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Parafraseando al joven Rey Luis XIV, Brasil ha vuelto a decir: “el show soy yo”, antes de levantarse el telón en esta Copa del Mundo, olvidando haber salido entre los escombros en el 2014, después del derrumbe 1-7 ante Alemania y el 0-3 debajo de los botines de Holanda, en ambos casos, sin Neymar. En aquel momento de intenso dramatismo, el mundo consternado se preguntó: “¿Cuánto tiempo le tomará a Brasil reconstruirse para ser considerado otra vez competitivo y aspirante al título?” No ha sido mucho.

El único equipo ganador de cinco Copas, en un alarde de restauración, recobró su facilidad para la samba y el golpeo bajo el mando de Tité, y con un futbol alegre y efectivo, terminó arrasando la súper exigente fase clasificatoria suramericana, no flaqueó en los juegos de adiestramiento durante la ausencia de Neymar lesionado y, al regreso del astro, ha mostrado su voracidad ofensiva impresionando tanto que se ha instalado como favorito para llegar a la final en Rusia, en busca de su sexta Copa.

Metiendo miedo

Quizás sin proponérselo, Brasil ha logrado meter miedo, mantener alterados los sistemas nerviosos de los otros equipos, confirmar que Neymar ha regresado alcanzando la plenitud de forma, mostrando dos centrocampistas tan impetuosos y mordedores como Paulinho y Casemiro, jactándose de la flexibilidad y capacidad para desequilibrar de Gabriel de Jesus y Coutinho, y confiando en que Allison será una garantía en la cabaña.

No está de regreso Brasil con su famoso “juego bonito”, ese de gran brillantez aunque sin títulos en los Mundiales de 1982, 1986 y 1990, antes de volver al trono en 1994 con un juego menos vistoso pero lo necesariamente productivo. Este Brasil modelo 2018 ofrece un futbol sin aquella belleza, pero es más directo, simplificando la cantidad de toques y avanzando con mayor rapidez, lo cual hace que la presión sea más intensa. 

Ha sido convincente

Después de vencer en un duelo nada amistoso a su brutal verdugo del 2014, el poderoso equipo de Alemania en el progreso de la fase de afilamiento, Brasil ha exhibido su agilidad y poder, como lo demostró clavándole 3-0 a Austria, un equipo que derrotó 2-1 a los germanos, con un gol de cada uno de sus tres mosqueteros (Neymar, Gabriel de Jesus y Coutinho).

Desde el triunfo sobre Rusia 3-0 el 23 de marzo, antes del retorno a la trinchera de Neymar, este Brasil de Tité, no ha tenido freno creciendo como aspirante para ganar esta Copa, consiguiendo asustar a todos… Instalado en el Grupo E, Brasil se enfrentará a Suiza el 17 de junio, continuando contra Costa Rica y Serbia. De acuerdo a las consideraciones previas, por la superioridad que se le concede, su avance a los octavos de final está escrito.

Agresividad asegurada

No es Brasil el equipo perfecto como fue calificado el de 1970, pero pese a dudas sobre Danilo del City, como reemplazo de Danny Alves en el lateral derecho, y ciertas reservas sobre el funcionamiento combinado de los centrales Thiago Silva del PSG y Miranda del Inter, Brasil ha estado funcionando como una maquinaria, luciendo mejor que los otros candidatos gruesos, España, Alemania y Francia, todos ellos mejor valorados que Argentina.

El medio campo, que naufragó en la última Copa, reúne a un jugador tan mordedor y de proyección como es Casemiro del Real Madrid, junto con otro gladiador, Paulinho del Barcelona, y el talentoso Fernandinho del City; adelante Brasil dispone del material necesario para fabricar desequilibrio, profundizar y matar. Por la izquierda estará avanzando el excepcional Neymar, buscando una actuación cumbre, en el centro, el versátil y efectivo Gabriel de Jesus del City, y en la derecha, Coutinho del Barcelona, acostumbrado a adaptarse a diferentes tareas. Un gran equipo.