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Parece un Dejá Vu. Los mismos protagonistas: el gobierno de turno, las ambiciones de Costa Rica, la miseria en esa esquina del país y el Río San Juan, esos 200 kilómetros de agua donde --como anotó hace cinco años el sociólogo José Luis Rocha mientras nos debatíamos en el mismo tema-- se juega, vende, alquila, venera y prostituye la nicaraguanidad.

El departamento de Río San Juan fue elevado a esa categoría en 1949 por el dictador Anastasio Somoza García, quien compró abundantes tierras en las márgenes del río. Desde antes, sin embargo, la zona era tan codiciada como olvidada.

La situación no ha mejorado en los últimos 30 años, y la tardanza con que los servicios básicos llegaron a la zona es muestra del eterno olvido que ha padecido.

Fue hasta 1992 que el municipio de El Castillo pudo gozar de energía eléctrica; dos años después llegó la red telefónica y hasta 1999, a San Carlos, cabecera departamental de Río San Juan, no llegaba ninguna señal de televisión nacional. Hasta ahora ningún gobierno ha construido la carretera que va a la zona.

“La zona fronteriza con Costa Rica es un modelo de cómo sucesivos gobiernos nicaragüenses dejan comunidades y municipios enteros en manos de la Divina Providencia y en las de hordas de piratas, filibusteros y saqueadores de los recursos naturales”, escribió José Luis Rocha en la Revista “Envío” en 2005.

Lo más reciente

Hace casi año y medio, Nicaragua volvió a llenarse de aires nacionalistas con la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de la Haya que ratificó la soberanía nica sobre el Río, y permitió también que Costa Rica navegue en 140 kilómetros de sus aguas por razones de comercio.

El eslogan “Tan nica como el Río San Juan” resonó nuevamente en las calles tanto como ahora. La joven Patricia Zapata, estudiante del Instituto “Modesto Armijo”, de Managua, es una de las muchas contagiadas por estos aires nacionalistas.

“El gobierno no debe permitir que Costa Rica se nos robe el San Juan”, comentó cuando fue consultada por el conflicto que hoy ocupa al país. Muchos como ella desconocen lo que está en juego en este nuevo capítulo de controversias con el vecino país del Sur.

El gobierno inició en octubre la limpieza del río para que recupere su caudal. Dos días después de iniciadas las labores de dragado Costa Rica protestó porque supuestamente los sedimentos fueron depositados en su territorio, y el conflicto subió de tono cuando ese país acusó a Nicaragua de invadirlo.

Nicaragua sostiene que los militares acusados de invasores están asentados en territorio nacional, y solicitó que se emprendan, a la brevedad, las labores de amojonamiento para establecer definitivamente la frontera entre ambas naciones.

Costa Rica llevó el conflicto a la OEA, pese a que la instancia adecuada es la Corte Internacional de Justicia de la Haya, y el organismo interamericano emitió una resolución que recomienda el inicio de pláticas sin presencia de fuerzas armadas en la zona en conflicto.

La resolución de la OEA exacerbó aún más los aires nacionalistas, pues la recomendación es vista como una forma de lesionar la soberanía nacional. “Nosotros, por principio, no nos estamos retirando de ningún sitio en territorio fronterizo con Costa Rica… La propuesta de la OEA dice que dejemos el terreno libre al narcotráfico”, expresó el presidente Daniel Ortega tras conocer la resolución del organismo.

Detrás de todo persiste el estribillo que anima esta canción: “el río es nuestro”, pese a que la discusión está centrada en otros términos. Antes de que fuese emitida la resolución y para reafirmar nuestra soberanía, 84 diputados sesionaron en San Carlos --esa ciudad donde los habitantes cruzan la frontera con el pecho henchido de orgullo nacional--, y navegaron por el río hasta llegar al lugar donde están los militares.

José Luis Rocha hace una afirmación fácilmente demostrable en esta época donde se ama a la Patria sin estar en septiembre. “El río San Juan ha adquirido un carácter mítico, y eso significa que hay muchos nervios que conectan ese río a la imagen con la que nos vemos los nicaragüenses. Diversos acontecimientos han hecho que el Río San Juan esté siempre presente en la imaginación de los nicaragüenses. Es un río-nervio nacional. Muchos países y regiones tienen su río-nervio, su río-mito, su río-historia: el río Masacre, entre Haití y República Dominicana; el Volga, en Rusia; el Ganges en la India; el Mississippi, en Estados Unidos; el Nilo en Egipto; el Mekong en Indochina, el Congo, en África; el Támesis, en Inglaterra”.

Contengamos la respiración un momento para no inhalar el aire nacionalista y demos un vistazo a esa región mítica e increíblemente olvidada.

Costa Rica más cerca de ellos

Los pobladores de San Juan del Norte están en todos los sentidos más cerca de Costa Rica que de Nicaragua. El país del Sur es el destino del 53% de migrantes nicaragüenses.

Muestra de esta cercanía es que hasta el año 2000 en San Carlos los telenoticieros ticos eran los preferidos, de acuerdo a una investigación realizada por la comunicadora social Eva García. En la actualidad muchos de sus habitantes se cruzan la frontera para acudir a los puestos de Salud de Costa Rica.

“Muchos estarán de acuerdo conmigo en que hace falta una disposición constante de los diputados, del Gobierno Central y de las instituciones para ponerle más mente a nuestro territorio y a los recursos naturales. No solamente en estas situaciones de impasse y controversia con Costa Rica debe sentirse la presencia contundente de nuestras autoridades. El desempleo es galopante en esta zona”, expresó Sergio Arias Guido, líder laico de San Carlos.

La situación en San Carlos es casi la misma desde hace varios lustros. Es imprescindible anotar que dos altos funcionarios estatales son originarios del lugar, el vicecanciller Manuel Coronel Kautz y el Fiscal General, Julio Centeno Gómez.

Arias Guido grafica la situación más clara: “Nosotros apoyamos a nuestras autoridades, pero les hacemos un llamado, necesitamos mejor atención, no tenemos médicos especialistas. Necesitamos fortalecer a las instituciones para que le den cobertura a las otras áreas de la frontera. Allí hay muchas necesidades, problemas de transporte, problemas de higiene, problemas ambientales”.

“Este es uno de los sitios más pobres del país. Yo he llegado muchas veces y dan ganas de llorar. Los nicaragüenses se cruzan el río para ir a trabajar a Costa Rica”, comenta Dora María Téllez.

El diputado ante la Asamblea Nacional por Río San Juan, Carlos Olivas hizo énfasis en la necesidad de destinar mayores recursos a este departamento.

“Necesitamos una estrategia de ribetes nacionales para ayudar a la gente sanjuaneña. De esa forma estaríamos defendiendo el Río San Juan. Nuestras comunidades necesitan educación y empleo. No se puede amar lo que no se conoce, y si le das empleos y educación, están dispuestos a defender lo suyo”, agregó Arias Guido.

Un poco de historia

En 1525 el Alcalde de Granada y Regidor, Ruy Díaz, acompañado por los capitanes Hernando de Soto y Sebastián de Benalcázar, llegaron a un sitio conocido como la Casa del Diablo, junto al raudal de El Castillo, para estudiar las posibilidades de convertir el Río en una vía de comunicación con el Atlántico.

En 1529 Diego Machuca y Alonso Calero concluyeron la exploración del Río San Juan o Desaguadero de la Mar Dulce, consiguiendo abrir una ruta comercial entre Granada y muchos puertos del Atlántico.

En 1545, el Obispo de Nicaragua, Fray Antonio de Valdivieso informó a la Corona Española que esta provincia era la llave de la Mar del Sur y solicitó el envío de 50 esclavos negros para limpiar los raudales que obstaculizaban la navegación de barcos de mayor calado por el Río San Juan.

En 1555, el Consejo de Indias estudió un proyecto para eliminar los raudales del Río San Juan, 11 años después de que los granadinos insistieran ante la Corona Española para que el Río fuera dragado.

En 1567 el ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli fue enviado por Felipe II a estudiar la Ruta de Nicaragua para pasar de un océano al otro. Antonelli informó de las enormes dificultades que implicaba habilitar tal ruta, pero el sueño persistió. Las travesías de piratas y militares ingleses se encargaron de mostrar que tal ruta sí era posible.

Algunos de los mitos que estructuran la nacionalidad nicaragüense tuvieron al Río por escenario. El infaltable en todos los libros escolares de historia es el de Rafaela Herrera, la adolescente que enfrentó a los invasores ingleses que en el siglo XVIII quisieron tomar la fortaleza de El Castillo.

Lo que ocurrió en esta zona de Nicaragua estaba en función de lo que el Río ofrecía. Para frenar las incursiones de los piratas franceses, daneses e ingleses, se construyó en 1602, el fuerte Santa Cruz frente al raudal conocido como El Diablo. Las invasiones piratas arreciaron. Los más insistentes y feroces fueron Jean David Nau --apodado Francois l’Ollonais--, John Davis, Jackman, John Morris y Henry Morgan, quien en dos ocasiones, 1665 y 1670, penetrando por el Río San Juan, saqueó Granada.

Sobre los restos del antiguo fuerte Santa Cruz, entre 1673 y 1675 se construyó El Castillo de la Inmaculada Concepción. Esa fortaleza constituyó durante más de un siglo la más grande fortificación colonial de Centroamérica y el principal puesto de las fuerzas españolas para atalayar e interceptar las invasiones piratas y dar una mínima estabilidad al país.

La fortaleza de El Castillo no puso un coto total a las invasiones. No por casualidad, el Obispo de Nicaragua, Agustín Morel de Santa Cruz, primer obispo que visitó el Río, en 1752 definió a El Castillo como el infierno de Dante.

Casi dos décadas más tarde, en 1780, una expedición de dos mil quinientos soldados británicos remontó el Río con intenciones de apoderarse de Nicaragua y cortar las comunicaciones entre las colonias españolas. Al mando del pequeño buque Hinchinbroock iba un casi adolescente, Horacio Nelson.

La destrucción de El Castillo fue decretada por orden real, el 4 de septiembre de 1781, un mandato que jamás se cumplió. Se le mantuvo con un escaso número de militares, el suficiente para resguardarlo. El fuerte de San Carlos pasó a ser ocupado por la guarnición principal y contundentemente reforzado. El Castillo quedó como resabio de una época. Y ahora es uno de los atractivos turísticos de la zona.


(Extraído de Revista Envío y escrito por José Luis Rocha)