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Es extraño ver al argentino Lionel Messi, el mejor jugador del planeta y sus alrededores, sentado en el banquillo de los acusados, sin respuesta para tantos cuestionamientos después del doloroso empate 1-1 con Islandia, que podría tener consecuencias funestas, considerando que tanto Croacia como Nigeria, los equipos que completan el grupo, son rivales más exigentes.

A diferencia de Cristiano Ronaldo, el genio gaucho Messi no pudo levantar a su equipo y sacarlo del hoyo. El astro, moviéndose entre la nada, sin conseguir ser lo necesariamente incidente, se sintió destruido al fallar el penal que significaba la victoria en el minuto 64. En ese momento cumbre, lo que se esperaba de él era algo sencillo, que acertara desde los doce pasos, no una genialidad, ni que abrillantara ese intento con derecha desde el área de la desesperación cuando el juego estaba por terminar.

El astro argentino Leo Messi fallo un penal en Rusia 2018. AFP\END

 

Nunca creí que Argentina, aún con Messi, tenía forma y fondo para disputar esta Copa, como lo publiqué en mis enfoques previos. Fui más allá diciendo que ni con dos Messi, le veía posibilidad al equipo de Sampaoli, pese a las expectativas provocadas entre un periodismo tan capacitada como el argentino. No puede una selección con tantas pretensiones, ser tan dependiente de un jugador. Ni siquiera en los tiempos de Maradona, porque Brown, Valdano, Burruchaga, Ruggeri, Batista y Henrique, se mostraban de diferentes formas a la orilla del genio de la lámpara. Incluso en el gran avance de Diego serpenteando entre los ingleses sin perder la vista de la pelota, tenía a Valdano corriendo a prudente distancia, disponible para resolver. En la Argentina de 1978, la de Kempes, el técnico Menotti consiguió hacerla tan funcional como se requería después de perder con Italia.  

¿Cómo pudo Portugal ganar la Eurocopa con Cristiano golpeado en el banco? Pepe fue el mejor jugador del equipo en el torneo, en tanto Eder, con su gol en la prórroga, fue el héroe, y Quaresma resultó de enorme utilidad. Argentina pocas veces funciona como equipo, aunque tenga el balón, avance al campo enemigo y se acerque al área, o ingrese amenazante. Es un equipo que siempre está pendiente de Messi, y ayer frente al pequeño Islandia, el genio estuvo la mayor parte del tiempo embotellado. Retrocedió en busca de mayor contacto con la pelota y conseguir proyecciones, pero logró muy poco, casi nada. Se pensó que el excelente gol del Kuhn Agüero en el minuto 18, además de inyectar confianza, permitiría al equipo de Sampaoli establecerse y manejar las riendas con esa marcada superioridad en la posesión.

Islandia apretó tuercas

Islandia, atenta a las posibilidades de contragolpear como aquel Chelsea contra el Barcelona, sorprendió equilibrando 1-1 con remate de Finnbogason a los 22 minutos desequilibrando la defensa y aprovechado un despeje al centro de Caballero. Un equipo verdaderamente grande, reacciona a eso, como lo hizo España el día anterior. Argentina estuvo insistiendo y fabricó oportunidades, pero sin concretar, sin abrir espacios maniobrando, sin puntería al apretar el gatillo. Y entre la inseguridad, pases erráticos y pérdidas de pelota de un ansioso Messi, que se movía hacia todos lados, pero sin ser él. Islandia con dos líneas defensivas bien apretadas y mordedoras, mantuvo atornillados a los argentinos. Nadie se percató que entró Higuaín y que Dybala se hundía en el banco. 

Aunque Messi hubiese acertado el penal en el minuto 64 asegurando la victoria tan urgentemente necesaria, la impresión sobre Argentina como equipo, sería la misma. Lo único diferente, es que, pese a no haber cultivado méritos, no se hubiera sentado en el banquillo de los acusados, mirando a Cristiano en la cima de los elogios. A veces el futbol es así de cruel. En 1966, aun habiendo jugado lesionado, Brasil cuestionó a Pelé por no hacer milagros. Hace cuatro años, sin Messi, Argentina nunca hubiera llegado a la final, pero viéndolo naufragar ayer ¿quién se acuerda de eso o qué significado tiene ahora? Consciente de haber estado borroso, Messi decidió sentarse en el banquillo de los acusados. Una rareza.