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Pese a que Daniel Ortega se ha impuesto como líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, desde el triunfo de la Revolución en 1979, este partido no funcionó siempre como un feudo de este caudillo, como señalan actualmente sectores de la oposición, sino que tuvo la oportunidad de desarrollar una vida democrática a nivel interno, y, consecuentemente, transmitirla a la sociedad en general.

Acabar con la dictadura somocista estaba en el corazón y en la mente de la generación de los años 70, que para ello luchó con armas en mano. Por tanto, nunca se les ocurrió que iban a sacar a la dinastía Somoza para instalar a otro caudillo que hiciera una dictadura de izquierda, según recuerda el exmiembro de la Dirección Nacional del FSLN, Víctor Hugo Tinoco, hoy diputado opositor por el Movimiento Renovador Sandinista, MRS.

Sin embargo, reconoce que por ser el Frente Sandinista una organización militar clandestina en esa época, la democracia no era una práctica interna, así como tampoco lo fue en los años 80 cuando estuvo en el poder, pues sus enfoques eran las transformaciones sociales y combatir una guerra civil.

“Siempre ante un fenómeno de orden militar, lo primero que sufre es la democracia, las libertades y los derechos ciudadanos”, sostiene Tinoco.

Los órganos que existieron en los 80 para la toma de decisiones fueron la Dirección Nacional y las asambleas sandinistas, pero de acuerdo con este diputado, ello no significó una práctica democrática en el partido.

Otras estructuras
Pero el exmilitante del FSLN, Rommel Martínez, aseguró que también existían directivas a nivel departamental y municipal, que estaban conformadas por personajes electos por las bases.

“La práctica democrática en el FSLN se inicia después de la derrota electoral en el año 90”, aseguró. Agregó que a partir de ese año “los gobiernos autoritarios, no democráticos y socialistas, empiezan a caer y a ser sustituidos por nuevos regímenes”.

“Entonces empieza a tomar fuerza la necesidad de crear un partido democrático, y se crea una corriente dentro del Frente Sandinista que comienza a pujar para que funcionemos democráticamente”, señala.

Ello, según Martínez, quiere decir que hubo “una corriente que aspiraba a una vida democrática dentro del partido, y otra que quería a mantener al Secretario General como el líder máximo y el Mesías”.

Pero con la presión de la primera corriente, en las asambleas sandinistas creadas a inicios de los 80, empiezan a darse debates sobre cómo democratizar el partido, y las mismas se instalan en todos los departamentos del país.

La ruptura del 95
No obstante, estos avances se ven truncados en 1995, cuando en el Congreso de ese año se da la escisión de un grupo de sandinistas que eran, precisamente, algunos de los que abogaban por democratizar el partido.

“Desde 1995 Daniel Ortega empezó a manejar el partido como una propiedad personal. Obviamente, esto se dio porque él se quedó con recursos de ‘La Piñata’ que administraba y daba a diestra y siniestra a sus allegados, y (el FSLN) empezó a ser un partido que respondía a las prebendas que el caudillo daba a sus acólitos”, asevera Martínez.

Sin embargo, Víctor Hugo Tinoco destaca que quedaron algunos miembros sosteniendo el planteamiento de “tomar la bandera de la democracia, que se juntara con la bandera de la justicia social, y con base en eso cambiar Nicaragua”. Uno de ellos fue, precisamente, Tinoco, quien en 1996 pasó a ser miembro de la Dirección Nacional, desde donde impulsó dicha idea.

Por tanto, en el FSLN se mantuvieron dos corrientes, pues había una fuerte resistencia de parte del sector que estaba alrededor de Daniel Ortega. Martínez, incluso, señala que a partir de 1995 “fue sustituida toda la estructura legal que tenía el partido por una línea de servicio a Ortega”.

Esa tensión se mantuvo hasta que, en 2000, la corriente democrática logró que por primera vez en el Frente Sandinista, se realizaran elecciones primarias para escoger a los candidatos a alcaldes, diputados, Presidente y Vicepresidente.

“Apoyándonos mucho en los departamentos y en las dirigencias departamentales que querían democracia, porque no querían que todo se nombrara desde el centro, logramos presionar de tal forma que se reformaron los estatutos y se estableció que los candidatos del Frente Sandinista se iban a elegir mediante elecciones primarias”, recuerda Tinoco.

En 2000, se dio la única competencia fuerte por obtener la candidatura a Presidente de la República por el FSLN. Los contendientes fueron Víctor Hugo Tinoco, Alejandro Martínez Cuenca y Daniel Ortega.

“Independientemente de que ganara o no, me interesaba que se estableciera la práctica democrática, que había derecho y que era legítimo poder competir”, dice el hoy diputado por el MRS, y agrega: “Hubo competencia, hubo inscripción, hubo fiscales y se dio un resultado”.

En esa ocasión única, votaron 700 mil partidarios, de los cuales entre 300 mil y 450 mil votaron por Ortega, 200 mil por Tinoco y un poco más por Martínez Cuenca.

La “purga” de Tinoco
Para 2005, Tinoco todavía era miembro de la Dirección Nacional, y basándose en los derechos que le conferían los estatutos del partido, presentó y respaldó a Herty Lewites para que compitiera en las elecciones primarias de candidato a Presidente de la República.

“Yo levanté la candidatura con los comandantes Henry Ruiz, Luis Carrión y Víctor Tirado, pero Daniel Ortega se quitó la máscara, armó un Congreso —porque él manejaba la estructura del partido, lo que no manejaba era el respaldo de la base—, e hizo tres cosas en marzo de 2005: expulsa a Herty Lewites y a mí, sin habernos dicho ni una palabra, suspende las elecciones internas del partido, y se proclama candidato”, cuenta el diputado MRS.

El argumento que usó Ortega para expulsar a Lewites fue que este era “agente del imperialismo”, aunque en 2006 quedó en evidencia la “doble cara” de Ortega, pues en la conmemoración del aniversario de la Revolución Sandinista de ese año —17 días después del fallecimiento de Herty—, pidió un minuto de silencio para este, a quien describió como un gran hombre.

Pero según Tinoco, esa imposición de 2005 no fue tan fácil para Ortega, ya que antes tuvo que lidiar con una corriente democrática de casi una década, e imponerse a través de una lógica de clientelismo, de subordinación y de fidelidad personal.

Mientras, para Rommel Martínez, “Daniel Ortega ha tenido el cuidado de matar gallo en puerta, y todo el que más o menos le empieza hacer sombra, es decapitado”.

Cerradas puertas de la democracia
Con la expulsión e imposición del 95, murió “la última posibilidad de que el Frente Sandinista fuera un partido democrático, y simplemente se convierte en un feudo de Ortega y de su familia”.

“Mientras Daniel Ortega esté al frente de este partido, no hay ninguna posibilidad de práctica democrática interna, y tampoco, nunca el Frente va a poder ser, con Daniel Ortega a la cabeza, una fuerza política que proponga la vida democrática como norma de vida y de convivencia para el país”, asegura Tinoco.

Martínez agregó, por su parte, que desde que Ortega asumió el 10 de enero de 2007 la Presidencia del país, “su labor ha sido en dos líneas: desmontar el Estado de Derecho en Nicaragua y hacer saber a su militancia que él es el dueño y el patrón del partido”.
“Y si recuerdan, desde el 10 de enero de 2007 se empezaron a crear los famosos Consejos del Poder Ciudadano, CPC, con el fin de acabar con las estructuras del partido y crear nuevos adeptos, cuyos vasos comunicantes son las prebendas”, indica.

Para Martínez, las bases municipales y departamentales que salieron en medios oficialistas bendiciendo la candidatura de Ortega para las elecciones nacionales de este año, son un “sainete”, porque están conformadas por personas a las que acaparan con prebendas.

De dirigentes históricos del FSLN, como Tomás Borge y Bayardo Arce, dice que son “un anciano decrépito que debería estar ya retirado, y que se ha vuelto sumamente servil a sus 80 años; y (de Arce), alguien que se ha enriquecido a la sombra del poder”. “No le hacen ningún cuestionamiento a Daniel y a sus decisiones, los únicos que toman una decisión allí se llaman Daniel Ortega Saavedra y su consorte Rosario Murillo”, asegura.

 

Ortega al margen de los estatutos

Cabe destacar que en los estatutos del FSLN están definidos los principios de este partido político y el primero se refiere a la “democracia interna”, que consiste en “elecciones democráticas en todos los organismos de dirección del partido, desde la base hasta los organismos superiores”, y “un proceso democrático en la toma de decisiones, donde se conjugue la libertad de conciencia y de amplia expresión, la participación y discusión previa, con el cumplimiento y respeto de las decisiones tomadas”.

Agrega que “este proceso es tolerante con otras opiniones, no presupone sanción, coacción ni discriminación de la minoría con diferente criterio; promueve la búsqueda de consenso político y el respeto a la línea partidaria decidida por la mayoría”.

Los estatutos contemplan, además, que “la Asamblea Sandinista Nacional es el máximo órgano deliberativo, resolutivo y de decisión entre cada reunión del Congreso. Sesionará por lo menos dos veces al año para definir y evaluar políticas. Será convocada de forma extraordinaria cuantas veces sea necesario. Sus sesiones serán presididas por el Consejo Sandinista Nacional”.

La Asamblea Sandinista Nacional debe estar conformada por los miembros del Consejo Sandinista Nacional, los miembros de la Comisión Electoral Nacional, 25 cuadros electos en el Congreso, los jefes de departamentos auxiliares, los vicesecretarios políticos departamentales, los secretarios políticos municipales, los secretarios políticos distritales de Managua, los diputados propietarios ante la Asamblea Nacional y el Parlacén, los alcaldes de cabeceras departamentales ganadas por el FSLN, el Comité Nacional de JS19J, el Coordinador de la Bancada Sandinista en la RAAN y en la RAAS, los militantes jefes de organizaciones sociales y gremiales con representación nacional y afines al FSLN y los delegados del FSLN ante la Convergencia Nacional (máximo 3).