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Julissa Ortiz, 26 años

Un programa de televisión llevó a Julissa Antonia Ortiz Fitoria a auto examinarse. A los 24 años fue detectada con cáncer de mama y amputada de la misma, pero dos años después ha vuelto a vivir el calvario: un tumor en su columna vertebral.

“Después de varias semanas autoexaminándome, me detecté una pelotita en mi mama derecha, recurrí al centro de salud de San Carlos, Río San Juan, de donde soy originaria para saber de qué se trataba y me dijeron que solo era una masa móvil, que podía ser operada y que era algo rápido, a pesar que nunca me dolía, sabía que no se trababa de algo bueno y decidí hacer una biopsia, 8 días después de ese resultado”, cuenta.

Y como todo diagnóstico de cáncer fue  devastador, recordó esta joven mujer y madre de una niña de dos años, quien se quejaba de un  fuerte dolor de espalda que no le permitía moverse mucho. “Me tomó por sorpresa la noticia, nunca pensé que esto me podía pasar a mí, pues como muchas jóvenes pequé en creer que esto solo a las adultas les aparecía”, expresó muy serena.

“Todo me parecía duro y terrible, pero junto a mi mamá busqué ayuda y lo logramos  a través de la Fundación Ortiz Gurdián”, pero para poder trasladarse a la capital tenía que madrugar más de lo normal y gastar un poco más de 300 córdobas de pasaje.

“El mundo se me vino encima cuando me informaron que tenían que cortarme la mama, pero con los tratamientos psicológicos y mi hija de por medio al igual que el apoyo incondicional de mi mamá saqué fuerzas de dónde ¡no sé! pero ¡saqué!”, agregó, mostrando aún su invalidez por ese dolor que desde hacía varios días la atormentaba.

 

María Nerssy Espinoza Cortez, 51 años

Pese a su reciente tratamiento de quimioterapia, se le podía percibir como una mujer serena y llena de optimismo, una vencedora. Para María Nerssy, cada sesión es un reto que logra superar en compañía de sus hijos.

“Hace un año me detectaron un carcinoma invasor de alto grado nuclear (cáncer invasivo en mi mama izquierda), noticia que llenó de miedo en primera instancia a mi hija mayor, a quien le leyeron mi diagnóstico vía telefónica, desvaneciéndome en lo peor, porque para mí, pensar en “cáncer es igual a muerte y muerte es igual a cáncer”, expresó con tristeza.

Cuenta que un día se levantó con un fuerte dolor y “ardor” en el pecho izquierdo, algo extraño jamás sentido, lo que fue un indicador para realizarse el autoexamen de mama a la hora del baño y lo que sintió confirmó su sospecha, pues se detectó una pelotita extraña,  que la llevó a  someterse a un chequeo, sin llegar a pensar que esos resultados harían sus días largos, sometiéndose a un calvario por más de un mes, pues los resultados los habían extraviado.

“Después de la noticia, todo fue más claro, tanto para mí y mi familia. El apoyo de mis seres queridos fue muy importante, eso permitió que el tratamiento fuera exitoso”, afirma.

Tras una primera cirugía el mal se replicó tres días después, esta vez en su mama derecha y fue detectado como Carcinoma Ductal Invasivo Masivo, “la angustia y el miedo volvieron a acentuarse en mi vida, y desde entonces lucho contra este cáncer”, dice decidida y promete no dejar la lucha.