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La selección de México, líder del grupo F con dos triunfos en sus dos partidos disputados, buscará certificar hoy en Ekaterimburgo su clasificación para los octavos del Mundial de Rusia, que obtendría, además, como primera mediante un empate que no le aseguraría nada a Suecia.

El equipo que dirige el colombiano Juan Carlos Osorio quiere confirmar su gran arranque en el torneo, tras sorprender a Alemania (0-1) en Moscú y doblegar a Corea del Sur (2-1) el sábado pasado en Rostov. Pero Suecia, que debutó ganando a los asiáticos (1-0, con gol de penalti de Andreas Grandqvist, gracias al VAR), se complicó la vida ese día cuando Alemania -rozando la eliminación- remontó el partido para vencerla (2-1) gracias a un gol de Toni Kroos en el 95.

El “Profesor” Osorio, tan querido por sus jugadores como duramente criticado en muchos sectores antes de arribar a Rusia, ha revertido la situación con enorme maestría. Tras tumbar a Alemania -actual campeona- con tanto de su estrella emergente, Hirving “Chucky” Lozano, y derrotar, con los de Carlos Vela -de penalti- y del “Chicharito” Hernández (que igualó el récord de cuatro goles en Mundiales del “Matador” Luis Hernández, a Corea, la afición mexicana acabó coreando su nombre el sábado en Rostov.

Ahora el “Tri” mira bien de frente a la historia. Puede pasar ronda como líder de grupo en un Mundial por cuarta vez, pero si derrota a Suecia, será la primera vez que lo haga con un pleno de victorias. En México’70, el primer torneo que albergó, ganó dos partidos y empató otro, igual que en Corea y Japón 2002. En Estados Unidos’94 fue primera con triunfo, empate y derrota.

¿Hará rotaciones Osorio?

El técnico colombiano, auténtico estudioso y gran sicólogo, sabe que el éxito puede ser traicionero, e intentará mantener a todo el mundo alerta para evitar disgustos innecesarios en uno de los equipos de moda, del que se acaba de declarar hincha el mismísimo Diego Armando Maradona, uno de los mejores jugadores de la historia. Osorio es amigo de cambiar piezas en función de cada situación, por lo que no será de extrañar que contra Suecia se sucedan sus antes tan criticadas como ahora muy asumidas rotaciones. En un partido que se jugará en el Arena de Ekaterimburgo, un estadio construido en 1953, remozado para el Mundial y al que le han instalado unas curiosas gradas supletorias. En la sede más oriental del torneo, a 17 kilómetros de Asia. No muy lejos de los Urales.

México prefirió no afrontar su última práctica en el estadio -sí lo hicieron los suecos- este martes al no poder utilizar para la misma la extensión total del terreno de juego (unas lonas cubrían ambas áreas).

Si el “Tri” hizo añicos en el estadio Luzhniki la célebre frase del exdelantero internacional y ahora agudo comentarista inglés Gary Lineker, que vino a decir que el futbol es un deporte en el que se miden “once contra once y al final siempre gana Alemania”, a los suecos se les quedó grabada para siempre cuando Kroos anotó un tanto que desinfló de un plumazo la posibilidad de que un hipotético empate entre suecos y mexicanos les diera la clasificación a ambos.

La explosión de alegría de los de Joachim Löw tras el gol que los hizo resurgir de sus cenizas en Sochi enojó al técnico sueco, Janne Andersonn, y los alemanes acabaron disculpándose. Pero también es verdad que, tras la expulsión de Jerome Boateng, Suecia jugó con un hombre más durante casi un cuarto de hora y ni fue por el partido ni supo mantener el empate. Andersonn podría reflexionar.