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Al recibir la urna que contiene al santo Don Bosco, el presidente Daniel Ortega y su esposa restriegan sus dedos en el relieve de ángeles grabados en la parte lateral de la caja de vidrio y ornamentos de metal. Es el recibimiento oficial de la reliquia católica con la presencia del Ejército y de la Policía Nacional, en el Aeropuerto “Augusto C. Sandino”.

A la vez, miles de personas se desbordaron en las ciudades de Granada, Masaya y Managua, al recibir con alegría la imagen tamaño natural del sacerdote que vivió durante el siglo XIX, entre 1815 y 1888.

Este acto, que para algunos es una violación constitucional al Estado laico, y para otros está justificado por la conciencia mayoritariamente cristiana de la población, no deja de ser cuestionado por su manipulación por parte del gobierno Ortega.

La escritora y teóloga nicaragüense Michele Najlis, afirma que es una clara violación a la Constitución Política, pero también considera que es un irrespeto a la sociedad nicaragüense y a la misma religión. Aunque explica que el presidente Ortega es libre de participar “a título personal” en cualquier actividad religiosa que quiera, pero hacerlo como Jefe de Estado no deja de ser violatorio a la Constitución.

¿Orden al Ejército y a la Policía?
En relación con la presencia oficial del Ejército y de la Policía Nacional, Najlis opina que como Jefe de las Fuerzas Armadas, pudo ser que Ortega les ordenó a los jefes de esas dos instituciones que estuvieran presentes en el aeropuerto.

El experto en ciencias políticas y catedrático de la Universidad de Western Ontario, de Canadá, Andrés Pérez Baltodano, va más allá, al expresar que el Estado laico siempre ha sido una ficción en Nicaragua, “como muchas otras ficciones que contiene nuestra Carta Magna”, opina. Pero, además, agrega que “no es simplemente un problema legal, es, sobre todo, un problema cultural”.

“Es una ficción, porque la existencia de un verdadero Estado laico demanda la existencia de una cultura religiosa moderna, la cual no existe en Nicaragua”. Explica que “la separación entre la Iglesia y el Estado no es simplemente el resultado de una disposición legal”.

“El Estado laico surgió porque la cultura religiosa europea se modernizó, creando una visión de la relación entre Dios y la historia, en la que la humanidad estaba llamada a jugar un papel determinante en la construcción de su destino y en el diseño de sus modelos de organización social”, explica también el científico social.

Providencialismo
Pero la cultura religiosa nicaragüense no es moderna, sino profundamente providencialista, manifiesta el politólogo, al tiempo que explica que el “providencialismo” expresa una visión de la historia como un proceso gobernado por Dios.

El teólogo chileno Guillermo Gómez Santibáñez considera que la participación del presidente Ortega y de toda su comitiva, debe ser interpretada desde la perspectiva de los “actos protocolarios, propios de la diplomacia”.

Gómez Santibáñez no ve mal la participación del gobierno en los actos religiosos, y más bien considera que el respeto, el derecho y las garantías constitucionales de las personas, están por encima del Estado laico, al afirmar que el gobierno no puede evadir que la población nicaragüense es una sociedad mayoritariamente cristiana.

“Que un Estado se declare constitucionalmente sin religión oficial, no significa que no tenga interés por lo religioso, porque a la vez la Constitución establece el respeto, el derecho y las garantías constitucionales de las personas, por lo tanto, tendría también que tener en cuenta que no puede negarse ni oponerse a ese derecho”, manifiesta el teólogo chileno.

Otra explicación
Aunque Gómez reconoce que tenemos una Constitución laica, también manifiesta que eso “no impide que se puedan dar ese tipo de participaciones del gobierno en eventos religiosos”.

“Que Nicaragua sea un Estado que no tiene una religión oficial no significa que sus instituciones o quienes formamos parte del Estado o de la sociedad, no tengamos manifestaciones religiosas, porque lo religioso no necesariamente esta vinculado con lo institucional”, considera.

“Nosotros estamos en una sociedad nicaragüense caracterizada por una mística religiosa muy profunda, con un fuerte arraigo de religiosidad popular, donde su cultura se vincula con elementos de religiosidad ancestral, con elementos de la religiosidad popular católica, venida de su tradición cristiana, que se fusionaron, y, por lo tanto, hay mucha expresión de eso”, agrega Gómez.

La realidad está vinculada con dos poderes
Por otra parte, para explicar la vinculación de los gobiernos a la Iglesia, principalmente católica, Gómez manifiesta que la separación que se produjo entre lo religioso y lo político, fue tan determinante en su momento, que, “entonces, la realidad quedó vinculada a dos poderes”.

En ese sentido, “históricamente la Iglesia, que también maneja el poder religioso, ha quedado como legitimadora del poder”, lo cual mantiene su estatus al lado del poder político, y el poder político gana legitimación moral.

De esta manera es que Gómez justifica la correlación entre el presidente Ortega y el cardenal Miguel Obando, como un trato donde el uno se sirve del poder del otro. En este caso, la “influencia moral de la Iglesia” legitima al gobierno Ortega, y, a la vez, la presencia de un represente de la Iglesia al lado del poder político, mantiene a la Iglesia en el poder.

El mensaje es “implícito”, considera Gómez, porque la Iglesia no se involucra directamente en los asuntos de la política, pero “está allí, dando un mensaje que pueda llegar a la conciencia de que ese gobierno está cumpliendo con los derechos humanos que defiende la Iglesia”.

Muy contrario a esta opinión, Andrés Pérez Baltodano considera que el Cardenal es “un desgastado símbolo de autoridad, que será desechado por el FSLN en cuanto deje de ser útil para la consolidación del proyecto autoritario de Daniel Ortega”.

Juan Pablo II condenó el totalitarismo

Andrés Pérez Baltodano propone promover la modernización de la cultura religiosa nicaragüense, mediante la educación, pero explica que no sólo se refiere a la educación formal que se transmite a través de las escuelas, sino también a la educación que recibe el pueblo a través de las imágenes, los códigos, y el discurso que transmiten los medios de comunicación y los políticos de nuestro país.

“Muchos medios de comunicación se encargan de reproducir la cultura providencialista que hoy aprovecha Daniel Ortega. En el pasado, algunos de esos medios elevaron a Miguel Obando a la categoría de santo patrono de la democracia nicaragüense. Hoy gritan al cielo por el giro político del Frankestein ensotanado que ellos crearon”, expresa Pérez.

También manifiesta que el discurso político de oposición al sandinismo tendría que ser capaz de promover una verdadera educación y modernización religiosa en Nicaragua.

Lo que no repite Ortega

“Debería revelar, por ejemplo, la enorme brecha que existe entre la religiosidad de Ortega y lo que realmente expresa la doctrina cristiana. Te doy un ejemplo: Ortega repite cada vez que puede la frase de Juan Pablo II en su condena al “capitalismo salvaje”.

Considera que un discurso de oposición modernizante tendría que recordar a Ortega y al mismo cardenal Obando, una frase de la encíclica de la que el mismo Juan Pablo II hizo uso, “donde condenó el totalitarismo y el autoritarismo que sirven de modelos al proyecto político de Ortega”.

Pérez se refiere a la “Encíclica Centesimus Annus” del Sumo Pontífice Juan Pablo II, que dice lo siguiente:

La realidad impuesta por la fuerza
“En los regímenes totalitarios y autoritarios se ha extremado el principio de la primacía de la fuerza sobre la razón. El hombre se ha visto obligado a sufrir una concepción de la realidad impuesta por la fuerza, y no conseguida mediante el esfuerzo de la propia razón y el ejercicio de la propia libertad. Hay que invertir los términos de ese principio y reconocer íntegramente los derechos de la conciencia humana”.