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Roncar es una acción habitual y cuando es simple, sin obstrucción respiratoria, ni ruidos escandalosos que provocan molestia a los demás, no pasa a más. Sin embargo, cuando es fuerte, permanente y provoca dificultad para respirar por la nariz, no es normal, en especial cuando de niños se trata.


Esta condición se  considera una deficiencia denominada “apnea del sueño” y consiste en respiraciones entrecortadas con cese completo del pasaje de aire por unos segundos, y el reingreso del aire acompañado de un sonido fuerte. En general, cuando esto ocurre, se observa que se hunde el pecho al esforzarse  por respirar. Las apneas del sueño no son normales y deben tratarse tanto en niños como en adultos.


En los menores de edad, suele producirse por el aumento del tamaño de las amígdalas o adenoides. Las primeras se encuentran detrás de la garganta y las segundas, detrás de la nariz, en el techo de la boca, y no pueden verse. Ambas están cerca de la entrada de los pasajes de la respiración donde reciben gérmenes provenientes del exterior, siendo su función filtrar esas bacterias y virus, lo que ocurre básicamente durante los primeros años de vida para disminuir al paso de los años.


Cuando hay un crecimiento en ambas áreas, ocurren irregularidades en la respiración que entre otros problemas, devienen en ronquidos. Usualmente el tratamiento es quirúrgico. En caso de las adenoides que no se ven a simple vista, es necesario realizar dos tipos de procedimientos, siendo uno de ellos de difícil tolerancia por lo que es aconsejable sólo para niños más grandes o en casos muy dudosos. Es importante saber que no todas las amígdalas grandes deben operarse. Este sólo se hace cuando hay obstrucción respiratoria durante el día o nocturna asociada con apnea del sueño. También es necesario cuando hay amigdalitis continua, aunque se tenga amígdalas pequeñas, en caso de que provoque infecciones frecuentes.


Otros factores que influyen son los dientes mal alineados o problemas congénitos de la lengua, factores que además están asociados con el dormir con la boca abierta, condición que también es importante evaluar con nuestro pediatra, especialmente si escucha algún sonido irregular o bien si su hijo o hija respira por la boca de forma permanente.


Cirugía correctiva
Hace algún tiempo se creía que operar de amígdalas y adenoides bajaba las defensas del cuerpo y la persona quedaba más propensa a infecciones, pero hoy se sabe que no existe ningún riesgo y la persona no se expone a episodios infecciosos. Incluso, niños con asma o sinusitis crónica y recurrente, han presentado mejoría después de una extracción de amígdalas. La edad para operar oscila entre los dos y diez años, y aunque las amígdalas no vuelven a crecer, existen casos en que quizá haya quedado un resto adenoideo y sí vuelven a salir, lo que suele darse en pacientes operados antes de los 2 años de vida.


Antes de una cirugía, es importante que los padres hayan evacuado todas las dudas sobre la intervención y se sientan relajados, ya que esto trasmitirá tranquilidad al pacientito el día de la cirugía. Para esto también ayuda explicarles que van a llegar a un quirófano y que se van a quedar dormidos al lado de papá y/o mamá por medio de un humito que le colocarán en la nariz y boca a través de una mascarilla, pero que una vez que despierten todo estará bien con su salud y eso es lo que importa.