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La historia de Nicaragua está llena de protagonistas extranjeros -–estadounidenses sobre todo-- que llegaron al país a pedido de nacionales. El fenómeno data desde décadas atrás, y tiene su principal representación previo a la Guerra Nacional cuando un leonés de nombre Máximo Jerez solicitó “ayuda” a un foráneo para combatir sus diferencias con los compatriotas granadinos.

El extranjero se autoproclamó presidente, instauró la esclavitud y declaró el inglés como idioma oficial. Se nombraba William y apellidaba Walker, filibustero, oriundo de Tennesse. Es el William Walker que el actual presidente Daniel Ortega evoca en sus discursos para desdeñar la injerencia extranjera, tan clara en la historia y con vigencia en el presente nicaragüense.

En su libro sobre la gesta de Benjamín Zeledón y la “Restauración Conservadora”, Gregorio Selser rememora una frase que pronunció Zeledón mientras veía desde las alturas de El Coyotepe que los gringos subían y atrás quedaban derrotadas sus huestes famélicas e insomnes. “Ellos no tienen la culpa, sino los que los llamaron…”, dijo refiriéndose a los extranjeros aquel día, justo cuando lo mataron.

“Presencia del destino”

La frase fue calificada por Selser como la “presencia del destino”. ¿Destino? Los políticos de hoy no se atreven a reafirmarlo. ¿Es nuestro destino buscar en el extranjero la solución a los problemas internos? El opositor Eduardo Montealegre tiene su propia respuesta, no ve incorrecto que en el contexto actual, las instancias regionales y gobiernos amigos faciliten la solución a las controversias internas.

Recientemente el Secretario General de la OEA visitó el país a pedido de la Asamblea General de ese organismo, con el fin de recabar información para realizar un análisis sobre el conflicto fronterizo con Costa Rica. Los opositores gritaron al cielo; ¿cómo era posible que José Miguel Insulza viniera el país e hiciera caso omiso a las denuncias de irrespeto a la institucionalidad?

Resienten que Insulza vino a ver la mitad
“El Secretario General de la OEA vino aquí a ver una parte de la realidad, como caballo cochero, haciendo caso omiso de lo que ha estado sucediendo en Nicaragua y de lo que está perfectamente informado”, dijo a EL NUEVO DIARIO la disidente sandinista Dora María Téllez.

Y, por otro lado, el opositor Fabio Gadea Mantilla le espetaba: “El señor Insulza debería de leer la Carta Democrática de la OEA, actuar de inmediato, y decirle a don Daniel (Ortega) que no debe de violar la Constitución, y que no hay que violar las leyes porque no hay que jugar con los poderes del Estado”.

Los opositores no han podido contener las acciones dirigidas desde el Ejecutivo en los distintos poderes del Estado.

Eduardo Montealegre también ex candidato presidencial, justifica los múltiples pedidos para que la OEA “haga algo” contra las arbitrariedades de Ortega aduciendo que para “eso es” la instancia.

“Es lamentable que Insulza sólo se haya enfocado en un tema”, considera el opositor, quien en reiteradas ocasiones ha criticado que el Secretario General de la OEA se “ha hecho de la vista gorda sobre el fraude en las elecciones municipales”, y en giras recientes a Europa ha insistido en que se reconozca a Ortega no como “el joven revolucionario romántico”, sino como “la copia exacta del dictador Anastasio Somoza”.

Los reniegos de Ortega

Daniel Ortega se defiende cuando escucha esas críticas exaltando el nacionalismo y atacando el “injerencismo”. “Pirata holandés” llamó a un eurodiputado que lo criticó durante una rueda de prensa en Managua, en la que participó Montealegre y otros opositores, a quienes calificó de “vende patria y peleles criollos”.

Pelele fue el término usado por Sandino para referirse a los políticos pro-gringos. Hoy la palabra está de moda.

La Nota Knox y su nueva modalidad

Estados Unidos ha influido significativamente en la política nacional desde inicios del siglo pasado. La célebre Nota Knox que obligó en diciembre de 1909 a José Santos Zelaya a dejar el poder tras 17 años, es una de las muestras de esa influencia.

“Le sucedió el doctor José Madriz, electo por la Asamblea, y el gobierno norteamericano no quiso reconocerlo porque la revolución, que había estallado en los últimos dos meses de la administración del general Zelaya, todavía continuaba en pie”, relata Pío Bolaños en su libro “Génesis de la intervención norteamericana en Nicaragua”.

A Madriz lo sucedió José Dolores Estrada, quien pocos días después le entregó el cargo a su hermano, Juan José Estrada, jefe de la revolución contra Zelaya. Así, pues, el país quedó en manos de los conservadores, los que rápidamente buscaron la venia norteamericana.

La llegada de mister Dawson

“Llegó a fines de octubre de 1910 a Managua, mister Thomas Dawson como agente del gobierno norteamericano, y en noviembre firmó con los principales jefes de la revolución convenios en que se estipularon las bases en que el gobierno norteamericano se obligaba a reconocer al gobierno presidido por el general Juan José Estrada”, prosigue Bolaños.

Fue en ese tiempo que, como asevera el historiador Roberto Sánchez en su libro “El recuerdo de Managua en la memoria de un poblano”, los “ministros plenipotenciarios norteamericanos acreditados en Nicaragua se convierten en los grandes electores”.

“Hasta la sede diplomática llegan los políticos criollos en busca de la voluntad imperial que los haga Presidente de la República”, recuerda Sánchez. La situación no varió del todo durante el régimen de Anastasio Somoza García, quien fungió como representante de los intereses estadounidenses en Centroamérica.

Valenzuela al tanto

Durante los gobiernos que precedieron al de Daniel Ortega, los diplomáticos estadounidenses fueron actores claves en la política criolla, actuando como unificadores de los entonces partidos anti-sandinistas.

A finales de octubre de este año, visitó el país el Secretario Adjunto para Asuntos Hemisféricos del gobierno de Estados Unidos, Arturo Valenzuela, quien no emitió ningún comentario sobre la situación política nacional.

“El encuentro con el señor Valenzuela fue más que todo un conversatorio importante. Hablamos con él y le pusimos al tanto de los problemas que teníamos. Problemas con observadores que no quiere autorizar el Gobierno de Nicaragua... que debemos tener elecciones limpias, problemas con la cedulación, problemas de todo tipo”, dijo Fabio Gadea Mantilla, opositor y precandidato presidencial.

Parece que los tiempos han cambiado. Valenzuela les dijo –narraron los opositores-- que su gobierno trabajará con el que gane “legítimamente”, pese a que extraoficialmente se conoció que trató de persuadir a los políticos de la ALN a devolver ese partido a su antiguo representante Eduardo Montealegre. La razón, a criterio de los expertos en relaciones exteriores, es que Nicaragua dejó de ser hace mucho una prioridad en la política exterior estadounidense.

El otro lado de la realidad: Chávez mentor de Ortega

Del otro lado están las críticas de los opositores. Enrique Sáenz, del Movimiento Renovador Sandinista, MRS, acepta que existe en ciertos sectores la necesidad de que los extranjeros dicten normas en la política nacional.

“Eso es algo que tenemos que desterrar, es un problema de autoestima, de dignidad que debemos de reafirmar tanto frente a Estados Unidos y también frente a (Hugo) Chávez”.

Desde la asunción de Ortega al poder, en 2007, su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez ha fungido como su benefactor. Los opositores critican el sometimiento de Ortega a Chávez y que la política exterior esté subordinada a los intereses del mandatario venezolano.

“Me preocupa lo que vimos en los años 80 con los cubanos y lo que estamos viendo ahora con los venezolanos, que sí están influyendo en la política interna”, dice Montealegre.

Pendiente del diferendo por el Río San Juan

En una de sus últimas comparecencias públicas donde habló sobre el conflicto limítrofe con Costa Rica, Ortega saludó durante la cadena de radio y televisión a su mentor venezolano.

“Pero bueno, quiero concluir, porque el Presidente Hugo Chávez, querido compañero comandante, me dijo que iba a estar pendiente de esta intervención. Él es amante del deporte, y aquí somos amantes del deporte y hay una gran expectativa hoy, querido hermano presidente comandante Hugo Chávez, porque hay una pelea entre un gran peleador mexicano, Antonio Margarito, y un gran peleador filipino, Pacquiao, la van a transmitir, pero tenemos tiempo todavía”, dijo.