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A cuatro días de comenzar la mayor fiesta mundial del fútbol, aficionados armados de brochas, pinturas, pitas, tijeras y papel ultiman detalles sobre algunas calles de Río de Janeiro, que se visten de color para apoyar a su Canarinha, pese a la apatía que ronda este año a sus seguidores en Brasil.

Las pocas calles de Río que acompañan con su vistosidad a la selección se pierden entre los barrios que tradicionalmente brillaban por sus originales diseños en épocas del Mundial.

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Con nostalgia, los que mantienen viva la tradición recuerdan cómo, en otras oportunidades, la ciudad más emblemática de Brasil se vestía de verde y amarillo un mes antes del torneo.

La tradición de adornar las calles de la ciudad carioca con diseños y símbolos del fútbol brasileño, que se remonta al mundial de 1978, ya no tiene el entusiasmo de otros años y para acompañar a su selección en Rusia en este 2018 las ganas de los aficionados se han visto aplacadas y el esfuerzo ha exigido más motivación de lo habitual.

Los patrocinios de empresas han prácticamente desaparecido y la colaboración de los vecinos, otrora activa y dinámica, este año redujo presupuestos y limitó la mano de obra.

Pero esa "apatía colectiva" que en silencio parece amenazar una tradición que ha pasado de generación en generación por 40 años, no llegó sola.

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Pesa el resentimiento de la afición que aún no se repone de la derrota 7-1 de Alemania en las semifinales del Mundial del 2014, con lo que Brasil truncó el sueño de alcanzar su sexta copa en casa.

A eso se suman los estragos de la recesión económica que el país vivió en 2015 y 2016, así como la crisis política provocada por el mayor escándalo de corrupción en la historia de Brasil y de la que el gigante sudamericano apenas comienza a recuperarse.

Por la recesión en la que entró el país, más de 13,4 millones de personas están desempleadas lo que ha incrementado la mendicidad y la delincuencia común.

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La ola de violencia que azota a la ciudad desde los Juegos Olímpicos de Río dejó 6.731 muertes el año pasado, por lo que el presidente Michel Temer ordenó la intervención del área de seguridad y traspasó al Ejército la dirección del orden público.

Daniel da Silva, aficionado de la Canarinha hasta la médula y quien desde 1978 ha coordinado los arreglos de la calle Honorio de Barros, en el barrio Flamengo, corrobora lo anterior.

"Creo que (la apatía) se debe a lo que viene ocurriendo en el país entero: la crisis financiera en primer lugar, la crisis política, la corrupción, todo eso lo están odiando las personas y lo acaban mezclando con el fútbol", aseguró Da Silva a Efe.

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Para este aficionado, la Honorio de Barros es una calle "que siempre respira por el fútbol" y por eso allí no falta el apoyo y la participación de toda la comunidad.

Un grupo de jóvenes brasileños juegan futbol, como parte de vivir el Mundial de Rusia 2018. Foto: EFE / END."Este año tocó sacar material que teníamos guardado de otras ocasiones y solo alcanzamos a recoger unos 1.500 reales (unos 395 dólares) para complementar los adornos de la calle", aseguró Da Silva quien dijo que en algunos partidos sacará el televisor de la casa para ver con los vecinos a su selección.

Algo parecido ocurre con la Pereira Mendes, del barrio Vila Isabel, otra de las calles de Río que se resiste a dejar morir la tradición y una de las más recordadas por los diseños y el colorido que la han caracterizado para apoyar a la selección en mundiales.

"Durante casi un año recaudamos dinero entre los vecinos", aseguró Bruno, uno de los organizadores, quien dijo que en ocasiones anteriores han logrado reunir hasta 10.000 reales (2.631,5 dólares) y contar con patrocinio de empresas para vestirla de color.

Esta vez no hubo patrocinio pero no faltó la cooperación de los vecinos y hasta un grafitero vino especialmente de Sao Paulo para diseñar los temas sobre el asfalto. Más de 12 galones de pintura se utilizaron para los murales y el asfalto y tres kilómetros de plástico para el techo falso de guirnaldas que cubre toda la calle.

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Y como el turismo y el comercio son el eje de esta ciudad, la Lavradio, una de las calles más reconocidas del centro por sus bares y restaurantes, se unió a la tradición y colgó sobre la vía las banderas de las selecciones de fútbol participantes en el Mundial a la espera de llenarse de aficionados como en otras oportunidades.

Después de un duro golpe todo vuelve a renacer y por eso Alexandre, un vendedor ambulante que trabaja en los alrededores de la Lavradio piensa que esa apatía que hoy se vive en la ciudad va a desaparecer. Él tiene la esperanza de que la Canarinha obtendrá la sexta copa en el Mundial. "Hay que creer en la selección, hay que tener fe", aseguró.