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Las relaciones exteriores de la administración de Daniel Ortega son tan impredecibles como su propia personalidad. Félix Maradiaga, catedrático en Ciencias Políticas de la Universidad Americana, UAM, sostiene que la política exterior del gobierno del Frente Sandinista está también llena de excentricidades.

Un punto importante a tomar en cuenta en este análisis es el papel del presidente Ortega, quien a criterio de Maradiaga, se considera un líder internacional. “Ortega se percibe como una suerte de vocero de intereses de un grupo muy reducido de jefes de estado con políticas populistas”, agrega, tras explicar el respaldo vehemente del mandatario al líder libio.

¿Cuál es la importancia que en este año electoral está dándole la administración de Ortega a las relaciones exteriores?
La administración del presidente Ortega ha demostrado tener una visión muy particular de las relaciones internacionales. Decir que no les presta atención no sería acertado porque lo que parece es que la manera en que orienta las relaciones exteriores se sustenta en una alta improvisación y con un enorme sesgo ideológico.

Cuando digo esto me refiero a que la administración de Ortega proyecta sus relaciones internacionales no sobre una lógica de una política de Estado, sino de una política basada en los fundamentos ideológicos de su partido y eso ha permeado la forma en que se conducen las relaciones internacionales, haciendo que se exprese en decisiones, incluso, excéntricas.

En el momento de las elecciones este sesgo ideológico es muy evidente. Las relaciones de Nicaragua con aliados tradicionales desde 1990 al 2006 adquieren poca importancia, por ejemplo Estados Unidos, la Unión Europea y los países nórdicos.

¿Se alejará Ortega de sus “excentricidades” por estar ocupado ganando electores?
El estilo de hacer política del presidente Ortega es altamente volátil. Lo que ha demostrado a lo largo del tiempo es que es un líder político poco predecible y su partido lo sabe. Conforme se acerquen las elecciones vamos a ver una actitud similar a la de la campaña pasada, en la que Ortega no acepta ningún debate, no hay posicionamiento de políticas públicas claras y se enfoca en enviar mensajes a su base. En este aspecto los temas de política exterior no van a jugar un papel de interés.

Ortega se rehúsa a reunirse con los presidentes de la región pero sostiene una defensa férrea a Gadhafi, ¿qué lectura tiene esta actitud?

Las causas son bien claras y esto obedece a varios factores: a una política exterior improvisada y al sustento ideológico. Otro aspecto que no hay que atender es que Ortega tiene una autoimagen de un líder internacional de un proyecto político de izquierda. Si esto es efectivo o no, es otra discusión, pero parece no haber duda de que Ortega se perciba como una suerte de vocero de intereses de un grupo muy reducido de jefes de Estado con políticas populistas. Un ejemplo es el envío del ex canciller De Escoto a defender a Libia en la ONU.

He tenido oportunidades de estar en reuniones de foros internacionales y en los pasillos se comenta que a De Escoto se le ve como un funcionario que quedó atrapado en un proyecto ideológico de la guerra fría. Lamentablemente Ortega sigue creyendo en este proyecto.

Nicaragua bajo la administración del presidente Ortega ve al SICA como un foro de interés secundario. Ni aun los estados más cercanos al mundo árabe han hecho declaraciones de franco apoyo a Gadhafi, pero Nicaragua defiende lo indefendible. El 2 de marzo Nicaragua pidió algo que parece sacado de Ripley: que la ONU no expulse a Libia de la Comisión de Derechos Humanos, cuando es la mínima sanción que se le puede hacer.

El fundamentalismo ideológico del presidente Ortega es tan agudo que parece que no le permite poder entender la forma en que suceden las relaciones internacionales en el mundo actual.

¿Cuáles son las consecuencias inmediatas de estas decisiones?
Las consecuencias para Nicaragua son notables a lo inmediato en la pérdida de relevancia del país en la esfera de la política internacional porque se percibe que tenemos un liderazgo tan excéntrico y desenfocado, que Nicaragua pierde la oportunidad de proyectar sus intereses nacionales.

El segundo impacto es el aislamiento, por sus características requeriría ser un actor relevante y con planteamientos serios en foros como el SICA, ONU, OEA, y no inventarse espacios como un jugador solitario o, por otro lado, como un jugador en foros de poco impacto.

El tercero, que creo que no es poco importante, es el hecho de que el gobierno de Nicaragua no es tomado en serio. Hay posiciones que son tan excéntricas que conllevan a una pérdida de seriedad. Puestos en perspectivas, estos tres elementos causan una lesión de largo plazo a los intereses de Nicaragua, un país que debería estar enfocado en ampliar su proyección internacional a través de estos foros porque éstos sirven para algo, para que los países pequeños tomen ventajas del multilateralismo; en segundo lugar, elevan el riesgo país y generan un escenario de poca esperanza para la comunidad cooperante.

¿Cómo se inscribe el pleito con Costa Rica en la deteriorada imagen del país?
En términos de imagen Nicaragua tiene muy poco que ganar. Si uno hace un monitoreo, Costa Rica es percibido como el país agraviado. Al margen de que esa percepción sea realidad o no, el hecho es que en su imagen Nicaragua ha salido perdiendo.

¿Cómo han influido en la relación con Estados Unidos, los cables filtrados por WikiLeaks?
No generaron fisuras más allá de las existentes. La dificultad de las relaciones con EU no está sustentada en decisiones recientes sino que en la forma en que el presidente Ortega y el FSLN interpretan la política exterior estadounidense. En ese sentido, un cable más o un cable menos que simplemente ratifique el hecho de que EU tiene preocupación al deterioro de la institucionalidad, no es nada. Y en todo caso, le dan argumentos al presidente Ortega del por qué hay un distanciamiento en las relaciones.

¿Cómo se interpreta el silencio del presidente Barack Obama en su visita a El Salvador?

La visita del presidente Obama a América Latina se estructuró escogiendo mucho cuidado los países a visitar. El propósito fue mostrar el rostro de un nuevo Estados Unidos que trasciende las diferencias ideológicas y se enfoca en los intereses comunes. El hecho que no se refirió a los países vecinos obedece a la lógica de la prudencia.

Cálculo del Presidente: pueblo pobre no come democracia

Según el catedrático universitario, master Félix Maradiaga, Ortega ha hecho una lectura muy fría de las escalas de intereses entre la población y básicamente se ha enfocado en ciertos derechos bajo la premisa de que el segmento de la población que le presta interés a otros derechos, como el de la libertad de expresión, de asociación, son ciudadanos de clase media y no son la mayoría.

¿La observación electoral como demanda o sugerencia de los países cooperantes, de qué modo fomentará el aislamiento en el que se encuentra el país?
El partido de gobierno gana del aislamiento porque genera condiciones políticas internas para justificar el tema de la no observación. El hecho que durante toda esta administración haya habido relación muy distante con el SICA, la Unión Europea, la OEA, no hace más que fortalecer la posición del FSLN frente a sus propios seguidores.

A quien será difícil darle justificaciones creíbles será a la opinión pública internacional, que ve como práctica democrática la observación, y a ese importante segmento de votantes que no están afiliados a ningún partido político y que aunque no tengan posiciones abiertas contra el gobierno, ven una alarma ante un escenario de mayor deterioro.

El presidente Ortega parece estar pensando con una visión muy cortoplacista, dispuesto a asumir los costos de la poca transparencia electoral y tratar de crear legitimidad de forma acelerada en un escenario de triunfo electoral.

¿Qué consecuencias provocaría esta actitud?
La comunidad internacional va a prestar atención en el mismo grado que la misma ciudadanía haga evidente el deterioro de la institucionalidad. Si esa posición no es consecuente con un nivel de presión en lo interno, la comunidad llega a un espacio muy limitado.

¿Cree que Ortega se atiene al apoyo venezolano?
El gran respaldo de Ortega reside fundamentalmente en la alta fragmentación de la oposición más que en el apoyo económico de Venezuela. Para él es muy fácil impulsar estas acciones de atropello de la institucionalidad porque hay una oposición que no genera contrapeso.

Con la cantidad de ayuda venezolana puede impulsar acciones que le dan una ventaja significativa. El tercer elemento de ventaja es el hecho de que sus programas de gobierno en política social han dado resultado. Si bien es cierto, la actual administración es un fracaso en institucionalidad democrática, en política social, aunque no le daría las más altas calificaciones, sería poco serio de mi parte decir que no ha dado resultado. Eso dice mucho de donde los nicaragüenses ponen sus prioridades.

El problema de esa premisa es que es cortoplacista. Libia es el gran ejemplo, las rebeliones no son por necesidades básicas insatisfechas, son por un déficit de libertad. El régimen que ha adulado le debería de dar las luces del mismo fracaso de este régimen político. Las personas, aún con el estómago lleno, reclaman también por su libertad.

¿De qué elementos Ortega echará mano en la campaña?
De todos los recursos a su disposición para la distracción, tergiversación y el aislamiento. Utilizará todos los temas posibles para que la opinión pública concentre su atención no en el deterioro de la institucionalidad. Cuando me refiero al aislamiento hablo de no explicar el por qué no habrá observación bajo la lógica del injerencismo.

¿Por qué no quiere observación si los números le son favorables?
Porque no quiere riesgos. La apuesta del presidente Ortega no es ganar de forma apretada, sino de una forma tan amplia que le permita hacer reformas políticas a un paso sumamente acelerado.

Más diputados en la Asamblea…
Que le permitan reformar la Constitución… Una réplica del régimen bolivariano con mayor velocidad.

Eso no tiene nada que ver con la observación
La cantidad de votos que el presidente Ortega requiere para tener los diputados necesarios difícilmente podrían ser obtenidos si no es con el uso de ciertos métodos que ya han sido ensayados, pero que ahora se verán multiplicados: las impugnaciones, la cantidad de votos nulos, el uso de fiscales para fortalecer la impugnación. Van a ser elecciones en ausencia de observación, donde los asomos de ilegalidad que vimos en las elecciones pasadas serán juegos de niños.