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  • EFE

Han tenido que pasar 52 largos años para que nuevamente un futbolista mexicano aparezca en la Copa del Mundo por quinta ocasión. En Rusia-2018, Rafael Márquez está por igualar la hazaña que Antonio Carbajal protagonizó entre Brasil-1950 e Inglaterra-1966.

A sus 39 años, Márquez está por ingresar a ese selecto grupo de Cinco Copas en el que además de Carbajal se encuentran el alemán Lothar Matthaus y el italiano Gianluigi Buffon.

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"Para mí es un honor que un mexicano iguale mi récord", comenta el legendario portero Antonio la 'Tota' Carbajal a sus 89 años.

"Lamentablemente tuvieron que pasar 52 años para que esto sucediera, pero qué bueno que haya sido Rafa Márquez que, para mí es el máximo líder que ha tenido la selección mexicana en la historia", remata el legendario arquero. Sin embargo, el histórico medio escudo mexicano logrará la proeza inmerso en una polémica que amenaza con dañar su prestigio.

Todo comenzó por error

A Rafael Márquez el primer llamado a la selección mexicana le llegó de manera fortuita. En enero de 1997, el serbio Bora Milutinovic, entrenador del 'Tricolor', elaboró una convocatoria en la que por error incluyó al joven surgido del Atlas que apenas tenía cinco partidos en primera división.

Originalmente, Milutinovic pretendía llamar a César Márquez, quien era compañero de Rafael.

Aun con la confusión, Márquez no figuró para el Mundial de Francia-1998, ese privilegio le llegó para Corea-Japón-2002, torneo en el que, aunque era un joven de 23 años, ya lucía el gafete de capitán. El técnico Javier Aguirre se lo dio por encima de figuras consolidadas como el aguerrido mediocampista Alberto García Aspe y el bravo delantero Cuauhtémoc Blanco.

Capacitado para jugar como defensa central o medio de contención, Márquez hilvanó también los Mundiales Alemania-2006, Sudáfrica-2010 y Brasil-2014.

La posibilidad de jugar el quinto Mundial se la ha dado el seleccionador Juan Carlos Osorio. Para el colombiano, Márquez es un auténtico auxiliar técnico cuando está en la banca y una garantía dentro de la cancha.

Osorio asegura que no llevará a Márquez a Rusia-2018 como homenaje a su trayectoria sino por cuestiones "estrictamente deportivas".

El Mundial estuvo en peligro

Desde que dirige a México, Osorio nunca ha tenido duda: Márquez tenía que ir al Mundial de Rusia.

Sin embargo, esa certeza se puso en riesgo en agosto de 2017 cuando el medio futbolístico mexicano se cimbró al enterarse de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos señaló a Márquez de tener vínculos con el narcotraficante Raúl Flores Hernández.

Por ello, Márquez decidió un retiro temporal y voluntario -jamás impuesto por ninguna instancia oficial- para preparar su defensa legal pues le fue cancelada la visa que le permitía ingresar a Estados Unidos y las cuentas bancarias de dos de sus empresas fueron congeladas en México.

Luego de ganar un amparo, Rafa recuperó sus cuentas y también la tranquilidad para volver a jugar, pero los señalamientos le causaron un alejamiento parcial de la selección nacional.

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Por medidas cautelares, los patrocinadores de la selección mexicana pidieron que no se vincularan sus marcas con la imagen y el nombre de Márquez, quien en la concentración premundialista ha participado con ropa de entrenamiento sin marcas impresas, a diferencia de sus compañeros.

"Consultamos a diferentes expertos y decidimos tomar esas acciones que a nuestro entender no perjudicarían a Rafael Márquez ni a la federación", explicó Guillermo Cantú, secretario de la Federación Mexicana de Fútbol.

Habiendo cuidado esos detalles, Márquez quedó perfilado para ir a su quinto Mundial. Eso sí, no pudo jugar el partido amistoso ante Gales en California y para llegar a Rusia se diseñó un itinerario en el que no fuera necesario hacer escala en Estados Unidos.

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En el Mundial, Márquez no sólo se metería al club de los Cinco Copas, también alargaría de cuatro a cinco su récord de Mundiales usando el gafete de capitán.

"Sin duda, Rafa Márquez es un ícono del fútbol mexicano y para los atlistas. Que se despide en su quinto mundial es un reconocimiento a toda su carrera", apuntó Eduardo González, aficionado de 38 años, que sigue al Atlas desde 1998.