresaron su amor… los sueños de Dios, son más grandes que los de los hombres”, dijo Solórzano, quien reveló no haberse imaginado que sería trasladado de Diócesis tan rápidamente.


*Pasante de Periodismo