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Los signos de retorno a un régimen totalitario --“visible o encubierto”--, la violencia callejera institucionalizada y las reiteradas violaciones a las leyes y la Constitución Política por parte del gobierno, son las principales preocupaciones que ayer expresaron los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, CEN, a través de un mensaje a la nación.

En el documento, la dirigencia eclesiástica exhortó a los diferentes actores políticos, y en particular al gobierno, a buscar un entendimiento nacional que ponga fin a la crisis institucional por la que atraviesa el país, agravada por los actos vandálicos contra los dirigentes opositores ordenados por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.

“Nos preocupa hondamente la inconstitucionalidad e ilegalidad en las que han caído algunas de nuestras instituciones democráticas, pues no podemos olvidar que una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de Derecho, y que una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”, señalan los obispos en el mensaje.

No pretenden sustituir al Estado

“Somos conscientes de que no es cometido inmediato de la Iglesia la construcción de un orden social justo, ni tampoco es tarea suya el que ella misma haga valer políticamente sus convicciones de fe, pues ella no puede ni debe sustituir al Estado; sin embargo, como testigos y servidores del Reino de Dios, no podemos ni debemos quedarnos al margen de la historia en la búsqueda y la construcción de una sociedad más justa y más pacífica”, agrega la Conferencia Episcopal en el documento.

Ni poder sobre el Estado ni fe impuesta

En el mensaje, los obispos dejan claro que “la doctrina de la Iglesia no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a lo que no comparten la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento”.

“Hemos vivido con gran preocupación los últimos acontecimientos políticos, conscientes de la gravedad de algunos actos de transgresión a nuestra Constitución Política, y de irrespeto a la institucionalidad del país. Debemos convencernos de que sólo el respeto a las instituciones y al Estado de Derecho nos pueden asegurar una convivencia pacífica y democrática que garantice de forma permanente la gobernabilidad, la seguridad pública y el progreso social”, expresa la dirigencia de la Iglesia Católica.

Manipulación y coacción a jóvenes y trabajadores públicos
La Conferencia Episcopal también deplora la manipulación de los jóvenes por parte de la dirigencia política para lograr algunos objetivos concretos y, además, la coacción contra los trabajadores públicos para que asistan a actividades que, incluso, son contrarias a sus creencias.

“Como parte de la crisis institucional que vive el país, vemos con dolor también el hecho de que muchos hermanos y hermanas nicaragüenses que trabajan en instituciones estatales, en ocasiones son obligados a participar en actividades partidarias contrarias a sus principios de conciencias, lo cual deben aceptar para poder conservar sus puestos de trabajo”, expresan los obispos.

Alusión tácita a la Policía

Además, agregan: “Vemos como un signo de grave descomposición social el reaparecer de grupos violentos, y lo más grave todavía es que sean tolerados y aprobados por quienes deberían ser los primeros en rechazarlos y condenarlos”.

“No podemos aprobar bajo ningún punto de vista estas manifestaciones brutales de violencia que atentan contra el deseo de paz de los nicaragüenses, siembran el caos y el terror y crean una imagen muy negativa de nuestro país en el exterior. Hacemos un llamado a la conciencia de los nicaragüenses, sobre todo a los jóvenes, para que no se dejen arrastrar ciegamente por manipulaciones de líderes irresponsables que incitan a la violencia”, se lee en el mensaje de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

También, dicen los obispos, “exhortamos a ciertos miembros del partido de gobierno para que dejen de utilizar estos medios violentos que tienen como fin intimidar y presionar políticamente, pues lo único que se logra con ello es aumentar aún más la tensión social, promover la irracionalidad y poner en riesgo la divinidad y la vida de las personas”.

Un nuevo pacto social

“El momento crítico que se vive en el país solamente es superable a partir de diálogos transparentes y confiables entre el gobierno, los partidos políticos y la sociedad civil”, señalan los obispos, sin embargo, se mostraron cautelosos en torno a la posible participación de la Iglesia Católica como mediadores en un eventual diálogo nacional.

Este diálogo, señala la Conferencia Episcopal, “debe llevar a un entendimiento entre los distintos sectores, y que cristalice en un auténtico consenso democrático y un nuevo pacto social que asegure estabilidad política y jurídica al país”.

Dos sentencias bíblicas

Además, los obispos hicieron dos advertencias auxiliándose para ello de textos bíblicos.

“Amós, que veía cómo en su tiempo los encargados de defender la justicia, la volvían desagradable y detestable y de este modo condenaban a muerte la convivencia civil: ‘Ay de los que convierten en amargura el derecho y tiran por tierra la justicia’. En segundo lugar, Isaías, que constataba la incapacidad de sus contemporáneos para discernir el bien del mal, cayendo en la diabólica espiral de la confusión de los valores éticos, promoviendo lo que es reprobable y haciendo pasar por legal lo que es ilegal: ‘Ay de lo que llaman mal al bien y al bien, mal; que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas”, expresa la Conferencia Episcopal.

La OEA y la no reelección de Ortega

Durante el período de preguntas y respuestas, el Vicepresidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Abelardo Mata Guevara, dio una opinión favorable acerca de la posibilidad de invocar la Carta Democrática Interamericana, lo que significaría una intervención de la Organización de Estados Americanos, OEA, en la solución de la crisis interna.

Por otra parte, los obispos también sugirieron al presidente Daniel Ortega desistir de sus aspiraciones reeleccionistas si con ello contribuye a la solución de los problemas internos.