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Los alimentos catalogados como integrales son carbohidratos y cereales que no han sido sometidos a procesamiento de tipo industrial, y por tanto, su configuración o estructura natural se conserva.

En nuestro país encontramos cereales como la avena, el arroz integral, harina de trigo integral para pan, galletas y tortillas de harina.

Los alimentos integrales se caracterizan por estar compuestos de tres elementos fundamentales:

Una envoltura fibrosa que corresponde a la cascarilla o salvado.

Una parte denominada germen en donde se encuentran los fitoquímicos, vitaminas minerales y antioxidantes.

Y el endosperma compuesto por hidratos de carbono y almidones.

Esto hace que dichos alimentos aporten a nuestro organismo beneficios que van más allá de la pérdida de peso y el bienestar digestivo.

El salvado o la fibra permite que den mayor sensación de plenitud y saciedad, hace que la digestión sea más lenta y por esto nuestro cuerpo los procesa con mayor eficacia, disminuyendo los niveles de azúcar, triglicéridos y colesterol; además, se convierten en energía fácilmente evitando los cúmulos de grasa. A nivel del colon esta fibra se hidrata dando mayor volumen a los desechos, y por esto mejoran el estreñimiento (dificultad o poca frecuencia en la defecación).

El germen de los productos integrales aporta hierro, selenio, zinc, calcio, complejo B y muchos otros fitoquímicos que son benéficos para nuestra salud. Una porción de pan blanco aporta ocho fitoquímicos mientras el pan integral aporta 800.

El endosperma o carbohidrato es el encargado de aportar energía para que nuestro organismo pueda funcionar adecuadamente.

El proceso industrial modifica los alimentos integrales quitándoles la fibra y el germen dejando solo el endosperma o carbohidrato; es decir, pierde dos de los componentes que a nuestro organismo le aportan mayor beneficio.

Los productos integrales aportan igual o un poco más de calorías que los alimentos procesados y refinados, pero el aporte nutritivo es mucho mayor por las fibras, minerales y compuestos vitamínicos que poseen.

La epidemia de obesidad, diabetes y el incremento de enfermedades cardiovasculares ha hecho que la industria alimentaria abuse del término “integral” para llamar la atención sobre ciertos productos.

En las etiquetas nutricionales encontramos cuantificada la cantidad de fibra dietética contenida en una porción de alimento. Esta debe ser mayor de cinco gramos por porción para decir que un alimento es alto en fibra. Y su estado debe ser lo más natural posible y menos procesado para catalogarlo como integral.

Cuando decidimos alimentarnos sanamente debemos entender que la prioridad no es bajar peso, es aportarle a nuestro organismo los nutrientes necesarios para que funcione y se desarrolle adecuadamente. Educar nuestro paladar y el de nuestros hijos al sabor y a la textura particular de los alimentos integrales es un gran reto que debemos asumir para estar más saludables. Nuestro organismo nos lo agradecerá.