•   Managua / EFE  |
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La crisis institucional que afronta Nicaragua ha sido originada por el deseo del presidente Daniel Ortega de ser reelegido, aunque la ley lo impida, según el ex vicepresidente y escritor nicaragüense Sergio Ramírez. La actual crisis “se origina en la pretensión del presidente Ortega de quedarse en la presidencia y de reelegirse en contra de lo que dice la Constitución”, señaló Ramírez.

Según el literato, la crisis comenzó a gestarse después de que los magistrados del FSLN de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declararon inaplicable, en octubre pasado, el artículo constitucional que prohíbe la reelección presidencial consecutiva, y limita a dos el número de mandatos. Ese fallo fue dictado en una sesión repentina, celebrada sin los magistrados liberales miembros de la Sala Constitucional y con sustitutos.

Crisis de legitimidad

A raíz de esa sentencia, desconocida por la oposición, Nicaragua vive una crisis institucional “muy profunda”, apuntó Ramírez, para quien existe “una crisis de legitimidad”. “En la medida en que las instituciones aparezcan más descoyuntadas, más débiles, mal integradas, ilegítimas, los actos de esas instituciones no van a tener ningún prestigio, ningún reconocimiento internacional”, valoró.

Auguró que los comicios presidenciales del próximo año “no van a tener ningún crédito internacional”, si son convocados por las actuales autoridades electorales, las que, según afirmó, se encuentran “desprestigiadas”. “La reflexión en determinado momento tiene que ser, ojalá no esté siendo demasiado romántico en ese sentido, pensar en el país, que defender la institucionalidad es más importante que quedarse en el poder”, razonó.

Señala a Ortega y a Alemán
Cuestionó, sin embargo, que tanto Ortega como el ex gobernante Arnoldo Alemán (1997-2002), principal líder del opositor Partido Liberal Constitucionalista (PLC), que también aspira a la Presidencia en 2011, están “forzando las cosas al límite y perjudicando la institucionalidad del país” por sus pretensiones. “Estamos viendo una película vieja. El caudillismo por dos lados (Ortega y Alemán). No les importa las instituciones, el sistema democrático en el país, sino la pretensión de seguir en el poder”, criticó. Advirtió que en la historia de Nicaragua, cuando se aparta o manipula a las instituciones para conservar el poder, nunca terminan bien, sino “en desastre”.

Ramírez, actualmente fuerte crítico al régimen de Ortega, indicó que la solución a la actual crisis no es una intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA), sino las movilizaciones populares, las que, reconoció, son “pequeñas y “esporádicas”. “No ha habido una manera hasta ahora de canalizar la voluntad de la gente de que aquí se respete la democracia”, añadió.

Oposición débil

Según Ramírez, ese fenómeno ocurre, porque existe una oposición débil y fragmentada, y por la falta de un liderazgo distinto a los existentes, que según diversos sectores, están desgastados.