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El Frente Sandinista parece haber recobrado la vitalidad política en la Asamblea Nacional. ¿Cómo es que el partido de gobierno ha conseguido 52 diputados a su favor? El liberal José Pallais sostiene que ha influido “un poco de todo” y la lista de ese “todo” es tan larga que caben desde debilidades partidarias hasta ambiciones personales.

Hasta hace poco el oficialismo en el Parlamento no lograba conseguir el voto 47 para lograr el quórum, pero a finales de septiembre de este año el FSLN sobrepasó ese número, consiguiendo rozar el mágico número 56 con el que lograría el dominio total de ese poder del Estado.

Pallais considera que el Frente Sandinista ha llegado hasta donde está porque “ha sabido aprovecharse de las debilidades de la oposición”.

Primera: desunión

Daniel Ortega llegó al poder porque se enfrentó a una oposición desunida, y pese a que obtuvo menos escaños en el Parlamento, en la práctica el partido de gobierno es el más fuerte.

La Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) acentúo esta división cuando el legislador Eliseo Núñez solicitó al Consejo Supremo Electoral (CSE) una revisión legal del partido y este poder del Estado resolvió quitarle a Eduardo Montealegre su representación.

Desde entonces, la ALN con siete miembros en el Parlamento es vista como un apéndice del Frente Sandinista.

El analista político Cairo Manuel López ve un problema de fondo: la elección de los candidatos a diputados.

Una labor paciente

“El Frente Sandinista hizo una labor paciente y el disponer del Poder Ejecutivo le da una serie de resortes importantes y puede captar a personas proclives. También hubo descuido de quienes seleccionaron a los candidatos, lo que facilitó que muchos de ellos hayan migrado a otros partidos para pasar a posiciones coincidentes con el Frente”.

Entre los diputados “con posiciones coincidentes con el Frente”, están los ahora miembros de la Bancada de Unidad Nacional (BUN) y de la ALN, entre ellos Carlos Olivas, Ana Julia Balladares, Guillermo Osorno, Francisco Jarquín, Ramón Macías, Ramiro Silva y Juan Ramón Jiménez todos antiguos miembros del Partido Liberal Constitucionalista, del Movimiento Vamos con Eduardo y del Movimiento Renovador Sandinista respectivamente.

La BUN nació en mayo de 2009 bajo un proyecto bien madurado. La legisladora electa por el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), Mónica Baltodano, --hoy una de las pocas “independientes” en la Asamblea--, consideró que la conformación de esta bancada fue “la culminación de un viejo proyecto del partido de gobierno”.

Bancadas blancas no son nuevas

Esta práctica no es nueva, recuerda Cairo Manuel López. “Esa posibilidad de persuasión o influencia se vio cuando en tiempos de doña Violeta, Antonio Lacayo logró atraer a varios diputados afines. Igual sucedió en tiempos de Enrique Bolaños, cuando, incluso, se logró aquel famoso voto 47 que desaforó a Arnoldo Alemán”.

Durante el gobierno de Violeta Barrios (1990-1996), la bancada de la Unión Nacional Opositora (UNO) --partido que llevó a Barrios a la Presidencia— en la Asamblea Nacional se separó en dos.

A los pro-gobierno los llamaban “bukis o bucaneros”, pues se decía que eran cañoneados por el entonces ministro de la Presidencia Antonio Lacayo. Al otro bando, los socialdemócratas les llamaban “pescaditos”.

Los “pescaditos” lograron incluso la presidencia del Parlamento, misma que durante esta legislatura ha estado en manos del partido de gobierno. “Permitir que ellos tengan la presidencia de la Asamblea ha sido el principal error”, sostiene Pallais.

Guardando las diferencias, tanto los “pescaditos” como las nuevas bancadas bisagras han sabido negociar de acuerdo a sus intereses.

Segundo: ambiciones

“El Frente Sandinista logró dividirnos y analizó las debilidades de cada diputado.

Hicieron un estudio psicológico, psicosocial y se pusieron una meta de captación a través de diferentes mecanismos: incentivos y presiones”, explica Pallais.

En la línea de los incentivos ha habido de todo, agrega Pallais, “desde cargos en el Estado, hasta incentivos económicos que han sido repartidos generosamente con los recursos del ALBA”.

Este año los opositores se han acusado entre sí tras varias operaciones oficialistas. Dos de ellas ejemplifican el pequeño margen de maniobra de los opositores: la devolución de la diputación al conservador Alejandro Bolaños Davis, quien ya votó con el FSLN, y el otorgamiento de la diputación al ex vicepresidente Alfredo Gómez Urcuyo.

Luego de eso, inesperadamente, el liberal Enrique Quiñónez, acérrimo crítico del sandinismo, abandona la Bancada Democrática Nicaragüense e integra la ALN, engrosando la lista de los legisladores socios del oficialismo.

Fatal: inexperiencia

Cairo Manuel López hace hincapié en la experiencia del FSLN y en la inexperiencia de los líderes opositores.

“Se observa mucha improvisación de los líderes de la oposición, poca experiencia en los procedimientos y también que anuncian con mucha antelación lo que harán, algo que le da al FSLN la posibilidad de contrarrestar esas maniobras”, expresa.

Entre el despiste opositor durante una sesión plenaria la semana pasada, el legislador Juan Ramón Jiménez presentó una moción para respaldar la emisión de la Constitución calificada como ilegal.