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Hay buenas noticias para aquellos que tienen una predisposición genética a la obesidad. Un estudio científico presentado en marzo de 2012 por el Departamento de Nutrición de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, demostró que un estilo de vida sedentario, marcado por el hecho de ver televisión cuatro horas al día, aumenta la influencia de los genes sobre el tamaño de la cintura y hace subir en un 50% el índice de masa corporal, IMC, pero el efecto se puede reducir en un 50% si se camina a un ritmo constante durante una hora diaria.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, OMS, el sedentarismo es uno de los principales factores que pueden producir hipertensión, hiperglucemia, sobrepeso u obesidad y enfermedades cardiovasculares. Además, se le atribuyen 1,9 millones de muertes anuales. También menciona que se considera actividad física cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos (músculos estriados unidos al esqueleto, usados para facilitar el movimiento y mantener la unión hueso-articulación a través de su contracción), con el consiguiente consumo de energía. Esto incluye los deportes recreativos, el ejercicio programado y otras actividades, tales como jugar y caminar.   

La obesidad, así como sus enfermedades no transmisibles asociadas, es en gran parte prevenible. Según Mae Moreno, doctora y Máster en Nutrición Humana, la evidencia científica demuestra que la práctica constante de actividad física contribuye a disminuir el riesgo de padecer enfermedades  y es indispensable para el buen funcionamiento del cuerpo y de la mente. Además permite alcanzar un estilo de vida activo y saludable porque influye directamente en mantener un equilibrio calórico (el balance entre la ingesta y el gasto calórico).

“Para mantener un estilo de vida activo y saludable se deben practicar como mínimo 30 minutos diarios de actividad física con intensidad moderada, cinco veces a la semana. También es de suma importancia mantener una alimentación balanceada. Es posible comer sano y rico al mismo tiempo. Debemos recordar que no hay alimentos buenos o malos, solo dietas mal balanceadas. Lo esencial es alimentarse e hidratarse adecuadamente y realizar actividad física de forma regular”, afirmó la experta.

Obesidad y genética
* La obesidad es el resultado de la acumulación de grasa corporal como consecuencia de un desequilibrio energético (las calorías ingeridas superan a las calorías gastadas).
* Varios estudios han proporcionado pruebas científicas indirectas de que la obesidad tiene una base genética.
* Algunas pruebas surgen de estudios sobre la semejanza y las diferencias entre familiares, gemelos e hijos adoptados.  
* Según la hipótesis del “genotipo ahorrador”, los mismos genes que ayudaron a nuestros ancestros a sobrevivir hambrunas se ven ahora confrontados por ambientes en los cuales hay abundancia de alimentos durante todo el año.

Fuente:
Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades