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La garra charrúa, con un agregado de arte, le quitó la pequeña, pero punzante sonrisa que casi siempre muestra Putin. Después de dos resonantes victorias por 5-0 danzando alegremente en las noches de Arabia,

y el 3-1 clavado a los faraones de Egipto, Putin vio al equipo ruso tan pujante y próximo a lo destructivo, desarmado desde antes de la expulsión de Igor Smolnikov por segunda tarjeta amarilla en el minuto 38. Muy temprano, minuto 23, Rusia no solo estaba atrás 0-2, sino que parecía haber quemado los recursos y el brillo individual de algunos de sus hombres, que hicieron pensar podía caminar largo en esta Copa. Uruguay dio

la impresión de no querer abusar de la superioridad numérica retardando su posesión de pelota atrás y multiplicando a veces sus trazados rasantes sin mucha prisa por abrirse paso hacia el área enemiga.

Eso sí, siempre estuvo atento a sacar provecho de penetraciones, con Suárez, quien concretó el primer gol ejecutando un tiro libre violento y preciso por abajo, abriendo un surco hasta la orilla del poste izquierdo del

arquero Akinfeev en el minuto 10, con Cavani constantemente amenazante, y con las incursiones

de Betancurt y Laxalt. Fue un disparo de Laxalt, de volea a media altura desde fuera del área, que encontró un desfavorable en la pierna de Cheryshev en el minuto 23, facilitador del segundo gol charrúa.

Dominio charrúa y cierre de Cavani

En una situación tan incómoda como esa, con su temible centro delantero Artem Dzyuba esforzándose

al máximo buscando posiciones de tiro y descargando un cabezazo hacia abajo que se elevó sobre el travesaño, y Cheryshev luciendo desorientado hasta ser reemplazado a los 40 por Mario Fernández de mucha presencia no solo arriba, sino retrocediendo para traer balones, Rusia sin tirar la toalla, llegó a conseguir el funcionamiento requerido para evitar la subestimación y agitarse lo suficiente, aunque el control

de juego uruguayo era obvio.

Suárez malogró dos estupendas oportunidades, una en proyección individual, y otra precipitando una entrega a Cavani que entraba por la derecha libre de marca. Akinfeen que tuvo tiempo para mostrar su calidad, atajó un disparó cargado de peligro del “Cebolla” Rodríguez, y en el minuto 86, cuando las luces comenzaban a apagarse en la Arena Samara, una ocurrencia de Giorgan Arascaeta, el jugador del Cruzeiro brasileño, un lanzamiento curvo desde la esquina izquierda, que de no estar atento Akinfeev, casi se  convierte en un gol llamado “olímpico”… La posibilidad de la tercera estocada se mantenía flotando, y en el 90, se le presenta una gran opción a Godín, pero su cabezazo es rechazado por Akinfeev y rematado por

Cavani a quemarropa, inutilizando el cierre de Kudriashov, sellando el 3-0.

Hizo falta el orientador

Sin Golovin en la cancha como orientador, el movimiento hacia delante de Rusia se vio limitado. Cheryshev por la izquierda buscó como asociarse con Dzyuba, pero la torre Eiffel de los rusos terminó doblándose. Los mastines uruguayos, Godin, Coates y Cáceres, no lo perdieron de vista, pero Dzyuba fue insistente hasta el último instante. Como en esa batalla se disputaba el primer lugar del grupo A, no existía el menor interés por

saber cómo marchaba el duelo entre descartados Arabia-Egipto, ganado por los primeros 2-1. Clarificando muy temprano el juego con Rusia, el equipo uruguayo se dedicó a sacar provecho de todas las ventajas, sobre todo la salida de Smolnikov. La derrota golpea el entusiasmo de Rusia porque el primer rival con verdadero nivel de exigencia como es Uruguay, expone sus puntos vulnerables en las puertas de los octavos, etapa de vencer o morir en la cual se enfrentará a España, que si bien es cierto, casi es vencida por Marruecos, dispone de mejor armamento y juego más flexible que Uruguay. Ya veremos si Putin vuelve a sonreír.