Leyla Jarquín
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Unos hablan, todos ríen, nadie escucha y ni siquiera votan. Así se podría resumir una sesión de 120 diputados ante el Parlamento Centroamericano, Parlacén, cuya reunión plenaria se trasladó esta semana a la capital nicaragüense.

Algo de razón le dieron los diputados centroamericanos al presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, quien en su momento calificó a esa entidad regional como un “lugar de perdedores”, donde van “a parrandear” y “a chupar inmunidad”.

El Parlacén, donde convergen 120 diputados (20 por cada uno de los seis países que lo integran), se instaló el pasado lunes en el hotel Crowne Plaza para realizar una ronda de sesiones especiales sobre cambio climático.

En el último encuentro, el Salón Gran Darío del hotel funcionó como sede de las sesiones, donde no faltaron las comodidades. Aire acondicionado, mesas y sillas vestidas, finas copas y jarrones con agua en cada lugar, personal de protocolo y audio. Todo listo para sesionar.

Sin embargo, aquello fue más bien una tertulia. Por los altos parlantes se escuchaba al vicepresidente del Parlacén, el diputado Víctor Manuel Gaitán, de Honduras, orientar a sus colegas sobre la Orden del Día. El resto era pura bulla ocasionada por las pláticas y las risas de los legisladores.

Hora de discutir

Llegó la hora de discutir el proyecto del Reglamento Interno del Parlacén. Uno que otro pidió la palabra para opinar, pero sus comentarios se perdieron entre el bullicio. Al final, el “consenso” fue que lo discutirán, artículo por artículo, en las sesiones de los meses de agosto y septiembre en El Salvador.

En medio de la sesión, diputados y diputadas entraban y salían del recinto, mientras que otros se aparecían por primera vez en toda la mañana.

En la Orden del Día seguía la aprobación de la Declaración Celebración del 75 aniversario del Pacto Roerich y la Bandera de la Paz. La diputada que lo presentó dio una breve descripción de la iniciativa, pero casi nadie le puso atención.

Al final de la explicación, el diputado Gaitán preguntó sobre observaciones al respecto y apenas una diputada sugirió un anexo a la declaratoria. Luego, el Vicepresidente pidió la votación de los presentes preguntando más de una vez “¿se aprueba?”.

Nadie contestó, por lo que no le quedó más remedio que darla por aprobada. Así, la sesión llegó a su fin, no sin que antes el diputado hondureño pidiera “más responsabilidad” en la próxima sesión.

Afuera del salón los esperaba un suculento refrigerio y una lista donde los diputados tuvieron que firmar para confirmar su asistencia. Aún a esa hora, diputados y diputadas siguieron llegando…sólo a anotarse en la lista de asistencia.