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Jóvenes de diversos partidos políticos estan decididos a acabar con las guerras intestinas como una forma de hacer política tradicional. Entre ellos se llaman como amigos, y con agendas bastante comunes: el desempleo que enfrenta el 70% de la población y la promoción de la juventud porque se organice y se incorpore a la lucha política.

Mario Valenti, de la Unión Nacional de Jóvenes; Erick Escobar, de la Red Nicaragüita; los representantes de la Juventud del Movimiento Vamos con Eduardo, MVCE, y el Partido Liberal Constitucionalista, PLC, Gerardo Rivas y Erick Mejía, todos jóvenes inmersos en la política, coinciden en la organización del sector, según ellos, para cambiar la realidad del país. Los problemas de la juventud son prioridad aun con sus incompatibilidades entre ellos.

Partido de jóvenes para el 2016
Rivas, secretario de Asuntos Estudiantiles en su movimiento, considera que los problemas son causados por las acciones del Presidente de la República Daniel Ortega y el ex Presidente Arnoldo Alemán, mientras Mejía, cree en este último no como fanático, según él, sino como un medio para obtener las garantías mínimas de convivencia pacífica en Nicaragua.

Valenti señala que la juventud debe plantearse estrategias a largo plazo, y es por ello que organizan desde ya un nuevo partido de jóvenes con miras al 2016, de tal forma que tenga capacidad para hacer un nuevo planteamiento a la sociedad nicaragüense.

La Unión Nacional de Jóvenes está conformada por la juventud del MVCE, del Movimiento Renovador Sandinista y simpatizantes del Partido Socialcristiano. Ellos tienen como meta tener la posibilidad de movilizar a mil jóvenes para diciembre de este año, y en ese sentido viajarán por todo el país para organizar a los chavalos que coincidan con sus planteamientos.

El valor de la organización
El Director del Instituto de Investigación y Gestión Social, Guillermo Incer Medina tiene 26 años, licenciado en Ciencias Políticas y especializado en gestión pública. Como autocrítica a la juventud señala que la mayoría de las organizaciones juveniles sostienen banderas de luchas de los adultos y que les falta creatividad para hacer propuestas de cambio para el país. A la vez, considera que las organizaciones emergentes tienen el mérito de haber comenzado a organizarse.

Escobar asegura que trabajan en la construcción de ciudadanía para que los jóvenes sepan por qué luchan y en la promoción de asociaciones de pobladores en 14 municipios del país.

Plantea que su bandera es terminar con la exclusión que ocurre no sólo en los partidos políticos sino en la familia y en los mismos movimientos de la sociedad civil.

Los malos ejemplos
Según Escobar algunos jóvenes comienzan a señalar deficiencias y sus desacuerdos con los adultos, pero que terminan absorbiendo y repitiendo los viejos vicios luego que los incorporan en cargos importantes.

Rivas, del MVCE, coincide pero considera que hay en los jóvenes de su movimiento voluntad expresa por cambiar esa cultura, que él llama “Güegüense”. El líder juvenil plantea que eso evitaría que quienes ascienden a los cargos no cambien su rostro, y que defiendan los objetivos por los cuales llegaron al poder.

El poder de los jóvenes
Por su lado, Valenti señala que un punto importante en la organización de los jóvenes es la carencia de fondos, lo que da el usual control que tienen los personajes fuertes de los partidos.

Considera que deben buscar nuevas formas de financiar sus proyectos, quizá con la creación de pequeñas empresas como lo hace la oposición en Venezuela.

Mejía señala que ellos serán el motor del PLC para los próximos comicios presidenciales y que organizarán a 30 mil jóvenes para las estructuras en las Juntas Receptoras de Votos. Aseguran que habrá esta vez más jóvenes diputados en el PLC, un reto grande que afirma haber asumido.

Más allá de la organización de la juventud, todos coinciden que el principal problema que enfrenta este grupo etario es el desempleo.

Un sistema imperante, tanto en el sector privado como el público, que según ellos, es contradictorio al pedir años de experiencia y calidad cuando no da las más mínima oportunidad para conseguirlo.

Por otro lado, Mejía y Rivas, señalan que la educación superior y técnica están completamente divorciadas de la realidad y ofrece profesionales con bajas oportunidades de insertarse al mercado laboral.

Lo que los une
Escobar señala que se requiere una propuesta de Plan de Nación desde la juventud que incorpore el tema del desempleo y el mal uso de los recursos en los ministerios y poderes del Estado que bien pueden ser invertidos en educación y nuevas tecnologías.

Todos coincidieron en que la juventud debe terminar con el personalismo, específicamente en el término “yoyismo”, y así unificar criterios sobre el futuro a mediano o largo plazo en el país.