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Fueron compañeros de lucha y protagonistas de la gran epopeya. Tanto el comandante Henry Ruiz como el comandante Daniel Ortega, cuando optaron por la lucha armada, estuvieron claros que harían cosas en contra de lo establecido por el régimen de Somoza.


“Yo tuve que sentirme libre para asaltar bancos, que era delito” pero lo hacía consciente de que el sistema no funcionaba y había que cambiarlo. Ahora el presidente Ortega transgrede la Constitución, la misma que según Ruiz, es la mejor herencia democrática de la Revolución. También habla de la tercia que se hizo en el seno de la alta dirigencia del FSLN a propósito del tema de la reelección antes de 1987.

¿Usted advirtió hace algunos meses que si Ortega se reelegía habría reacciones, a qué se refería?

El que vive violando la ley termina siendo un delincuente. Lo digo con la misma convicción que me llevó a tomar el camino de las armas contra Somoza. Lo primero que tuve que desterrar de mi cabeza fue la idea de ley del Estado que encabezaba Somoza, para poderme sentir libre de hacer las operaciones que la lucha armada implicaba, por ejemplo, asaltar un banco. Eso es robar, pero para nosotros era una operación para llevar recursos a la causa y continuar la lucha.
Teníamos que pasarle la cuenta a un soplón, eso en el Código Penal es crimen. Aquella ley no funcionaba, pero nunca fuimos una fuerza de forajidos, tuvimos que inventar nuestras propias normas que no nos permitía cometer otro tipo de hechos.


Daniel Ortega sabe perfectamente que se está comportando como un delincuente, porque el artículo 147 está tasado desde que él comienza a intentar su reelección. Él sabía que era su último juego, entonces, con sus dados cargados piensa que si gana modificará la Constitución, y por eso comienza a ensayar varias cosas, entre ellos, el parlamentarismo y un montón de inventos. Detrás de eso estaba su afán de reelección y comienza su campaña de manera temprana, pero no lo ha logrado.

¿Lo logra o no?
Aunque su trayectoria trazada va hasta el punto donde él quiere, yo insisto que esa conducta es delincuencial y que él, como el primer ciudadano de la nación debe respetar la ley para poder decirle a sus gobernados que la ley existe.
Él va a pasar, pero habrá reacciones. Hay que estar claros que en todo fenómeno las causas que lo hacen emerger son internas, pero que hay factores externos que complementan esa factoría. Usted comienza a ver que este país está tranquilo, se desarrolla una economía neoliberal sin problemas, la burguesía está encantada; la delincuencia en los barrios haciendo su agosto; no hay presos políticos, es cierto, pero en el evento donde se hacen cambios de autoridades no quieren que sea observado y este término entra en el contexto de los tratados internacionales.


A diferencia de Ortega, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no hace ningún evento internacional sin observación internacional, sin que nada ni nadie niegue la transparencia de esos eventos.

¿Qué pasará si no hay observación?
Han comenzado a preguntar por la legitimidad de la candidatura de Ortega. Esa es una voz de Europa, y hay otras voces. Estoy seguro que si le preguntan a otros países como Cuba, primero dirán que los gringos no deben meterse, pero también deben de decir que la voluntad popular debe respetarse a través de sus votos. A última hora por qué censurar a los observadores nacionales, estas son las primeras señales de que su candidatura no pasará inadvertida.

¿Si se reelige en esas condiciones qué pasará después?
Lo podrá hacer una vez que se monte en eso, pero yo he dicho que la lucha continuará.

¿Qué lucha?
Impidiendo que se sigan los abusos, estaríamos frente a una dictadura establecida. Muchos preguntan ¿qué viene después, habrá fraude? Sí, habrá fraude, pero no para ganar las elecciones presidenciales, no es necesario porque además le dieron el 35%. Aquí no se elige con la mayoría, sino con el 35%. Él va a ganar. ¿Adónde va estar el arrebato? En ganar para arrebatar la Asamblea Nacional y así completar el triunviro del poder, --Asamblea-Ejecutivo-Corte Suprema-. Y seguirá gritando revolución cristiana, solidaria y socialista.


¿Cómo repercutirá en el área centroamericana su “triunfo”?
Estas son cosas que a mí me laceran y lastiman. Cuando andábamos en la lucha éramos profundamente centroamericanistas e integracionistas; teníamos vínculos con el FMLN, con la FARC, con Vanguardia Popular, con la gente de Pueblo Unido, de Panamá, cuando perdimos, fue un suceso histórico, pero cuando gana nuevamente una parte del FSLN supuestamente, ahora tenemos un gobernante que es desintegracionista. Esa es una paradoja y una antítesis de revolución y de revolucionario.

¿Cree usted que los últimos sucesos ocurridos en los países árabes influyan en una perspectiva electoral de Ortega?

Con Ortega hay que tener cuidado. Cuando vino Arturo Valenzuela a Nicaragua, ¿con qué preocupación Ortega abordó el bloqueo de Estados Unidos a Cuba? Una acción de cincuenta años. ¿Ha visto a Daniel Ortega moviéndose en esta zona para construir o impulsar un grupo de protesta de amigos de Cuba en contra del bloqueo? Ese es Daniel Ortega, él se ve a sí mismo, pero sí corrió a reconocer dos territorios rusos de Georgia.


Hay inundaciones en Venezuela y rápido salen aviones a ayudar con gran pompa, pero cuando tres huracanes golpean a la economía cubana, ¿mandó aviones Ortega? Yo no tengo información que al menos haya salido un camello nadando el mar para llevar ayuda a los cubanos.


En el caso de los países árabes, ahí existe un acumulado histórico, son dictaduras de más de 50 años.

¿Cuando la dirigencia del FSLN estaba unida y en el poder, cómo abordaron el tema de la reelección?
Daniel Ortega está en contra de la mejor herencia de la Revolución, la Constitución de 1987. Recuerdo que cuando discutíamos el aspecto de la reelección hubo un buen sector que opinó porque se prohibiera totalmente, pero había un grupo en el cual estaba Ortega que quería que hubiera reelección y al final se quedó en que fuera por dos períodos, pero alternos, ahora están las consecuencias con sólo haber dejado esa ventanita.

La defensa de la institucionalidad democrática parece ser un discurso más, ¿por qué no se defiende con más ahínco?
La Conferencia Episcopal es la única institución que en verdad está preocupada para que la institucionalidad no sea destruida y en lo que he visto no está en juego, para esa institución la pérdida de sus intereses, de sus bienes en Caritas u otros bienes que están ahí o que esté en riesgo el diezmo que se entrega en las iglesias. La Iglesia está preocupada porque el derecho que se expresa en formas y en leyes, permanezcan porque después lo que queda es la anarquía y ésta después conduce a la violencia.


La Iglesia está diciendo, hay una institucionalidad quebrantada que podría llevar a la población a abstenerse y eso es igual a no votar y eso no conviene a Nicaragua.

Entonces, ¿hay que votar?
No podemos aceptar que estas cosas conducen a un callejón sin salida, ponerse a pensar que hay que abstenerse y que si votás te van a robar el voto, llevarnos a la resignación y eso no lo podemos aceptar, es una escuela que estamos haciendo donde el pragmatismo resignado no sea aceptado.

El voto protestado

Hay un dilema no resuelto entre la población que maneja información acerca de la ilegitimidad de las elecciones de este año. El comandante Ruiz habla desde la izquierda, propone una campaña paralela, pero se interpreta como un ejercicio académico nada más. Veamos.

¿El Rescate del Sandinismo, qué va a hacer en esta coyuntura?
En lo personal creo que si queremos rescatar la institucionalidad tenemos que reclamarla genuinamente y con valentía.


Cuando uno escucha decir que esta oposición jala para allá y para acá y que los intereses de los partidos están por encima de la nación, eso me parece que es un juego nefasto o casi diabólico para defender otros intereses de ejercer el poder que da a la vez recursos económicos.


Todo mundo quiere ser diputado por eso, somos pocos los que no queremos, quieren resolver los problemas de su vida y por eso aspiran. La diputación debe ser la representación del pueblo y no la tentación del grupo político que hace la fiesta de las elecciones, porque ahí se reparten el poder y el erario. Esa cadena de inmundicia es la que el Rescate rechaza. Si las condiciones persisten, vamos a expresarnos pero no dejaremos de votar.

¿Cómo se expresarán?

El Rescate seguirá luchando contra la reelección y el fraude. Estos elementos se han convertido en una línea programática, somos un movimiento interesado en esa posición y por eso la vamos a seguir empujando, aunque no es una condición suficiente es necesaria para que el voto popular sea real y la institucionalidad que lo soporta sea legítima; por lo tanto, cumpla con la ley y con las normas que se establecen.


Mientras las condiciones políticas actuales persistan, la institucionalidad degradada como está y un Consejo Supremo Electoral como está, no hay por qué votar.

Pero eso contradice lo que me dijo antes
Hay una relación biunívoca entre la voluntad que yo quiero que respeten mi voto y la institucionalidad corrompida que me dice vení votá que me voy a robar tu voluntad. Es una disyuntiva que debe salvarse.

¿Cómo?
Estamos dándole vuelta, podríamos hacer nuestra propia campaña, una campaña bufa para que la gente entienda que existen razones por las cuales deberíamos profundizar nuestra protesta.

¿Cómo sería otra campaña?

Puede tener varias expresiones, todavía no las hemos decidido, pero estamos viendo si los espacios de lucha van dando resultados. Por ejemplo, la ley que han introducido en la Asamblea Nacional para ver si le ponen una norma encima al Consejo Supremo Electoral y se rescata la observación nacional e internacional, eso sería un factor de garantía.


No sabemos cómo se va a resolver este afán de las agrupaciones políticas de construir un frente político contra el orteguismo, no podemos cuando la gente que está con nosotros es joven, no podemos ser aventureros con ellos. Por ejemplo, los jóvenes piensan mucho en los movimientos de calles, de protestas, de hacer pintas, porque no aceptan lo que está ocurriendo en el país. Nosotros tenemos que organizar bien esas energías para no desperdiciarlas.


No podemos tomar acciones irresponsables que los conduzcan a enfrentamientos innecesarios.

¿Qué impide que haya una expresión fuerte en las calles?
La población nicaragüense es joven, tiene información, va adquiriendo doctrina, fortaleciendo su conciencia y que por lo tanto van a ver críticamente lo que está pasando en el país. Este es un propósito desde nuestras posiciones sandinistas, al sandinismo original, el que se comprometió con el pueblo, la patria, la nación a hacer un cambio económico y social radical para resolver el problema de vida del pueblo para encontrar un horizonte mejor.

¿Estas expresiones políticas no corren el riesgo de convertirse en anónimas o clandestinas como en el somocismo, cuando había partidos proscritos?
Si las fuerzas políticas no se preocupan por su militancia joven no tienen otro camino que convertirse en zancudos, esa tendencia debe ser desbaratada por la práctica política. Cuando se ve el pacto, lo que existe de fondo es una tendencia al bipartidismo con una expresión fuerte y otra débil. Los débiles en aquel entonces eran los conservadores, que dicho sea de paso, pasaron los 30 años y nunca más volvieron al poder. Esa es la sentencia de la historia.


Luego vino el Frente Sandinista con raíces tradicionales y se transformó en orteguismo, y hoy es una fuerza política tradicional y en esa fuerza existe la idea de que hay que gobernar entre paralelas históricas, porque eso es lo que le conviene a Nicaragua y ese es un desconocimiento de la historia y una negación a la democracia.