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La Junta Directiva de Parlamento nicaragüense inaugura hoy el monumento al Comandante de la Revolución Carlos Núñez Téllez (1951-1990), considerado el padre de la Constitución Política de 1987, esto como parte de los actos en saludo al 25 aniversario de fundación de la Asamblea Nacional, que en 1985 sustituyó al Consejo de Estado en su labor de Órgano Legislativo.

Carlos Núñez Téllez fue el primer presidente de la Asamblea Nacional, pero desde 1980 presidió el Consejo de Estado, cargo que heredó del también comandante de la Revolución, Bayardo Arce Castaño, quien estuvo al frente de ese órgano legislativo sólo cinco meses después de su fundación. Durante ese período, el país se regía por el Estatuto Fundamental de la República de Nicaragua, el cual sustituyó a la última Constitución Política somocista aprobada en 1974, producto del pacto entre Fernando Agüero Rocha y el dictador Anastasio Somoza Debayle, y que quedó sin efecto al triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979.

Ecuánime y de principios fuertes

A partir de 1985, ya como presidente de la recién fundada, Asamblea Nacional, Carlos Núñez Téllez comenzó un intenso trabajo en la elaboración y aprobación de una nueva Constitución Política. Núñez Téllez es recordado como un hombre ecuánime y de principios fuertes, lo que le valió el respeto de los diputados, incluso, de los opositores al régimen sandinista de los años 80.

El comandante Carlos Núñez Téllez dirigió el traspaso de las funciones legislativas del Consejo de Estado a la Asamblea Nacional, y a su vez le tocó ocupar el cargo presidencial para el  período legislativo 1985-1990, además, presentó el primer informe constitucional.

El nueve de enero de 1985, hace 25 años, la Asamblea Nacional funcionó por primera vez en la historia como órgano legislativo de carácter permanente y con sede propia, instalándose en el edificio de los “Mártires del 22 de Enero de 1967”, conocido hoy como “el Plenario del Parlamento”.
 
Bajo la sombra del pacto
En 2000, bajo la sombra el pacto entre el entonces presidente Arnoldo Alemán Lacayo, y el secretario general del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, Daniel Ortega Saavedra (opositor), la Constitución Política impulsada por el comandante Carlos Núñez Téllez sufre una modificación con fines meramente prebendarios.

El 16 de enero de ese año, el columnista de EL NUEVO DIARIO, Onofre Guevara, recordó el discurso del comandante Núñez Téllez durante su primer informe constitucional emitido en la Plaza de la Revolución el 9 de enero de 1987 después de aprobar la nueva Constitución Política.

Ingratos antecedentes

“Atrás quedó el pasado, la mentira, el absolutismo y la ignominia. A lo largo de su historia, Nicaragua ya había tenido once constituciones políticas, sin contar la media docena, nacionales y federales, que no llegaron a tener vigencia. La serie se inicia con la Constitución que en 1826 nos declaró Estado de Nicaragua, parte de la Federación de Centroamérica, y termina con (la de) los pactos Agüero-Somoza, instrumento de opresión y explotación de nuestro pueblo, a partir de 1974”, señaló Núñez Téllez en su informe constitucional.

La traición a Carlos Núñez

“Es tan indudable que Núñez Téllez representó entonces el criterio del FSLN, como lo es que ahora (en 2000) el FSLN no interpreta el pensamiento de Carlos Núñez Téllez, al pactar con el PLC, para revivir ‘el pasado, la mentira, el absolutismo y la ignominia’ de los pactos Agüero-Somoza, con el objetivo de hacer una Constitución como instrumento del heredero político de Somoza y de los nuevos pactistas”, escribió Guevara, al criticar el pacto Alemán-Ortega en 2000 para reformar la Constitución Política, con el fin de repartirse el poder hasta nuestros días.

“No es posible saber cómo hubiera evolucionado en su pensamiento constitucionalista Núñez Téllez o si estuviera en contradicción consigo mismo. Lo único obvio en nuestro proceso político, es que el FSLN sí, contradice, reniega y traiciona el pensamiento de Carlos Núñez Téllez, el sacrificio de los mártires y héroes del sandinismo, y la herencia de sus etapas iniciales. Quizá más, pero nada menos”, escribió entonces Guevara.
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