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Antes de abrir el debate sobre el silencio de la jerarquía católica y los abusos sexuales, María López Vigil, periodista, editora de la Revista Envío y religiosa por convicción, lanza una premisa: “No creo que la respuesta que le dio el magistrado Roberto Rivas al obispo Báez sea adecuada, el que los obispos callen sobre los abusos sexuales de sacerdotes en Nicaragua, no justifica que se comentan fraudes electorales”.

Y agrega: “No tiene nada que ver una cosa con la otra… Este es un debate político, no ético”. Esta extraña mezcla entre el silencio de la jerarquía católica sobre los abusos sexuales cometidos por curas y las denuncias de fraude electoral fue iniciado el lunes por Roberto Rivas, quien continúa en el cargo amparado en el Decreto 03-2010, luego de que el obispo auxiliar Silvio Báez reiteró sobre la necesidad de cambio en el Consejo Supremo Electoral (CSE).

Rivas aseguró que monseñor Bernando Hombach protegió a un cura acusado de violación, y desautorizó las críticas de Báez aduciendo que tiene poco tiempo de estar en el país.

María López Vigil considera que hay una diferencia entre los mensajes sobre política que expresa Báez y la de los otros curas, pues los de éstos últimos suelen ser “politiqueros”.

¿Es legítima la crítica de los obispos al CSE, pese a que callan sobre los abusos que se cometen dentro de la Iglesia?
El que callen sobre algunas cosas no los desautoriza para hablar sobre otras. Es legítimo que ellos critiquen, rechacen, cuestionen lo que ellos consideran mal hecho por parte de la autoridad estatal, ¿por qué no va a hacerlo? Otra cosa es que la autoridad estatal se moleste a tal punto que no les haga ningún caso.

Hay obispos que salieron involucrados en actos de corrupción durante la administración de Arnoldo Alemán.
Roberto Rivas también salió involucrado en la corrupción de Coprosa. Él no va a hablar de los temas de corrupción porque en ese sentido se tocaría a sí mismo. El problema es cómo nos hacemos selectivos a la hora de decir qué es lo que hay que denunciar.

Creo que él se refiere a la pederastia, porque es una cosa que está de moda y porque en Nicaragua los obispos y los sacerdotes han tratado de obviarlo.

Roberto Rivas ha estado ligado al Cardenal Miguel Obando y Bravo, ¿sus declaraciones podrían interpretarse como una muestra de las diferencias entre la facción que lidera el Cardenal y la que lidera el arzobispo Brenes?
No sé, la política aquí tiene mucho de teatro, mucho de esas peleas de lucha libre, son falsas. Dudo que eso signifique una ruptura, es posible que mañana esté feliz o besándole la mano a los obispos a los que ha criticado, es decir, no sé hasta qué punto eso signifique algo serio, de fondo.

Sí creo y es la parte buena en todo lo negativo, de que al hablar Roberto Rivas ha señalado algo que debería tener en cuenta la jerarquía católica: el tema del abuso sexual sea o no cometido por sacerdotes jamás se incluye en la reflexión de los curas. Peor que la epidemia de leptospirosis es la del abuso sexual contra niñas y niños. Habrá que ver cómo se defienden los obispos.

Monseñor Hombach decía en una entrevista a un canal, que conocía al sacerdote del que habló Rivas y que no sabía que tuviese “esas mañas”.
Sí, capeó el bulto. Le llamó mañas y no sé si por ser alemán no se da cuenta que mañas no es la palabra adecuada, eso es un delito. En lenguaje civil es un delito, en lenguaje religioso es un pecado. Eso se ha minimizado a lo largo de la historia de la Iglesia como algo que hay que encubrir, que hay que comprender, que hay que perdonar.

Este es un tema gravísimo. Lo que pasa es que este país está presidido por una persona que ha utilizado también la violencia sexual. Con este tema se abre un campo minado.

Estamos ante la doble moral de la Iglesia y de un magistrado que se defiende atacando.
Roberto Rivas quiere encubrirse en el silencio de los obispos para tapar lo que le han señalado sobre el fraude electoral. Y los obispos, no he oído hablar a Báez ni a Brenes, pero yo me remito al caso Dessi.

La jerarquía católica debió haber tenido un señalamiento, un llamado a la sociedad, un apoyo a las víctimas de ese sacerdote y no lo hubo. Los obispos no están yendo a fondo de eso que dice Rivas.

Hay muchos más casos de lo que nos imaginamos, está bastante naturalizado en zonas rurales que los padres tengan amoríos con jovencitas. Esos son abusos. Las relaciones de sacerdotes con niñas de 15 años, de 16, son abusos de poder y eso ocurre en el campo.

¿Las declaraciones de Rivas podrían calar en la feligresía?
Feligresía es mucho decir. Hay feligresía que todo lo que dice el sacerdote es la verdad, van a decir que el padrecito que abusa de niñas hace cosas buenas y hay que perdonarlo. No creo que haya cambios sustanciales. El tema de la sexualidad en todos los sentidos en la Iglesia Católica ha sido siempre un gigantesco tabú.

No creo que lo que diga Roberto Rivas o que lo que se discute en los medios haga cambios sustanciales. Ese trabajo de polilla deberíamos hacerlo desde los medios y poner el dedo sobre la llaga, hay que hacerlo fuera del templo. La Iglesia somos todos. Nos corresponde a todos mover la conciencia. En Nicaragua es una epidemia el abuso sexual, y en esa epidemia colaboran los sacerdotes y la gente vinculada a la Iglesia que utiliza su poder sagrado para abusar.

¿Cree que Roberto Rivas habla de eso a modo de chantaje?

Por eso. Y no sabemos cuál es la vida privada de Roberto Rivas. No sabemos por qué ha sacado ese tema. Parece una salida de baño. Ojalá al usar esa salida de baño para tapar el fraude electoral hiciera reflexionar a una sola persona.

Hasta ahora nadie del Gobierno ha secundado a Rivas, ¿qué tanto se podrían complicar las relaciones Iglesia-Estado, Iglesia-Gobierno luego de esto?
En este país hay muchos tejados de vidrio y entre bomberos no se pisan la manguera. Nadie va a secundar a Roberto Rivas.

Este es un debate político no un debate ético. Aquí hay muchas historias escondidas en los debates políticos que muchas veces explican las complicidades, las alianzas, etcétera, ojalá alguien, bastaría alguien, reclamara a la jerarquía católica una firmeza mayor cuando el abuso sexual lo comete un sacerdote. Habría que agradecérselo a Roberto Rivas, pero no creo que su palabra tenga la credibilidad suficiente.