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Al filo de las 8.00 de la mañana, hora de Brasil, ya eran muchos los hinchas brasileños que se agrupaban en Alzirao, clásico punto de encuentro de aficionados de Río de Janeiro, ataviados con las más singulares indumentarias verde-amarillas, todos con una sonrisa y una esperanza en común: "hoy se gana".

Los más tempraneros se colocaron en las vallas cercanas a la pantalla gigante, en la que se proyectó el partido contra Costa Rica, con las manos cruzadas pidiendo por la victoria de su equipo al son de tambores y ritmos de samba, preludio de la fiesta que se avecinaba.

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A pesar de que el encuentro era a las 9.00 de la mañana y al regular comienzo de Brasil en el Mundial, los congregados en la calle Alzirao, situada en el barrio de Tijuca, no escatimaron en purpurina, estrambóticas vestimentas ni en cervezas para sobrellevar la tensión del partido, que no se resolvió hasta llegar al descuento.

Uno de ellos, el carioca Jose Giraldo que llevaba de un traje hecho de hojas, banderas brasileñas y balones, afirmó a EFE que esa es la forma de "apoyar para que el equipo logre lo máximo posible" además de "demostrar la irreverencia, el buen humor y el calor humano del pueblo carioca".

"Es un momento de liberación que necesitamos porque estamos pasando por momentos difíciles", debido a toda la violencia que nos rodea y ahora "es el momento de relajarnos", añadió.

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Esta idea de escapar de una realidad dura la compartió el joven Felipe Alves que expresó a EFE, minutos antes de que el balón echara a rodar, que "es un momento de alegría para el pueblo brasileño, el país ha vivido una crisis muy mala, nuestros políticos son unos ladrones y el fútbol es una forma de alegrar a la gente".

Brasil eliminó a Costa Rica del Mundial de Rusia 2018. Foto: EFE / END.El mes de Mundial, como el de Carnaval, es un período en el que los brasileños se disfrazan y salen a las calles a celebrar, lo que se incrementa con la pasional relación que el aficionado local tiene con el fútbol y su selección, no en vano los partidos del conjunto nacional paran las clases en colegios y universidades, cierran tiendas y posponen trabajos.

Una de las que no paró de trabajar fue la empleada del servicio municipal de limpieza, Sulemita Alexandrina, que con los colores de Brasil en las mejillas y con un aspirador industrial en la mano contó que, a pesar de que estos días tiene más trabajo por todo el movimiento en la calle, ella "adora el Mundial".

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"Es bonito ver el verde y el amarillo, al brasileño le gusta todo lo que le hace sentir buena energía, es un pueblo que abraza todo lo que le hace feliz", expresó Alexandrina, quien se mostró muy confiada con su jugador número 10, "tenemos a Neymar, ¿quién tiene a Neymar?, yo creo que vamos a ganar, hay que creer, el brasileño nunca desiste", añadió.

A medida que iba avanzando el encuentro en Rusia y el empate permanecía en el marcador, sumado al errático estreno 1-1 contra Suiza el pasado domingo, los aficionados de la Canarinha fueron mostrando un pequeño desánimo que acrecentó las manos apuntando al cielo y los ruegos apelando a la fe en su equipo.

"El primer juego fue complicado, el Mundial siempre lo es, pero tenemos confianza en que Brasil gane, vamos a traer esa Copa del Mundo, que es nuestra", exclamó Alves vestido con la camiseta de la selección cinco veces campeona del mundo.

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Con el gol de Philippe Coutinho en el descuento, cuando ya todos asumían el empate a cero, el júbilo estalló en los allí reunidos que empezaron a gritar y a lanzar cerveza al aire, al mismo tiempo que los bombos y la samba volvieron a sonar.

"El fútbol y apoyar a la selección es una costumbre que va pasando de padres a hijos", dijo el carioca Irineu Freitas, quien acudió a Alzirao con su mujer y tres hijas, la más pequeña de apenas un año, "venir aquí es una tradición de Río de Janeiro, yo vengo desde que era adolescente y ahora lo hago con mi familia", añadió,

Con el pitido final del colegiado en San Petersburgo, poco después de que el gol de Neymar levantara aún más el ánimo, llegó la celebración y locura, y es que "la fiesta es importante, el pueblo carioca necesita de estos momentos de relajamiento por la violencia, por la crisis... hoy nos olvidamos de los problemas, ya mañana será otra cosa", afirmó Giraldo.