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El destino político del ex candidato presidencial Eduardo Montealegre Rivas parece más incierto que nunca y, contradictoriamente, después de que el Consejo Supremo Electoral, CSE, a través de una resolución le quitó la representación legal y la presidencia del partido Alianza Liberal Nicaragüense, ALN, ha recibido el apoyo de quienes, tras bambalinas, contribuyeron a su defenestración partidaria.

Voces de los más altos directivos del Partido Liberal Constitucionalista, PLC, se levantaron inmediatamente en respaldo a Montealegre, quien, sin embargo, se niega a asumir una decisión sobre su candidatura para la alcaldía de Managua, como se lo exige públicamente el presidente honorario del PLC, Arnoldo Alemán.

Y es precisamente por esa indecisión que Montealegre es culpado de la debacle de ALN y de su propia incertidumbre política.

Por un lado, el PLC ofrece la casilla uno como “única garantía” de sus aspiraciones; por el otro, Montealegre se niega a regresar al partido que un día lo vio irse por contrariar las decisiones del caudillo.

Y pese a la oferta, la misma dirigencia del PLC responsabiliza a Montealegre de su casi muerte política y de propiciar la división liberal.

“La persona (Eliseo Núñez Hernández) que ahora le está disputando la presidencia de ALN fue a quien él (Montealegre) utilizó en el pasado para dividir al PLC y crear una supuesta división de los liberales”, expresó recientemente el primer vicepresidente de ese partido, Wilfredo Navarro.

Navarro culpa a Montealegre y a quienes le rodean de torpedear el proceso de unidad de las denominadas fuerzas democráticas; sin embargo, reconoce que también dentro del PLC existen dirigentes que no quieren la unidad de los liberales.

El vicepresidente del PLC sostiene que en su partido, quienes no quieren la unidad, también contribuyeron a la destitución de Montealegre como presidente y representante legal de ALN en un afán por lograr uno de dos objetivos, o hacerlo regresar a las filas del PLC; o sencillamente neutralizarlo como líder de la oposición en contubernio con el FSLN.

“Hay gente en ALN y el PLC que fundamenta sus decisiones en intereses personales y de acuerdo con los compromisos adquiridos con el Frente Sandinista”, señala Navarro.

Para Navarro, Montealegre recibió lo que merece, primero al dividir al PLC permitiendo el triunfo del Frente Sandinista en las elecciones nacionales de 2006; y luego al perder la presidencia de ALN a manos de sus mismos aliados, encabezados por Eliseo Núñez Hernández, Carlos García y Jamileth Bonilla, de esta última se dice que nunca abandonó el PLC.

Para Navarro, Montealegre no tiene otra opción política que no sea el PLC. “A menos que pacte con el Frente Sandinista para evitar que le abran un juicio por el caso de los Cenis”, explicó.


Negociación en desconfianza
La desconfianza es la base de toda negociación política, y sobre esa premisa Eduardo Montealegre no se decide a aceptar la candidatura a la alcaldía en una alianza encabezada por el PLC; ni el PLC está dispuesto a romper el pacto con el Frente Sandinista, pues ello implicaría que su máximo líder termine en una celda en la cárcel Modelo de Tipitapa.

En base a esta desconfianza y a los compromisos con el FSLN, según Navarro, es que tanto a Montealegre como a Alemán no les interesa en realidad la unidad.




Montealegre culpable de su desgracia

Leina García
Una semana fue necesaria para cambiar el panorama del juego político frente a las elecciones municipales de este año. El primer hecho fue la aprobación de un calendario, por parte del Consejo Supremo Electoral, que limita el tiempo de los partidos en la conformación de alianzas y selección de candidatos; luego, una estocada a Eduardo Montealegre cuando, mediante otra resolución del Poder Electoral, le quitaron la presidencia y representación legal de Alianza Liberal Nicaragüense, ALN.

Las piezas de este dominó, manera en que el analista Oscar René Vargas ilustra el contexto de la política actual, han cambiado de posición. Todo por el principio de la correlación de fuerzas en la política, donde claramente el Frente Sandinista tiene la ventaja, aunque no la hegemonía.

“Ningún político pertenece a la orden de Madre Teresa de Calculta, esto es como un juego de boxeo, si tu contrincante te ve débil, pega para acabarte”, dice.

Uno de los “jaque” fue para Eduardo Montealegre, quien, según Vargas, no supo cuidar sus jugadas, a tal punto de quedar neutralizado por los que comparten el poder desde las instituciones; “ALN ahora es la vaca muerta donde todos acuden a ver qué pedazo de carne pueden sacar”, explica.

Vargas ve drásticos movimientos en el futuro, alianzas de conveniencia, salidas y entradas de algunos personajes, entre ellos Jamileth Bonilla, quien parece acercarse cada vez más a su “familia” del PLC; también Enrique Quiñónez, precandidato a la vicealcaldía, quien hasta hace poco parecía pertenecer más a las filas de ALN que a su partido oficial.

El reparto de lo que queda de ALN, ahora bajo la bandera del PLI, también se confirma con las “pláticas” que han iniciado miembros del Movimiento Renovador Sandinista, MRS, y el Partido Conservador, PC, quienes ante el nuevo contexto electoral no descartan una alianza estratégica.

Pero no sólo estos partidos, el PLC es el primero en husmear en la “vaca muerta”, pues el analista afirma que el objetivo de Alemán es someter a Montealegre a su voluntad, recuperar la posición de segunda fuerza que perdió en 2006 y consolidarse bajo una sola bandera liberal para ser el futuro candidato presidencial.


Ambigüedad lo llevo al fracaso
La falta de visión, ambigüedad y reiterados errores políticos son los motivos que para Vargas, propiciaron la caída del débil liderazgo de Eduardo Montealegre, pues desde que concluyeron las elecciones presidenciales sembró los cimientos para el declive de su liderazgo.

Vargas resumió los principales errores que cometió, a saber, “Montealegre no debió apoyar los Consejos del Poder Ciudadano, CPC, ni dejar pasar la Ley Marco, tampoco debió reunirse con Daniel Ortega, ni construir una alianza con indecisiones, aparte dejó que el partido se le fraccionara y que se le fueran de su propia comisión electoral”.

A juicio del analista, el FSLN sólo se aprovecha de una situación que la propia derecha ha facilitado, así el partido de gobierno logra negociar “coyunturalmente” con Montealegre o Alemán, según lo necesite.

Otro que se ha aprovechado de las malas decisiones políticas de Montealegre es Alemán, “quien a diferencia de los demás, es visionario y sabe lo que quiere”, por ello ha debilitado el liderazgo del ex presidente de ALN.

“Tampoco se debe creer que Arnoldo Alemán es el títere del FSLN, porque no es así, él actúa también por conveniencia. El FSLN cree que lo usa, y Alemán cree que usa al Frente, todo con resultados políticos que talvez ahorita no se vean en el PLC, pero a futuro podrían tener resultados”, destacó Vargas.

Para Vargas, Montealegre no debe ser visto como una víctima, “primero porque son movidas normales en la política y luego porque la política no admite malas decisiones”.


FSLN sólo ha jugado con la correlación de fuerzas
Para el analista, que el FSLN mueva sus piezas desde su condición dominante en el poder, es normal. Otra condición clave, señala, ha sido la división de la derecha, quienes no han logrado establecer una real oposición.

“De esta manera, el FSLN ha trabajado sobre terreno fértil, una derecha fraccionada, en crisis, con disputas por el liderazgo; todas estas condiciones han servido para facilitar el debilitamiento de los adversarios, pues el Frente no deja de buscar la hegemonía política”, explica.

“El FSLN debilita a la derecha y Arnoldo Alemán a Montealegre…así es esto”, apuntó.



Le preparan la cama desde abril de 2006
La presunta ilegalidad de la convención del 23 de abril de 2006 impulsada por la desconfianza es la que dejó a Montealegre sin partido a escasos nueve meses de los comicios municipales.

El secretario nacional de ALN, Carlos García, recordó que en ese evento político partidario, Montealegre inscribió como convencionales a 300 miembros del movimiento “Vamos con Eduardo”, violando los estatutos del entonces Movimiento de Salvación Liberal, MSL.

García le habría advertido a Montealegre de la ilegalidad en la que incurriría, pues ante el CSE estaban inscritos 300 convencionales distintos de los que él quería presentar como propietarios en esa convención.

“Montealegre me mandó un listado de 300 convencionales para que se los metiera a esa convención, yo le dije que era ilegal, sin embargo, asistieron. Ese listado lo anexé a la certificación del listado que presenté a la Dirección de Atención a Partidos Políticos”, explicó.

Según García, los funcionarios de esta instancia del CSE, verificaron que esa lista no coincidía con los convencionales de sus registros. “Hasta en esa convención, el MSL acuerda mandar a reestructuras nuestras directivas en todo el país para que Eduardo metiera a sus 300 convencionales”, explicó.

A juicio de García, la desconfianza de Montealegre lo llevaron a cometer esa ilegalidad, pues tenía serias reservas de que Eliseo Núñez Hernández cumpliera con el acuerdo de darle el 60 por ciento de los cargos partidarios.


Ilegalidades de ambos lados
García reconoce que, en aras de la alianza con Montealegre, se cometieron ilegalidades de ambos lados.

“La junta directiva anterior al 23 de abril estaba compuesta por 21 miembros y en el acuerdo que suscribimos con Montealegre le dijimos que él se quedaría con 11 miembros y el MSL con 10; se sustituyeron los 11 miembros (por gente de Eduardo), pero no hubo un procedimiento contemplado en los estatutos que estableciera esa sustitución”, explicó.

Fue así que se dio el recurso de revisión que varios directivos del MSL presentaron ante el CSE pidiendo revertir esa sustitución; la suspicacia deviene en que dos años después de aquella ilegalidad, el CSE emite su resolución.

“Esto es político, porque al Frente Sandinista le convenía entonces que Eduardo Montealegre se presentara como candidato para dividir a las fuerzas liberales”, explicó García.

Según García, las ilegalidades de parte de los directivos del MSL fueron con el fin único de apoyar a Montealegre, sin embargo, “el favor” terminó cuando Montealegre se les quiso quedar con el mandado relegando al 40 por ciento de las directivas partidarias que por acuerdo le correspondían al entonces MSL, es decir, al ala del ALN dominada por Núñez Hernández.