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¿Cuáles los mejores goles en una Copa del Mundo? Este es un tema por siempre discutible, excepto cuando se habla del mejor de todos, la “Mona Lisa” de los Mundiales, ese que dibujó magistralmente con una geometría asombrosamente desequilibrante y mortífera, Diego Armando Maradona en México 1986, frente a la firme, flexible e implacable defensa de Inglaterra el 22 de junio. “Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?” La narración televisiva de Víctor Hugo Morales hizo justicia -por su ingenio, emoción y ritmo- al mejor gol del siglo XX. Llegó un momento en que Víctor Hugo, de acuerdo al cassette que guardo en mi archivo con doble llave, atrapado por la fantasía, se quedó sin habla y solo atinó a decir, mientras Diego dejaba rivales inutilizados en el camino hacia la grandiosidad: “ta-ta-ta-ta-ta...Goooooooool. Increíble señores. Fue un gol de otro mundo.” 

¿Por qué el de kroos?

Ahora estamos en esta enloquecedora Copa del 2018 y la búsqueda del mejor gol hasta hoy, cuando solo faltan cuatro juegos, sigue siendo complicada y obviamente discutible, pero por el dramatismo del momento tratando de sacar del hoy al equipo alemán contra reloj frente a Suecia, considero ese tiro libre de Toni Kroos empatando el juego en el minuto 95, como el de la medalla de oro. Lo describí así: Kroos con esa sangre fría que proporciona seguridad cuando dispones de destreza, solo tocó el balón una yarda hacia Reus, quien lo detuvo con delicadeza colocándole la suela de su botín. Kroos se proyectó como ese gigante del ejército de los muertos en Juego de Tronos, soltó el latigazo con pierna derecha mientras rechinaba dientes y echaba humo. Con todas las esperanzas de Alemania viajando con la pelota, el vuelo fue de gavilán enfurecido. Juntar poder, curvatura y precisión, es muy difícil en un momento como ese. La pelota entró a la orilla de la mano derecha de Olsen y arañando poste y travesaño, ideal para una 
pintura surrealista de Dalí.

Tres en Portugal-España

Es una Copa extraña con récord de autogoles y de penales, no es cómodo elaborar un ranking de los mejores, así que prefiero mencionarlos sin orden de calidad ni de emotividad, solo concediéndoles la grandeza de su realización, ajustándome en algunos casos a los momentos en que fueron conseguidos. El juego España-Portugal me proporciona tres casos: el enorme grado de dificultad que debió resolver Diego Costa dentro del área, con un doble quiebre bajo presión para obtener posición de tiro y marcar; el taponazo de volea de Nacho que estremeció el planeta, y la joya de tiro libre de Cristiano robándole dos puntos a España, haciendo curvear el balón zumbante a la orilla de la barrera y metiéndolo rascando el poste derecho… Está el gol de Coutinho rescatando a Brasil contra Suiza, un zapatazo impresionante como estocada de mosquetero; el de Quaresma, el delantero portugués contra Irán, con derecha, inyectado de sutileza y poder suficiente; ese del inglés Lingard frente a la frágil y asustada defensa panameña desde 
fuera del área, un misil a la esquina superior derecha; el cañonazo de volea del francés Pavard contra Argentina, y la espectacular fuga de Mbappé con remate escalofriante en ese mismo juego.

Vaya, uno de Messi

Si hay algo que mencionar de Messi, es su gol contra Nigeria, recibiendo un trazo largo y fuerte de Banega, dominando el balón con su muslo izquierdo entre dos defensas, manejándolo sobre la caída, y rematando violento y preciso con derecha; el doble amague de Modric contra Argentina antes de golpear la pelota con derecha desplazándose hacia el centro, clavándola en la escuadra alta, a la izquierda del arquero; y qué decir del cañonazo zurdo impresionante de Ángel Di María contra Francia, dejando a la multitud con las bocas abiertas levantándose de las butacas; o del gol transoceánico de Uruguay con Cavani desde la derecha cruzando a Suárez al otro extremo, dominio con el pecho, caía del balón y envío largo en el vecindario del área chica del arquero de Portugal Rui Costa, sin poder evitar el cabezazo letal de Cavani, culminando un trabajo de alta geometría. Hay más, por supuesto, el zurdazo de Cheryshev contra Arabia, ese cabezazo del también ruso Mario Fernández contra Croacia enviando el juego al alargue, 
cualquiera de los tres cabezazos del colombiano Yerry Mina; el derechazo del belga Mertens contra Panamá, el disparó de otro belga, Januzaj, de trazado agranda ojos, para derrotar a Inglaterra 1-0; y el cabezazo del inglés McGuire doblegando a la defensa de Suecia. Todos ellos, goles recordables que sobrevivirán al paso del tiempo.