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La búsqueda de un candidato presidencial de consenso que le permita a la disgregada oposición aglutinarse en torno a esa persona y enfrentar a Daniel Ortega en las elecciones nacionales de 2011, se ha convertido tanto en una prioridad como en una misión casi imposible. La propuesta de Eduardo Montealegre no le cayó muy en gracia a su contendiente electoral Arnoldo Alemán.

El candidato de consenso debe ser “una persona apreciada no solamente en la oposición, sino que en todos los sectores del país, y hablamos de los sectores no sólo políticos, sino también sociales, económicos y culturales de Nicaragua”, considera el experto constitucionalista Cairo Manuel López, quien fue miembro de la Unión Nacional Opositora, UNO, cuando en 1990 ganó las elecciones con la entonces candidata de consenso Violeta Barios de Chamorro.

Los riesgos
Con este antecedente, López --quien además ocupó la presidencia de la Asamblea Nacional como miembro de la UNO--, señaló que un candidato de consenso no es suficiente para impulsar a la oposición, pues ya se tiene el antecedente de la misma UNO que, una vez en el poder, cada partido político que integraba la coalición tomó un rumbo diferente, incluso en la Asamblea Nacional.

Pero, además, López considera que ese candidato tiene que ser “una persona con suficiente trayectoria de probidad y experiencia, sobre todo de carácter político, porque un candidato de la oposición --si es un candidato único--, barrería en las próximas elecciones”.

Capacidad de unir
“También se trata de una persona que tenga la flexibilidad y la agilidad para poder unir al país, y no comportarse como un grupo vencedor”, señaló López, quien opina que “uno de los grandes errores que está cometiendo Daniel Ortega y sus allegados es el de oprimir a aquellos sectores que no son sandinistas”.

Esta situación, agrega, “en lugar de lograr adhesiones, crea molestias”, y es algo que la oposición actual y el candidato presidencial debe tomar en cuenta en caso de acceder al poder en los comicios del próximo año.

Además, un candidato de consenso, agrega López, debe tener conocimientos de Economía, Sociología, y “que tenga la prudencia de poder gobernar para todos los nicaragüenses, y no a favor de un sector determinado”.

Abandonar interés personal
Por su parte, el jurista Óscar Castillo considera que, además del consenso, el candidato único de la oposición que enfrente a Ortega “debe ser capaz de coincidir con todos, es decir, que se separe de todo interés particular, deponiendo posiciones y tratando de aglutinar lo más que se pueda, las ideas de consenso que unan y no que dividan”.

Coincide con López cuando señala que “la gente quiere un candidato que una, pero que además represente la honradez, la transparencia, y la capacidad de resolver los problemas, o al menos que muestre un interés por impulsar un proyecto de nación”.

“Se requiere un candidato más comprometido con un proyecto de nación y con la democracia, que con un partido u organización política. Ese candidato debe asumir y prometer el respeto a la Constitución y a la institucionalidad, esto, como una garantía de que la regla que debe operar en un buen gobierno debe sustentarse en el Estado de Derecho”, enfatiza Castillo.

Cómo enfrentar a Ortega
En caso de que la oposición se alce con el triunfo electoral en los comicios de noviembre de 2011, el futuro Presidente de la República podría enfrentar la férrea oposición de un Frente Sandinista fortalecido política y económicamente; además, que controlará las instituciones y poderes del Estado más importantes.

El ex presidente del Parlamento, Cairo Manuel López, augura que un Presidente no sandinista deberá, necesariamente, negociar con el Frente Sandinista --con Daniel Ortega a la cabeza-- la manera de gobernar; sin embargo, señala que, a diferencia de los años 90, durante los gobiernos de Violeta Barrios de Chamorro y Arnoldo Alemán, en esta ocasión Ortega y el FSLN no realizarían asonadas como en aquellos años.

Según López, el hecho de que el Frente Sandinista controle las principales instituciones y poderes del Estado, “es un elemento importante, pero no les da necesariamente todas las facilidades para conservar ese patrimonio, porque van a tener que saberlo administrar en una economía de libre competencia, donde triunfa el que tiene verdadera capacidad y no el que crece al amparo del poder”.

Gobernar desde abajo
El doctor Óscar Castillo considera que el FSLN “está acostumbrado a gobernar desde abajo, organizando asonadas, huelgas y protestas, además de tener una buena habilidad parlamentaria”, por lo que un Presidente no sandinista, una vez que asuma el poder, debería inmediatamente “convocar a un diálogo nacional que le permita negociar reglas claras para su gobierno y obtener la reforma institucional”, con el objetivo de despartidizar las instituciones.

Castillo destacó que un candidato de la oposición también enfrentará la desventaja financiera frente al aspirante presidencial del Frente Sandinista.

“El FSLN cuenta con recursos del ALBA, de los medios estatales, e incluso, de los recursos humanos que tiene empleados en el sector público, y que son profesionales que saldrán o están saliendo desde ya a ejecutar un plan casa por casa, fraguando un fraude”, explicó.