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El papel de la oposición será determinante para que Daniel Ortega termine de construir las condiciones que le permitan competir en las próximas elecciones presidenciales, pese a que la Constitución se lo prohíbe.

En esta entrevista, el analista Andrés Pérez Baltodano hace énfasis en este aspecto, y asegura que “hay muy pocas posibilidades” de que la actual oposición cambie ese rumbo.

“Esta oposición ha demostrado hasta la saciedad ser incapaz de construir un discurso, construir una visión que tenga la fuerza suficiente y el atractivo necesario para movilizar a la población, en parte, porque el discurso de la oposición, si me permitís generalizar, ha sido un discurso de elite; no cuenta con un discurso de masas”, sostiene.

Andrés Pérez Baltodano es un nicaragüense experto en ciencias políticas y catedrático de la Universidad de Western Ontario, de Canadá, y considera que esos factores han permitido que el presidente Daniel Ortega haya “venido avanzando en la construcción de las circunstancias que le permitirán ser candidato”.

El analista también critica a la administración sandinista, y asegura que puede enrumbarse a una dictadura. Sobre este aspecto se detiene en el papel de las Fuerzas Armadas, y dice que “lo que hemos visto es que el FSLN, con algún éxito, ha logrado condicionar al menos la actuación de la Policía para su propio beneficio. ¿Intentará después con las Fuerzas Armadas? Por supuesto, no hay dictadura que no aspire al uso de las Fuerzas Armadas para defenderse”.

A su criterio, ¿existen condiciones para que se dé un escenario electoral en el que Daniel Ortega sea candidato pese a que se lo prohíbe la Constitución?
Las condiciones no existen en este momento, pero Daniel Ortega y el FSLN han estado construyendo esas condiciones. El mensaje que él envió cuando dijo: “Nos vamos a ver las caras en el 2011”, parecería ser que ellos están dispuestos a hacer de la candidatura de Daniel Ortega una realidad de cualquier forma.

¿Eso significa que es casi una realidad?

Así es. Y yo creo que ellos han venido avanzando en la construcción de las circunstancias que le permitirán a Ortega ser candidato, haciendo uso de diversos instrumentos y aprovechando diversas circunstancias. No han tenido ningún reparo en violar las normas constitucionales. No tienen ningún reparo en desmantelar la institucionalidad del país, y, además, cuentan con la ventaja de que la oposición está, como todos lo sabemos, muy fragmentada y muy débil.

La oposición ni siquiera cuenta con un discurso y con una visión de país, una visión de sociedad que pueda contrarrestar la fuerza de Daniel Ortega y su grupo.

¿Vislumbra algún cambio en esta oposición, de manera que pueda revertir esa construcción de condiciones en las que a diario trabaja Ortega?
Pues yo no veo. No veo cómo esta oposición pueda lograr construir ese discurso alternativo del que te hablaba. No veo que esta oposición pueda frenar a un Daniel Ortega y a un FSLN. No veo cómo esta oposición pueda movilizar a los indecisos en Nicaragua o pueda capturar la imaginación del pueblo nicaragüense y convencerlo de que salga a la calle a defender sus derechos.

Hablo de esta oposición, no sé qué puede suceder mañana. Hay muy pocas posibilidades de que esto cambie, pero repito, esta oposición ha demostrado hasta la saciedad ser incapaz de construir un discurso, de construir una visión que tenga la fuerza suficiente y el atractivo necesario para movilizar a la población, en parte porque el discurso de la oposición, si me permitís generalizar, ha sido un discurso de elite; no cuenta con un discurso de masas.

Para construir un discurso de masas en Nicaragua es necesario articular ideas, articular visiones de sociedad que incluyan a la mayoría de los nicaragüenses, es decir, que incluya el tema de pobreza, de la marginalidad, de la justicia social, porque éste es un país de pobres.

Para construir un discurso de masas tenés que hablar teniendo en consideración las necesidades de la inmensa mayoría de los nicaragüenses, que sufre desempleo y pobreza. La oposición no cuenta con ese discurso, y el Frente Sandinista ha terminado acaparando ese discurso. Se ha adueñado de la bandera de la justicia social y eso le da una enorme fuerza. No hay que ser mago para darse cuenta.

¿De eso podemos deducir que el discurso de Ortega consigue nuevos adeptos?
Las encuestas dicen muchas cosas. Hay encuestas que dicen que ha elevado su base, pero no he hecho un análisis detallado de todas las encuestas, por eso no puedo llegar a una conclusión sobre las estadísticas en cuanto a intención de votos.

Pero sabemos que el Frente Sandinista cuenta con un voto sólido y bien organizado. El discurso de él (Daniel Ortega) por lo menos le llega a este sector. A ese sector que lo apoya muy fielmente, que se moviliza a las manifestaciones, que vota religiosamente. Obviamente que hay que reconocer que el Frente Sandinista tiene una capacidad para, de alguna u otra manera, presentarse frente a este sector como el representante de las masas desposeídas, de los pobres. Eso lo ha logrado.

Si encima de ese discurso Daniel Ortega puede tener, como tiene, la posibilidad de hacer eso de la cooperación venezolana, de construir algunas casas, para entregar algunos bonos, estamos frente a un FSLN y a un Daniel Ortega cuya fuerza no tiene la oposición.

¿Usted vislumbra posibilidades institucionales que impidan la embestida de Ortega?
Todo parece indicar que por lo menos él y su grupo van a hacer todo para participar en las elecciones.

¿Eso qué consecuencias traería?

Impredecibles de una forma, predecibles de otra. Es decir, impredecibles porque, obviamente, estaría haciendo una apuesta riesgosa, estarían violando normas que provocarían, entre otras cosas, una condena internacional.

Podría generar una capacidad de respuesta en una población cansada por la manipulación en las instituciones. Esta respuesta no se ha dado hasta el momento. ¿Cómo va a reaccionar Nicaragua? ¿Cómo va a reaccionar la comunidad internacional? Eso no lo podemos predecir. Podríamos, sin embargo, predecir lo que de ellos ya se ve: la gente asume que Daniel Ortega va a participar, y puede o va a ganar las elecciones.

Hay grupos que ya se han atemperado a las circunstancias, se han resignado pragmáticamente a ese escenario. La empresa privada, para mencionarte un sector, no ha sido capaz de articular un discurso firme en contra de las pretensiones de Daniel Ortega. Uno escucha declaraciones en contra de la reelección, pero también uno puede observar actitudes de mucha ambigüedad sobre las pretensiones de Ortega.

Es porque hay intereses de por medio…

Sí, sí, por eso te decía atemperarse. Mucha gente mide, hace sus cálculos y dice: ‘Esto es imparable’. Yo no creo que lo sea, pero habrá grupos que están haciendo esos cálculos.

¿Frente a eso qué hago yo o qué hacemos nosotros como sector? Lo impredecible, te decía antes, es que la gente diga: ‘Me voy a la calle, voy a luchar contra esto’. Otros se van a acomodar y coexistirán con esta dictadura.

¿Por qué no cree que sea imposible detenerlos?

Porque todavía tenemos varios meses antes de las elecciones. Existen cifras que te muestran que hay un gran segmento de la población que no sabe qué hacer frente a este panorama electoral tan deprimente. Existen tantos líderes y partidos y grupos políticos que uno tendría que decir: “Hombré, algo se tiene que hacer”.

Me preguntás que si yo veo que está pasando algo que nos demuestre que se está montando una oposición efectiva contra Daniel Ortega, te digo, hoy no. Esta oposición no está jugando su papel de oposición, no va a ser capaz de detener a Daniel Ortega, pero no quisiera matar las esperanzas y decir que todo está perdido.

Usted apuesta al tiempo…

A estas alturas a nada, simplemente mantengo la esperanza de que dentro de la oposición se pudiese generar un movimiento que trascienda personalidades, intereses particulares, y que fuese capaz de construir un discurso que trate de integrar esos dos polos que se tienen que integrar algún día en Nicaragua, el polo de la libertad y el de la justicia social.

¿De qué forma la presión internacional incidiría en Ortega, tomando en cuenta que somos un país dependiente de préstamos y de cooperación?
Es posible que se genere una presión internacional que obligue a Ortega a desistir en sus ambiciones. A mí eso no me entusiasma, esa solución no es solución. Si nosotros vamos a seguir siendo el producto de presiones internacionales, de condicionamientos externos, vamos a seguir teniendo los problemas que hoy tenemos.

A mí eso no me entusiasma y en lo personal me irrita que algunos ya estén buscando la solución a los problemas que ellos no pudieron resolver, en el exterior, viajando a Washington o a algunos lugares para crear una oposición internacional para que resuelvan lo que ellos, como líderes políticos, han sido incapaces de hacer. Son problemas que nosotros tendríamos que saber cómo arreglar.

Alejandro Serrano Caldera, el más grande pensador político

El analista Andrés Pérez Baltodano ha auscultado la obra del filósofo Alejandro Serrano Caldera, a quien considera “el pensador político más importante de Nicaragua”.

“No he encontrado pensador con la solidez de Alejandro”, asegura Pérez Baltodano, quien hizo un repaso sobre la obra del filósofo, a propósito que se presentará esta semana en la capital un resumen de su labor.

“La obra de Alejandro Serrano Caldera abarca tres grandes aspectos. La llamada crisis de la modernidad, donde se habla de lo que está pasando con el Estado, la seguridad humana, el mundo en el siglo XXI. El segundo es qué va a pasar con América Latina en este mundo globalizado --eso lo ha estudiado a partir de una crítica que hace a la pobreza filosófica que ha existido en América Latina--. Y el tercer tema cruza estos dos, pero se concentra en Nicaragua”, explica.

Según Pérez Baltodano, “lo más rico que ha hecho” el filósofo es “demostrar que la teoría social y la palabra juegan un papel fundamental en la construcción de la historia”.

“Muchos de los problemas históricos que tenemos en Nicaragua tienen raíces en la debilidad filosófica, cultural, la debilidad reflexiva de nuestra sociedad”, agrega Pérez Baltodano.

“Él (Serrano Caldera) ha sido una voz en el desierto clamando que necesitamos ser más reflexivos, ha criticado muchas veces el hiperactivismo que nos lleva a tener tantos partidos, planteamientos que deberían llevarnos a recapacitar”, sostiene.

Pérez Baltodano hace hincapié en un aspecto fundamental: “En Nicaragua la teoría y la filosofía son malas palabras. Para descalificar a alguien, lo único que le tenés que decir es ‘sos teórico’. Aquí se le dice eso y con eso lo aplastaste, en cualquier otro país del mundo le decís eso a otra persona, y te dice muchas gracias”.