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Un expresidente en campaña emboscado por simpatizantes orteguistas dio como resultado seis personas lesionadas. La mañana de ese domingo en un actividad proselitista del Movimiento Vamos con Eduardo, MVE, un joven fue golpeado y otros tres sacado a empujones. Ambas situaciones según miembros de la Coordinadora Civil, CC, son un mal vaticinio para la campaña presidencial de 2011.

De acuerdo con Irving Dávila, la acción de los simpatizantes orteguistas frente a un socio del mismo mandatario no es una acción aislada, sino un seguimiento de la intolerancia mostrada por el partido gobernante desde los comicios municipales de 2008. En cambio, considera que lo ocurrido en una actividad de Montealegre se puede diferenciar, pues puede ubicarse en un ambiente de violencia en la psicología de masas que les hace ver adversarios innecesarios.

“La actitud de intolerancia del FSLN de no permitir que otros actores políticos se desplacen por el territorio nacional, es continuidad de un proceso de represión en contra de todo el que se moviliza y lo vemos más claro desde el fraude de 2008”, señala Dávila.

Violencia no tuvo justificación
Para Dávila, los mensajes que llevaron los jóvenes de la Resistencia no eran ofensivos, pues se limitaban a decir que un candidato sin propuesta no valía la pena o la crítica de ir a las calles en vez de hacer oposición desde oficinas. Según él, la militancia de VCE impregnada del ambiente de violencia los vio como adversarios.

Tal caso, según la vocera de la CC, Luisa Molina, no tiene justificación, pues el hecho de que jóvenes manifiesten su voluntad no es razón para golpearlos. Molina condenó los hechos de violencia política del fin de semana, independientemente del sector de donde provengan.

“Nosotros quisiéramos pensar que esa no es la tónica y más bien quisiera que estuviéramos preocupados por tener una propuesta a Nicaragua. El hecho de que unos jóvenes expresen su voluntad no es motivo de violencia, tampoco que agredan a un grupo que anda en actividades partidarias”, consideró Molina.

Por su parte, Irving Larios, considera que los partidos grandes dan un mal ejemplo de cómo deben resolverse los problemas y prefieren resolver los asuntos a golpes y marginan el modelo del debate y la deliberación. Tal síntoma, según Larios, puede llevar el país hacia un despeñadero.