•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El objetivo de Francia era ganar, no mostrar brillantez. Y es lo que hizo por 4-2, obviando un error no fatal de Lloris frente a Mandzukic, gol que no adquirió la importancia de una transfusión de sangre galvanizadora, porque a esa altura, minuto 68, ya todo estaba escrito. Fue un plan sencillo el de Francia: saber qué hacer con la pelota en su poder y, al mismo tiempo, impedir que los otros supieran qué hacer cuando la tuvieran, así que la diferencia del 66 al 34 por ciento, no tuviera significado.

Se observaba fácilmente que la defensa de Deschamps abría espacios, pero ni eso parecía preocuparle al equipo francés, manejando las dificultades con la frialdad del que sabe que vale más contragolpeando y que dispone de las armas para esa arremetidas mete miedo. Quitarle capacidad de progresión ofensiva a Luka Modric era esencial, pero sin multiplicar esfuerzos, sin sacarlos de la tarea impuesta en lo colectivo.

Mostrar la clase de sus valores individuales y exhibir su punch.  Y lo lograron saliendo a estirarse por las bandas. Aún con ese cuido de no perder de vista las proyecciones de Modric, el mejor gol del juego, el primero de Croacia, borrando ese molesto 0-1, nació de una apertura del excepcional centrocampista por la derecha, llegada de Vrsaljko a tiempo para el inicio de tres bombeos con cabezas, el descenso del balón picando ante Vida y la entrega de este a Perisic, quien se mostró por la frontal, con un ligero quiebre a su izquierda y letal zurdazo para el 1-1.  

. Frente a un equipo mejor armado, murió Croacia. EFE\END

Modric, en todos lados

Los equipos ganadores de Copas del Mundo, apenas ocho en total desde 1930, cuando el mundo era en blanco y negro, son recordados por la conquista no por su lucimiento. El Brasil inconmensurable de 1970 no tiene nada que ver con el de 1994, pero eso no importa. Este equipo francés no se vio fino, genial, ni astuto cerrando espacios, ni desequilibrante la mayor parte del tiempo cuando se volcaba, pero cada vez que salía, rugía, y fuerte. Sus proyecciones eran rápidas y de combinaciones precisas, con Mbappé por la derecha, Griezmann por el centro y la izquierda, y Pogba atrás, mirando a Kanté.

Eso funcionaba como motor de reloj suizo, aunque no silencioso sino fabricando ruido, como el de una caballería. Eran momentos en los que Croacia se veía desarmada, retrocediendo sin control. Solo cuando tienes una confianza absoluta en tus individualidades y capacidad para contragolpear es que no te muestras preocupado por los excesivos paseos de balón del enemigo, que realizó 440 pases buenos por 194 de Francia.

Uno veía a Modric como Máximo, ese gladiador interpretado por Rusell Crowe, batallando siempre sin importarle el tamaño de los retos, mostrándose para recibir y llevando la pelota hacia delante. Su escogencia como mejor jugador de esta Copa fue tan indiscutida como la coronación de Francia imponiendo el estilo de juego que utilizó con una disciplina férrea. 

¿Qué más pedirle a Francia?

Francia no alcanzó la calificación de “grandioso”, pero no hay manera de cuestionarlo como campeón, aun sin ganar todos sus juegos y ser uno de los protagonistas del turbio 0-0 con Dinamarca, un duelo para ser olvidado. No se puede dudar de la clase de sus jugadores y de su punch para golpear al adversario… Mbappé es una amenaza permanente, con o sin balón, un show que vale la pena ver, una clara selección como el mejor jugador joven de la Copa, con 19 años; Griezmann es incansable y muy difícil de parar. Su facilidad de movimientos, su velocidad y sus disparos desde las posiciones más incómodas, certifican su nivel de peligro; y está Pogba, difícilmente un agente secreto por lo fácil que se le puede detectar, pero con apariciones fantasmales abriendo surcos hacia el área, con una impetuosidad impresionante. Y cuando agregas la fatalidad a todo eso, no existe la mínima posibilidad de derrotar a Francia.

Digo fatalidad, porque el primer gol de Francia fue el autogol de Mandzukic y el segundo una mano involunta
ria de Perisic que, comprobada en la revisión, fue sentenciada como penal cobrado por Griezmann. Sobre los taponazos de Pogba en el minuto 58, con doble remate, y de Mbappé en el 64, solo se puede decir que fueron escalofriantes, destructivos. Reducida al gol de Perisic, atrás 4-1, Croacia supo aprovechar un exceso de confianza del arquero Lloris, para acercarse 4-2 en el 68, con las pretensiones de una proeza amordazada. El mérito francés no admite ser discutido. Frente a un equipo mejor armado, murió Croacia.