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Ellos no corren, zumban, realizan movimientos desconcertantes, se convierten en sombras y se pierden de vista. Los franceses Kylian Mbapeé y Antoine Griezmann, dan la impresión de ser fantasmales, pero eso no asusta a la endurecida defensa de Uruguay jefeada por dos mastines acostumbrados a no ceder ni un centímetro, y pelear todos los balones, Diego Godín y José María Giménez. Los artistas de Francia frente a los gladiadores charrúas. ¿Pueden imaginar algo más excitante que eso? Es el primer duelo que ofrecen los cuartos de final de esta enloquecedora Copa, en la que los mejores análisis, terminan deshilachados.

Hay intrigas encadenadas alrededor del mismo jugador: Edison Cavani, uno de los grandes factores en el ataque de Uruguay, víctima de un pequeño, pero dañino edema en el gemelo de su pierna izquierda. Se movió ayer, se atrevió no solo a pisar fuerte, sino a correr, y hasta entrenó con pelota diferenciada. No quiere perderse el juego más importante de Uruguay, en los últimos cuatro años, la posibilidad de avanzar a semifinales. ¿Podrá jugar Cavani? ¿Será alineado de inicio? ¿Estará en la forma requerida para esta batalla o representa un riesgo? Todo Uruguay cruza dedos.

Francia de menos a más

Francia no impresionó en la fase de grupos. Anotó  tres goles en tres juegos y fue decepcionante en el empate 0-0 con Dinamarca disputando el liderato. Hizo explosión con un futbol potente, directo, rápido y desorientador frente a la Argentina de Messi. El 4-3 es engañoso porque la diferencia fue superior y todos olvidaron que para vencer a Perú 1-0 y también a Australia 2-1, el equipo francés parecía estar buscándose a sí mismo. Contra Argentina, vimos un Mbapeé imparable y destructivo, muy bien acompañado por Griezmann, con el respaldo de Pogba y Matuidi.

En un solo juego, Francia mostró su dentadura completa y gama de habilidades, provocando una impresión extendida como llamarada. De pronto, Francia había conseguido ser el gigante previsto antes de ponerse en marcha la Copa. El gol de Pavard, el peligro de Giroud pese a su falta de puntería, la firmeza de Umtiti, el manejo de Pogba, esa inquietud amenazante de Matuidi, el futbol giratorio de Griezmann y la feroz agresividad de Mbapeé. Un equipazo, quizás casi tanto como el de 1998. Cierto, admitió tres goles por no saber administrar su superioridad.

¿Estará solo Suárez?

Vamos a la pregunta clave: ¿podrá el muro uruguayo resistir el empuje demoledor de Francia? A pesar de Cristiano, Portugal no alcanza la dimensión de la tropa de Deschamps, pero Uruguay también fue capaz de apagar el fuego de Rusia, que había marcado ocho goles en dos juegos. Martín Cáceres ha lucido muy bien, Sebastián Coates ha respondido, y la utilidad proporcionada por Betancurt, es indiscutible. Hay confianza atrás, pero si Cavani no está en condición plena, Luis Suárez lo va a extrañar mucho adelante. Contra Francia, imposible funcionar como lobo solitario.

¿Qué tanto se devalúa las posibilidades de Uruguay sin Cavani? Mucho, tanto como despreocupar a la zaga francesa y asegurarles mejores proyecciones a sus hombres en las arremetidas contra el muro. Queda la garra. ¿Suficiente para frustrar a un equipo que luce tan compacto? No, no se cree. Y es precisamente esa inseguridad sobre Cavani, lo que inclina decididamente la balanza de las consideraciones al lado de Francia, estirando diferencias que no eran tan amplias. Rusia pudo resistir a España, pero Francia es diferente, no se duerme tocando, va a directo y tiene hombres.