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En su palco, Vladimir Putin solo sonrió cuando en el minuto 12, Yuri Gazinskiy, golpeó con su cabeza hacia las redes árabes, ese centro colocado por Golovin adelantando a Rusia 1-0 en el inicio de esta Copa del Mundo.

Hasta ese momento, la inseguridad y falta de ideas era el común denominador entre los dos equipos. Peor Arabia eso sí, por no poder retener balones y dar la impresión de moverse entre la nada.

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En el cierre de juego, cuando en tiempo de compensación el estupendo remate zurdo de Cheryshev y el preciso arponazo de tiro libre realizado por Aleksandr Golovin, completaron la goleada 5-0, Putin terminó de estirar su sonrisa y sus ilusiones antes de levantarse de su butaca. 

El brillo de Golovin

Rusia había dado su primer paso al frente en este Mundial en busca de los octavos, esperando que esa diferencia mostrada en la pizarra, sea un certificado de confianza para crecer en rendimiento contra el Egipto de Salah y el Uruguay de Luis Suárez y Cavani.

Desde el 7-1 clavado por Italia a Estados Unidos en el Mundial de 1934 en una múltiple jornada, no se registraba una diferencia tan categórica al abrirse las puertas de una Copa como este 5-0 que levanta el voltaje del entusiasmo ruso, severamente golpeado después de no poder ganar ninguno de sus últimos siete juegos de preparación.

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No impresionó Rusia. Temerosa en inicio con dos bloques de cuatro atrás como si el avance enemigo fuera alemán o brasileño, no árabe, y con dificultades para salir por cualquier sector, aunque contando con el buen manejo y garantía de proyección de Golovin, quien aportó dos asistencias y un gol.

En el fondo, los rusos resolvían problemas por la alarmante falta de entendimiento de Arabia en sus intentos de avance, viendo al arquero ruso Akinfeed, tan distante, como si estuviera al otro lado de un océano. Las bolas llegaban a los defensas rusos sin ir a buscarlas como consecuencia de las reiteradas malas entregas de sus adversarios.

¿A qué juega Arabia?

Seguramente el propio Pizzi, entrenador de Arabia, no entendía lo que estaba viendo. Nada de futbol, todo confuso, oscuro. Después del gol abridor de Gazinskiy, Rusia comenzó a atreverse a tomar espacios y meterse al área.

El desconcierto árabe en su defensa saltaba a la vista, así como la inseguridad de su arquero. El segundo gol, en el minuto 43, fue logrado por Sheryshev, reemplazo del lesionado Dzagoev a los 24, recibiendo desde la derecha por gestión de Román Zobnin. Maniobrando, y disparando sobre la barrida al mismo tiempo de dos defensores árabes, Sheryshev amplió 2-0 frente a un equipo sin capacidad de respuesta.

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El partido se adormeció largo rato, hasta que Artem Dzyuba, quien había ingresado un minuto antes por Smolov, recibiendo por arriba después de un saque de banda, acertó un cabezazo hacia abajo que fue hasta el rincón de las redes estableciendo el 3-0 en los 71, sellando la victoria rusa. Los goles de Sheryshev y Golovin en tiempo de reposición, terminaron de desnudar a un equipo de futbol extraño, carente de entendimiento, sin profundidad y por supuesto sin convicción. ¿A qué juega Arabia? esa es una intriga que quedó flotando.