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Aunque México está acostumbrado a los grandes sismos, estructurales y emocionales, ayer se quebró por la excitación que provocó esa victoria 1-0 sobre el coloso Alemania, tan estruendosa como aquellos rugidos del Vesubio, que sepultaron Pompeya y Herculano. No, de ninguna manera la pretensión de una quinta coronación está sepultada para Alemania. En 1954 cayeron ante Hungría y en 1974 frente a sus vecinos y compatriotas del otro lado del muro, Alemania Oriental.

En esas dos Copas, fueron Campeones. Sin embargo, su orgullo ha quedado herido en el inicio de este mundial ruso. Antes de saltar al terreno, México no parecía un rival capaz de alterar el sistema nervioso del gran favorito, y, por supuesto, no se le concedían posibilidades. Pero igual como le ocurrió a la Argentina de Maradona en 1990 ante Camerún y también a la Francia de Henry, Trezeguet y Thuram en el 2002 contra Senegal, el poderoso equipo germano, fue doblegado por el gol del pequeño, agitado, astuto, hábil e incontrolable Lozano.

Pese a desplegar todo su poder de fuego en los últimos 45 minutos con un bombardeo incesante y todo México atrás, incluyendo los candidatos a la presidencia, Alemania no pudo superar ese tranque y se rindió.

La estocada de “Chucky”

El primer tiempo realizado por México es para enmarcarlo. Cada uno de sus galvanizados jugadores parecían estar escalando a toda prisa las pirámides del sol y la luna. Incansables en todas las contraofensivas, controlados en sus proyecciones, precisos en los movimientos por los espacios vacíos, atormentando tanto a Kimmich por la derecha como Plattenhardt por la izquierda y obligando a que Ozil se ofreciera como apoyo cuando Hummels y Boateng no lograban retroceder con prontitud. Una y otra vez, la verticalidad azteca, con excesiva velocidad, fabricaba espacios y aseguraba manejo de la pelota.

Alemania perdió ante México en su debut en el mundial Rusia 2018. AFP\END

Y en el minuto 34, el estallido, tanto en la plaza del Obelisco como en la Minerva de Guadalajara y en todos los rincones de México: Lozano clava una estocada junto al poste derecho de Neuer.

Fue producto de una recuperación de pelota a base de agallas, y de inmediato, una proyección con clase. Ese largo trazado hacia “Chicharito” por el centro a quien no le molesta la presencia de Boateng y envía la diagonal, que Lozan
o intercepta por la izquierda, desequilibra a Ozil dentro del área con un quiebre magistral y queda en posición de tiro, apretando el gatillo. La pelota, zumbando entre arquero y poste, va hasta las redes. Las esperanzas de México se hinchan. Está adelante 1-0.

El éxito del tranque

Era difícil que el equipo azteca regresara del descanso con la misma intensidad, y en una de las primeras jugadas, buscando respiro hacia atrás, lo mostró. Tendría que dosificarse frente a la exuberante fortaleza física de los alemanes, capaces de mantener los pies sobre el acelerador en busca de oportunidades que se presentaron y se multiplicaron, exigiendo una cobertura casi completa de la defensa, y la mejor colocación posible de Ochoa, crecido desde antes del desvío milagroso que le hizo al cañonazo de Kroos, devuelto finalmente por el travesaño en el primer tiempo.

Las salidas del talentoso Vela y del incisivo Lozano, obedecieron precisamente a ese desgaste, pero “Chicharito” no estuvo en la soledad, porque Miguel Layún se encargó de sacar extras de sus reservas físicas para funcionar como factor de peligro. Pensé que Alemania tenía el tiempo, la capacidad para agobiar y el punch suficiente para nivelar y tomar ventaja.

El alemán Toni Kross sorprendido tras la derrota contra México.

Sin embargo, el molesto tranque estaba ahí y México resistió, no solo valientemente,sino sabiendo cerrar espacios, anticiparse y multiplicarse, con serenidad, confiando en que podían hacerlo frente a los intentos de Draxler, de Muller, de Werner y las habilitaciones de Kroos, hasta lograr el más grande resultado en un Mundial, este 1-0 sobre Alemania.