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El estilo de Brasil es jugar suelto, confiar en los chispazos individuales, pisar el acelerador para desbordar, abrumar y desequilibrar. No siempre se logra juntar todo eso, pero este Brasil modelo 2018, cargado de “librepensadores”, acostumbrados a disentir sin perder de vista objetivos haciendo prevalecer sus habilidades, supo aguantar las embestidas de Serbia entre el minuto 57 y 65, intentando equilibrar el 0-1 adverso, y después del gol de Thiago Silva, un cabezazo al primer poste recibiendo un centro trazado por Neymar, ampliando 2-0, se dedicó a trabajar despreocupadamente aunque exhibiendo su gama de habilidades con Coutinho, por salir, Gabriel de Jesús, Felipe Luis temprano reemplazo del golpeado Marcelo, Casemiro, y resto de la banda de carnaval que escapa a los dibujos de la pizarra, para entregarse a sus raptos de inspiración, llenándose con un futbol alegre, con la pelota circulando sonriente y ejerciendo una gran presión.

Un rato de vendaval

Serbia es la contrafigura. Responde a la planificación previa. Se asienta bien en la contención, recupera pelotas, aprovecha superioridad numérica en el centro del campo y como es natural, intenta las conexiones aéreas.

Sin embargo, el arquero Allison siempre atento para puñetear por encima de las cabezas y la presencia de Thiago Silva y Miranda, neutralizaron la mayoría de penetraciones. Serbia se siente incómoda si es sacada del orden establecido, aunque supo ir a fondo por un buen rato manteniendo a la zaga brasileña contra las cuerdas, la falta de entendimiento y de efectividad para rematar en el último cuarto de cancha, lo hace improductivo.

Tuvo en sus pies varias posibilidades, la más viable, el remate de Rukavina desde la derecha en el minuto 60, y Mitrovic de cabeza, golpeando el rechazo apurado de Allison, devuelto oportunamente por Thiago Silva casi en la raya. Serbia se mantuvo encima, disparando desde cualquier posición, pero Brasil resistió, salió de la confusión y regresó a su juego elástico. 

El cierre de Neymar

El primer gol de Brasil en el minuto 35 fue tranquilizador. Una pelota metida por Coutinho entre dos hacia Paulinho, con tal exactitud, que el levante del pie derecho del atacante brasileño caracterizado más por su fiereza que por su arte, fue apropiado para empujar el balón a la red por encima del buen arquero Stojkovic.

La otra estocada, cabezazo de Thiago Silva en el 68, proporcionó la confianza para manejar ese futbol cadencioso, a ratos frenético, de carnaval, que Brasil domina tan bien, desarticulando al adversario.

Fue un gol que rompió emocionalmente a Serbia y le quitó adrenalina. El show de Neymar fue lo más vistoso en el cierre de juego. El astro buscó el gol de mil maneras y por todos lados. Casi lo consigue, pero entre el agobio, sobrevivieron los defensas serbios respaldados por Stojkovic… Al caer el telón, quedaban para el recuerdo las imágenes del alarde de habilidades de los brasileños que se verán las caras con México en octavos.