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Llegó avisando que aún no estaba al 100%, sufrió en el primer partido y salió llorando emocionado del segundo. Fue el héroe ante México, pero su pie ofuscado por el fantasma de la lesión no encontró el camino frente a Bélgica. Neymar se va por la puerta de atrás de este Mundial que no dejó de mirarle pero que nunca fue suyo.

Y no fue por falta de ganas. Por él había dejado plantados a sus millonarios jefes en París para que el médico de la Seleçao le operara en Brasil de la fisura que le rompió la temporada. Daba igual lo que quedara por el camino, la obsesión era Rusia y sacarse el dolor de 2014.

Se recluyó en su mansión del litoral de Rio, rodeado del país que tanto añoraba, para preparar la que soñaba como su guerra definitiva. Pero más de tres meses sin pisar el gramado es un lujo que no admite el competitivo futbol global, aunque se tengan 26 años y un físico privilegiado. 

No hay sitio para nadie en la élite, y menos cuando se aspira a una cumbre que desde hace una década solo le permite el acceso a dos superdotados como Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Y a ellos también les echaron de Rusia. 

Ya se le adivinaron las carencias a ‘Ney’ en el primer partido contra Suiza (1-1): le faltaba chispa al ‘menino’, y eso son pésimas noticias para alguien que basa su talento en la electricidad y el drible.  

Siempre acorralado 

Los helvéticos respondieron a su insistencia acribillándole a faltas y el jugador más caro del mundo salió de Rostov contrariado y de nuevo cojeando, mientras el mundo discutía su corte de pelo. No era así como había soñado su vuelta quien meses antes había tomado la osada decisión de cambiar el confort de Barcelona por el protagonismo indiscutible de París.

La presión volvía a apilarse sobre los hombros de este chico que lleva media vida en el disparadero que, cuando encontró su ansiado tanto contra Costa Rica, cayó fundido en lágrimas con todo planeta atónito.

Tenía sus razones, como no tardó en explicar vía Instagram. “Pocos saben lo que pasé para llegar hasta aquí. Hablar, hasta los papagayos hablan, ahora hacer... pocos hacen!”, escribió airado.

Ya sabía lo que era que todo un país que respira futbol pusiera sus 200 millones de esperanzas en él, y acabara mal. Ocurrió durante el Mundial-2014, cuando representó el deseo de un título que nunca vino. Se salvó de la quema por no estar en la semifinal perdida por 7-1 ante Alemania, convaleciente de la grave lesión de columna que sufrió ante Colombia.  Pero no de las heridas.  

“Sé que la gente está un poco nerviosa, pero nadie lo está más que yo, nadie está más ansioso por volver, y nadie tiene más miedo que yo”, confesó antes de comenzar el Mundial. 

Pero ante Bélgica solo consiguió calentarse tarde, como en todo este Mundial al que llegó como se fue del otro: recuperándose de una lesión, en el centro de Brasil, pero con la mitad de goles.