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El compañero de jornadas políticas de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cree que Nicaragua corre el peligro de un conflicto social y político provocado por la posición ventajosa pero ilegal en que se encuentra Daniel Ortega como un competidor electoral a quien no le asiste la razón constitucional.

Avizora que si Ortega insiste en utilizar la violencia callejera para amedrentar a sus opositores, los resultados serán peores y Nicaragua estaría frente a una situación de violencia.

Sobre todas las cosas, pese a su experiencia política de muchos años, Jarquín se muestra sumamente optimista y basa su tesis en que aumentará y fluirá el sentimiento anti Ortega en la futura contienda electoral.

En términos políticos, y basados en los resultados de 2010, cuyo año comenzó con un decretazo, entre otras sorpresas, ¿cómo pinta el año 2011?
Con un gran riesgo de aguda conflictividad social y política, como recientemente lo advirtió el obispo emérito de Granada, monseñor Bernardo Hombach. Las elecciones inevitablemente se van a polarizar, con Ortega o contra Ortega. Este iniciará el año con todas las cartas en sus manos: Consejo Electoral a su medida; fiscal electoral a su medida; indiferencia o tolerancia internacional frente a sus desmanes institucionales; Alemán insistiendo en una candidatura que no tiene la menor posibilidad de unificar a la oposición, pero sí dividirla; decisión de la Corte Suprema de Justicia autorizando su candidatura.

De modo que, en la medida que el ambiente político se caliente y se polarice, la única posibilidad es que comience a perder cartas, y eso ocurrirá inevitablemente porque hay una realidad invariable: aunque Ortega ha consolidado su base política, sigue siendo minoría, minoría fuerte, pero minoría.

Él puede estar confiando en que ha recuperado el monopolio de la violencia, entre la tolerancia policial y sus turbas. Pero eso también puede cambiar. No hay nicaragüenses más valientes o cobardes que otros. Así ocurrió en los ochenta, cuando se creía en la superioridad de la valentía sandinista, hasta que los contras mostraron en el terreno que tenían el mismo valor y arrojo. Y ocurre que piedras, garrotes y morteros están al alcance de todos los nicaragüenses. Si Ortega insiste en cerrar oportunidades electorales, confiando en su monopolio de la violencia callejera, se equivocará una vez más, y él será el único responsable si la preocupación de monseñor Hombach se vuelve realidad y aquí hay violencia.

Todo indica que tres fuerzas opositoras se disputarán el poder con un Daniel Ortega fortalecido en sus propias acciones. ¿Cuánto de cierto es esa realidad?
Hay que superar un engaño o espejismo: ni el doctor Alemán, ni otros que se dicen opositores y fueron elegidos con votos opositores porque en la Asamblea Nacional cada vez que Ortega los necesita votan a favor de él, no forman parte de la oposición hoy por hoy. En términos reales solamente hay una candidatura opositora, la de Fabio Gadea Mantilla.

Usted es muy optimista con Fabio Gadea, ¿dónde radica ese optimismo?
En cuatro razones: primero, la inmensa mayoría de liberales constitucionalistas que efectivamente son opositores no quieren la candidatura del doctor Alemán, y quisieran la unidad en torno a Fabio Gadea; muchos de esos liberales siguen estimando personalmente al doctor Alemán, pero ven sus limitaciones políticas; segundo, Montealegre y el MRS, que juntos sacamos la misma cantidad de votos que Ortega en 2006, ahora estamos unidos y no divididos como en ese año; tercero, hay otras fuerzas políticas y de la sociedad civil que se han integrado a la Unidad Nicaragüense por la Esperanza (UNE), y lo que suman no es poco; finalmente, la elección como dije antes se polarizará, o con Ortega o contra Ortega, y Fabio representa el polo anti-Ortega. El “Todos contra Ortega” de las municipales de 2008 volverá a resonar.

Usted viene trabajando desde los años 70 en esfuerzos de unidad opositora, ¿Por qué no se crean esas condiciones ahora, ha cambiado la clase política o las condiciones objetivas?
Ortega, al vaciar de principios al FSLN, ha reproducido la cultura política del somocismo. Pero ahora hay una gran diferencia: hasta antes del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro había una significativa prosperidad económica, de modo que muchos sectores sociales, principalmente la clase media urbana, no quería saber de política. Ahora venimos de cuatro años de relativo estancamiento económico; es cierto que no hay una gran crisis económica, pero tampoco hay prosperidad, y de hecho las clases medias urbanas se han empobrecido, y lo cobrarán en las elecciones.

¿Cuál es el balance que usted tiene del comportamiento de la oposición en 2010?
Si tenés en cuenta lo que señalé antes, que hay diputados elegidos con votos opositores pero han actuado como aliados de Ortega en la Asamblea Nacional, y que los medios de comunicación con frecuencia los siguen erróneamente considerándolos opositores, la imagen de la oposición ha sido desastrosa, incapaz de revertir en la Asamblea Nacional ninguno de los abusos de Ortega. En ese balance de clarososcuros, podría en el lado claro que los diputados del PLC no le dieron a Ortega las reformas constitucionales que hubiese querido para legitimar su candidatura a la reelección, hoy por hoy inconstitucional. Pero si la imagen de la oposición te la formás exclusivamente en base a las fuerzas que están respaldando a Fabio Gadea Mantilla, es otro el cuento, pues ha habido firmeza y consecuencia.

¿Hay alguna relación entre las estrategias de Somoza y las de Ortega para dividir a la oposición?
Hay semejanzas y diferencias. Una semejanza es que Ortega le está diciendo a los sectores empresariales lo mismo que Somoza: “si no te metés en política, podés hacer negocios”. Otra semejanza fue convertir aparte de la oposición en “zancuda”, resignada a tener una cuota de curules, de magistraturas y del presupuesto, pero habiendo renunciado al poder. Pero hay una diferencia dramática: la política clientelar de Somoza se basaba en crecimiento económico y la consecuente robustez de las finanzas públicas, de modo que ese clientelismo fue sostenible por varias décadas. La política clientelista de Ortega depende del subsidio de Chávez, de modo que no es sostenible cuando ese subsidio desaparezca, y a Chávez ya se le cuentan los días.

¿Podrá la oposición lograr en 2011 lo que no pudo hacer en 2010?
Definitivamente que sí, porque como dije antes habrá una polarización, y nadie o casi nadie quedará en medio. Con mayor razón si el doctor Alemán recapacita y retoma la lógica de Metrocentro, en que vimos sentado a todo el espectro anti-Ortega. No veo imposible que esa imagen de Metrocentro se repita.

¿Mantendrá el MRS la posición de no unirse al PLC si va Alemán, qué futuro le ve a las alianzas, hacia dónde se moverán?
No voy a entrar en descalificaciones personales que no son de mi estilo. Es viendo del presente hacia el futuro, y leyendo lo que dice la gente y las encuestas, que resulta obvio que no es posible la unidad de la oposición en torno a una candidatura del doctor Alemán. Si queremos derrotar a Ortega, el candidato no puede ser el doctor Alemán. Así de sencillo.

¿Qué escenarios ve usted en la búsqueda de la unidad?

El principal, que en enero la candidatura de Fabio Gadea agarre viento de cola. Y en febrero, con un doctor Alemán que no rebasará el 10% de intención de votos en las encuestas, se baje del caballo, facilite la unidad opositora y se repita la imagen de Metrocentro, con un PLC definitivamente alineado en la oposición.

Me parecería, en términos de construcción de escenarios, que personas o entidades con capacidad de convocatoria nacional, como la Conferencia Episcopal, pero no solamente ella, hagan una propuesta de reglas del juego mínima, incluyendo la garantía a Ortega y el orteguismo, así como a Alemán y Alemancismo, que en Nicaragua no volverá a haber, independientemente del resultado electoral de noviembre de 2011, una nueva redistribución radical del poder, de la propiedad y de las reglas del juego, y que para beneficio de todos, todos sin excepción, retomaremos el camino de la institucionalidad democrática como base del crecimiento económico y la prosperidad compartida.

Hay presiones contra Alemán para mantener la desunión, también contra Montealegre, ¿qué cartas podría utilizar el orteguismo para mantener la desunión si las anteriores no surten?
Montealegre ya dio su paso: declinó a favor de un tercero. Solamente falta que Alemán haga lo mismo. A la sumatoria Montealegre, PLC, MRS, que fuimos desunidos en 2006, pero que juntos sacamos casi un 60% más de votos que Ortega, le queda muy poco a Ortega para jalar hacia su lado.

La apuesta del orteguismo
Por algunos movimientos del ajedrez político del FSLN, respeto de Alemán y Montealegre, a quienes le recuerdan episodios de sus cuentas pendientes, se desprende que existe preocupación en el campamento orteguista por la unidad que pueda alcanzar la débil oposición. Jarquín no lo ve todavía pero cree que las cartas con que cuentan hoy y que están en sus manos, comiencen a caer.

Se fue 2010 y Ortega no consiguió la legitimidad esperada en los 56 votos, ¿a qué cree usted apostará Daniel Ortega?
A dos cosas: por un lado, indiferencia y tolerancia internacional; por otro, a la “resignación” de los nicaragüenses. Ninguna de las dos cosas se dará.

¿Qué expectativas tiene usted de un año electoral con condiciones adversas para la democracia?
Se puede administrar un fraude en el margen, robarse entre un 5% y 10% de los votos. Pero cuando se pierde, como Ortega perderá, con una diferencia de 50%, no hay fraude posible.

Nicaragua va a elecciones con un candidato que no puede ser, un CSE que no existe legalmente y un fiscal electoral que es orteguista. ¿Qué garantías ve usted?
Las condiciones institucionales son adversas, pero no podemos cometer el error de la oposición de Venezuela en 2004 en que se abstuvo y dejó el camino libre a Chávez. Sobre todo porque la oposición en Nicaragua, a diferencia de Venezuela en 2004, es mayoría, y una mayoría abrumadora. Esta es la principal garantía que yo veo.

¿Cómo reaccionará el mundo frente a esta apuesta del orteguismo?
Si nos movilizamos masivamente, y derrotamos al orteguismo abrumadoramente, la apuesta de Ortega por la indiferencia o tolerancia internacional, resultará totalmente fallida.

¿Observa algún signo de preocupación en el orteguismo luego de no haber conseguido la legitimidad esperada, qué señales hay?
Todavía no hay señales, pero cuando se le comiencen a caer las cartas de las manos…